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Islam y esclavitud

Islam y esclavitud

diciembre 17
18:00 2012

coranComo es conocido por los especialistas de la materia, el espacio dominado por el Islam tuvo un lugar destacado en la organización, cauce y destino de las víctimas del terrible azote de la esclavitud. Desde su expansión a todo lo largo del norte de África en el siglo VII de nuestra era, la práctica esclavista, regulada y especificada por su libro sagrado, el Qur´an (Corán), dio el marco moral suficiente para que primero la guerra santa de conquista, y con posterioridad el comercio, nutrieran de millones de esclavos los mercados asiáticos.

El Libro Sagrado de los musulmanes reconoce la desigualdad básica entre amo y esclavo y los derechos del primero sobre el segundo, calificando a las víctimas de la tropelía como ma malakat aymanukum (“aquello que poseen sus manos derechas”). Al respecto, el historiador Adb Brunchswig, en su Enciclopedia del Islam, afirma que desde una perspectiva espiritual “el esclavo posee el mismo valor que el hombre libre, y la misma eternidad en la salvaguarda de su alma; es en la vida de este mundo donde al faltarle la emancipación queda el hecho de su estatus inferior, al cual debe resignarse piadosamente” (Ver también el Corán 30: 28). Mas esa manera de ver las cosas no corresponde sólo al remoto pasado islámico. En el presente, eruditos  musulmanes contemporáneos como Syed Qutb, Muhammad Qutb, Mawlana Mawdudi y Shiekh Taqiuddin al-Nabhani de manera abierta justifican y sacralizan esa visión histórica bajo la ley islámica.

En los versículos dictados por Ala, el Profeta Mahoma no compulsaba sino que recomendaba tratar con piedad a los esclavos, calificando el hecho de liberarlos de sus cadenas como acto supremo de virtud del amo creyente. Pese a que declarara “No hay superioridad de un árabe sobre otro no-árabe y de un no-árabe sobre un árabe, ni del blanco sobre el negro ni del negro sobre el blanco, salvo en la piedad”, la práctica de los hombres condujo sus iluminadas palabras por otros vericuetos. El Corán prohíbe esclavizar a todo aquel nacido musulmán, más sí  combatir, reducir y someter a servidumbre a cualquier enemigo de la fe vencido en la guerra santa, aunque nada cambiaba en su situación servil el hecho que luego se convirtiera a la fe de sus captores.  El Libro Sagrado también da como bueno que el hijo de una esclava continuara en la misma condición de sus antecesores. Pese a ello, el resultado práctico de estas piadosas recomendaciones fue que a la larga se iba reduciendo el número de esclavos disponibles, compulsando a la sociedad a satisfacer sus necesidades de sometidos con la búsqueda incesante de nuevos candidatos en el enorme mundo de los Infieles. La muy poblada África, donde la esclavitud  y venta de seres humanos era la principal motivación económica desde mucho antes de la Hégira árabe en el continente, constituyó la primera gran fuente de suministro de los árabes.

Para ello, desde fecha tan temprana en la historia del Islam, como  el siglo IX, un teólogo musulmán, para colmo un afro-árabe nieto de un esclavo bantú,  Al-Jahiz, en su libro Kitab al- Bukhala (La avaricia y los avariciosos), asegura que: “Sabemos que los Zanj (así llamados los negros del África Oriental de cultura bantú) son los menos inteligentes y de menor discernimiento de la raza humana, y los menos capaces de comprender las consecuencias de sus acciones”.  Y otro escritor árabe medieval, Al-Muqaddasi, en  su Kitab al-Bad´ wah-tarikh  (Vol. IV), asegura que: “Y en lo que respecta a los Zanj, son gente de color negro, narices aplastadas, cabello peculiar y poco entendimiento o inteligencia”. Y el historiador egipcio del siglo XV, Al-Abshibi, aventuraba que: “Se dice que cuando el esclavo (negro) esta sin trabajar, sólo fornica, y que roba cuando tiene hambre”.   

Sin duda los antiguos sabios islámicos coincidieron en esa perspectiva y la sancionaron a favor en la práctica. Y como una de sus más terribles consecuencias, los cálculos estimados por los especialistas sobre el número de africanos que durante todo un milenio fueron esclavizados y desaparecieron en distantes mercados asiáticos oscila entre los 17 y 23 millones de víctimas.

Arrojados en masa a una travesía sin posible retorno, las modernas investigaciones históricas revelan que tuvieron por destino final lugares tan distantes de su continente como Pakistán, la India, China e Indonesia. Antiguos textos chinos mencionan que el embajador de Java se presentó ante el Emperador chino acompañado por dos Sen Chi (Zanj) esclavos como obsequio, y también citan a esclavos negros arribando a China provenientes del reino hindú de Sri Vijaya, en Java.

Conociendo toda esa enorme presencia africana hasta en los confines de Asia, llama la atención su escasa presencia en el presente de esos países. Un especialista en la materia como Bernard Lewis afirma que fueron cuatro razones fundamentales en las condiciones de esclavitud del mundo islámico las que impidieron su crecimiento poblacional:

1 – La castración masculina. Buena parte de los hombres eran emasculados para luego servir de eunucos en harenes y otras dependencias. El rigor de la mutilación y las pobres condiciones higiénicas del medio  provocaban, amen de impedir la propagación de sus genes, la muerte con atroces sufrimientos en la mayor parte de los casos.

2 – La liberación de esclavos utilizados como soldados. Los que ascendían de rango en algún momento eran liberados de la esclavitud.

3 – Las restricciones a la procreación. No era estimulado ni tolerado el matrimonio o apareamiento entre esclavos.

4 – El alto índice de muerte, sobre todo infantil, por razones de cambios de alimentación, normas de vida,  clima e infecciones para las cuales no tenían resistencia.

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