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¿Qué hizo de malo Pablo Milanés en Miami?

¿Qué hizo de malo Pablo Milanés en Miami?

¿Qué hizo de malo Pablo Milanés en Miami?
septiembre 06
00:56 2011

Bueno, soy historiador. Me duele la historia de Cuba y mucho más que haya abogados falaces de un acontecer tan dramático como grotesco llamado revolución castrista, la ex-revolución cubana del 59. Me refiero a unas cartas abiertas que fueron al ring político de Miami suscritas por dos antípodas, un peso completo, el cantautor Pablo Milanés, reconocido internacionalmente por la excelencia de sus composiciones, y el otro, un peso mosca, Edmundo García, controversial periodista de una emisora local, a quien se le considera un abogadillo de causas pro y neocastristas.

Pablito ha venido a Miami a cantar levantando una ventisca polémica, pues algunos no le perdonan que haya mantenido un perfil partisano proclamando que hay que mejorar desde adentro la revolución cubana, algo así como democratizarla, en vez de liquidarla. Otros lo toleran, como toleraba Voltaire en nombre del derecho. A su favor tiene plantar críticas disidentes al régimen en diversas tribunas fuera del país y condenar el salvajismo de la policía política castrista por perseguir y golpear a las valientes mujeres opositoras, las Damas de Blanco. Imagino lo difícil que le es a Pablo ser “políticamente correcto” en un medio donde sigue vigente aquel bodrio “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, proclamado por Castro cuando comenzaba a apretar las tuercas estalinistas a los intelectuales con voz propia.

Pero así las cosas, Pablo de vez en cuando dice lo que piensa y, aunque parezca un oportunismo –el “hombre nuevo” tiene doble moral, dicen–, lo cierto es que las repercusiones de lo que afirma deben molestar al think tank Big Brother de la castrocracia veterana en la isla, en estos tiempos de tanto temor a las chispas tipo “Maleconazo”, Egipto, Libia y Siria.

Por decir lo que piensa y por hacer lo que hizo en Miami, ser cantor de opinión propia en vez de carnero ideológico; por hablar en Radio y TV Martí y reunirse con Carlos Alberto Montaner (agente de la CIA para los voceros de Castro), quieren hacerlo picadillo, y he ahí que llame la atención la “respuesta necesaria” de Edmundo García, así como las fatuidades capciosas que salen de Cuba llenas de alarma y desdén por la actitud de uno de los suyos, al que ya están acusando de “desviado ideológico”. Valga que a estas alturas no pueden meterle un mitin de repudio a Pablo como quisieran, ni despojarlo de sus merecidas glorias artísticas.

¿Qué hizo de malo Pablo? En su “Carta abierta a Edmundo García” pone en entredicho la credibilidad de García con un arma insólita que no toleran los castristas: la independencia de criterio, el juicio objetivo, no tener miedo. Tampoco enarboló las consignas antiimperialistas, anti-exilio y pro-socialismo o muerte que se les exige a los que reciben el plácet para presentar arte extraterritorial. Desde luego, el gallo fino Pablo Milanés no es la chusma Van Van ni el fidelista talibán Silvio Rodríguez. Pablo es Pablo sui géneris, aunque huela a hijo de la revolución. Por eso Edmundo se mortifica, porque el cantante no denunció el “criminal bloqueo” impuesto a Cuba por EE.UU. ni se pronunció por la libertad de los cinco espías de Castro encausados en tribunales norteamericanos.

Bueno, este Edmundo tiene cara dura. Quiere que Pablo sea como él. No, compadre, métele cacumen. El capitalismo no hizo a Celia Cruz, fue su carisma y voz, como tampoco el proyecto cultural de la revolución hizo a Pablo, te pasaste al minimizarlo, fue su talento, el que desafortunadamente ha sido manipulado por  la mediocre clase política verdeolivo de la isla, pero ya no más. Pablo quiere ser libre.

Como ser pensante y sensible, Pablo debe estar harto de falacias y vejestorios de Guerra Fría. Seguramente estaría más propenso en su momento a pedir el cese del bloqueo de la dictadura a sus ciudadanos y, desde luego, no va a venir al país que lo invitó a hacerle el juego al maquiavelismo castrista respecto a los cinco espías (¿quién los mandó a espiar?) cuando en su país un régimen encaramado en el destino nacional por más de medio siglo ha despojado de libertad y derechos al pueblo y practica cada día el “fascismo corriente” contra pacíficos opositores. Pablo sin dudas es de izquierdas –como él mismo lo ha declarado–, pero no está ciego ni tiene alma de peón cortesano. Hay algo que lo hace criticar y disentir, ese algo que lo diferencia del noqueado peso mosca: es un legítimo artista que se duele por lo mal hecho y está claro que quiere un cambio democrático para Cuba.

Obras Mis Letras, Inc.

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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