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Irán, el fundamentalismo en el poder

Irán, el fundamentalismo en el poder

mayo 23
04:58 2011

1-Jomeini_saludaCon la revolución iraní de 1979 el fundamentalismo ascendió al poder por primera vez, para años después representar una considerable fuerza en todo el Oriente Medio y el Magreb, en los cuales las organizaciones fundamentalistas y sus militantes, que estaban fuera de la ley, lograron el reconocimiento.

El ayatolá Jomeini afectó a una comunidad que se interrogaba sobre su identidad y su lugar en el mundo. Los islamistas iraníes mostraron con rapidez su hostilidad a la intervención occidental en su mundo y a la existencia del Estado de Israel.

Con el ayatolá Jomeini el chiísmo abandonó su abstención política tradicional y empezó su emancipación, pero muy vinculada al  nacionalismo iraní, que se remontaba a las iniciativas del ex primer ministro Mossadegh.

El ayatolá Jomeini se transformó en el símbolo de las raíces espirituales y del poder político islámico que rechazaba los valores occidentales. La asonada chiíta y el fiasco del rescate militar de Estados Unidos se juzgó como un triunfo sobre Occidente, confirmó a los ojos ortodoxos un Washington indeciso –Carter en el poder–, y llenó de orgullo a las masas islámicas. No sólo se perturbó la ecuación estratégica de seguridad regional, que fue lo más visible, sino que en las filas del militantismo se precipitó una nueva y amplia diversidad de agrupamientos políticos.

Inmediatamente que afianzó su poder, Jomeini aniquiló a la izquierda islámica, impidiendo así cualquier punto de vista disidente. A principios de 1983, los dirigentes del partido comunista Tudesh confesaron en la televisión que eran espías soviéticos y reconocieron la superioridad del Islam respecto al marxismo, en medio de un espectáculo que recordaba los procesos de Moscú.

La República Islámica gobierna en nombre de los desheredados muertos por la patria (principalmente en la guerra contra Irak) y dignos émulos del imán Hussein. Pero estos jóvenes desheredados ya no están presentes como fuerza política organizada, lo que permite que se hable en su nombre y en su lugar.

El nuevo régimen se vio, sin embargo, obligado a tomar medidas. En primer lugar, el uso del velo y del “atuendo islámico completo” fue declarado obligatorio por la ley en abril de 1983, justo después de que fueran aplastados los últimos movimientos de izquierda. En segundo lugar, se pusieron en marcha mecanismos de asignación de recursos materiales y simbólicos para conseguir la adhesión de esta juventud urbana pobre que había hecho la revolución y había dado su vida en el frente iraquí: las familias de los mártires pudieron enviar a sus hijos a la universidad sin pasar ningún examen, obtuvieron numerosas becas, viviendas, alimentos subvencionados, etc.

Pero en el sentido estricto la revolución islámica despertó desde el primer momento una amplia simpatía entre los oponentes a los regímenes autoritarios del conjunto del mundo árabe. Los poderes establecidos intentaban tomar precauciones contra reivindicaciones sociales que, apropiándose del vocabulario del Islam, pudieran aglutinar el descontento y derrocarles. El ejemplo del sha fue objeto de reflexión e incitó a la mayor parte de los regímenes en el poder en el mundo musulmán a manifestar una religiosidad ostentosa de buena ley, para evitar el destino de un monarca que no disimulaba su desprecio por los “hombres vestidos de negro”.

A partir de 1979 se trazaron dos estrategias opuestas de dominio de este mundo islámico dinamizado por la revolución iraní. La primera, procedente de Teherán, intentaba sustituir la supremacía saudita por el magisterio de Jomeini. Se esforzó en hacer desaparecer su especificad chiíta para ser mejor aceptada en un mundo musulmán, en el que los sunitas representaban el 80%, y en hacer mella prioritariamente en los jóvenes intelectuales islamistas pertenecientes a las franjas más radicales. La otra, a partir del centro saudita, movilizó al conjunto del sistema de propagación del Islam construido alrededor de la Liga Islámica Mundial y de la Organización de la Conferencia Islámica a lo largo de la última década para contener el empuje jomeinista.

 

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