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Islam y Occidente: El choque de civilizaciones

Islam y Occidente: El choque de civilizaciones

mayo 02
02:35 2011

1-Revista_New_YorkerLas políticas de descolonización en el mundo musulmán terminaron como estrategias de des-occidentalización, acusando a las potencias europeas y Estados Unidos de constituir factores de alienación que separaban a los pueblos de sus raíces y tradiciones culturales.

Para los pensadores islámicos contemporáneos existe una barrera, por el momento infranqueable, que impide el diálogo entre ambas civilizaciones.


Por parte de Occidente: la islamofobia, el apoyo a Israel y el controvertido apoyo a las monarquías petroleras. Por parte del Islam: su diferendo árabe-israelí, su lucha a muerte contra el cristianismo, y el terrorismo anti-occidental, especialmente, anti-norteamericano.

No se puede afirmar que se ha perdido la confianza entre Occidente y el Islam, puesto que ella nunca existió, sobre todo cuando la libertad individual y la democracia no se consideran asimilables para la norma que deriva de la civilización coránica. Los islámicos plantean que la posibilidad de resolver esta situación reside en dar fin al conflicto de Palestina, pues mientras esto no ocurra ninguna idea de justicia que venga de Occidente será creíble. Pero ello no es lo único, ni siquiera lo más decisivo. El fondo del diferendo reside en lo diametralmente opuesto que son los valores que se derivan del credo coránico y del credo judeo-cristiano.

El cientista social norteamericano Samuel P. Huntington, autor del controversial libro “Choque de civilizaciones”, define la “cultura” a partir de la matriz religiosa, por eso cuando describe las culturas del planeta, en esencia está hablando de religión, y en el caso del cristianismo hace una distinción interna en países protestantes, países católicos y países ortodoxos. Y luego están el mundo musulmán y el universo budista; y por eso no puede descifrar al África negra, por la complejidad y fragmentación del elemento religioso. Sin embargo, este ensayista clasifica a China como una entidad resultante de la ética religiosa de Confucio, y luego lo repite con la cultura hindú, cuando enuncia que en el fondo conservamos la misma estructura de pensamiento, la idea de que las religiones expresan culturas distintas o que las culturas se basan en religiones disímiles, es decir, que existe un vínculo estrecho mecánico entre cultura y religión. Y, por supuesto que esta visión, válida para algunos casos, conlleva a ver a todas las manifestaciones del radicalismo islámico como consecuencia de un choque de culturas o civilizaciones.

El Islam se desarrolló como una fe religiosa con un gran anhelo de expansión política. Los alfanjes del Profeta conquistaron los imperios persa y bizantino, el norte de África, España y, por el este, sus jinetes llegaron hasta el río Indo. En los siglos que siguieron, el islamismo penetró más profundamente hasta la sabana sudanesa en África y hasta Malasia, Indonesia, Singapur y Filipinas en Asia. La querella entre la cristiandad y el islamismo parte de los propios orígenes del Islam, y es más o menos aguda dependiendo de las condiciones históricas.  La actitud del uno para con el otro está teñida por los conflictos y guerras que se inician desde el primer encontronazo con Bizancio y la conquista del África norte cristiana.

Sorprendida y atemorizada por la conquista islámica del ámbito Mediterráneo y por la pérdida de los lugares sagrados, la cristiandad medieval comenzó a peyorizar la figura de Mahoma, tildándole de alucinado en medio de una sociedad aberrante. Así, esta diabolización hallaría eco en la conocida obra de Tomas Carlyle “Los Héroes”.

La mayoría de los historiadores concluyen que la civilización musulmana quedó congelada en el tiempo para siempre, por ser incapaz de adoptar la modernización. Pero esta no es una visión nueva sino que fue proyectada también por el cristianismo en su lucha por auto-considerarse él y el mundo donde se asienta la expresión del único discurso universal. Para el indignado cristianismo, el Islam resultaba una de sus herejías y su antagonismo fue tan violento como el de los musulmanes, puesto que Roma no podía admitir otra nueva religión de pretensión universal.

Así, tenemos que ambas religiones, en sus encontronazos violentos, construyeron de su oponente una imagen unívoca y reductora de una religión diabólica, y en el caso del Islam en medio de una comarca atrasada y caprichosa, sin considerar las diversidades culturales y políticas. Este enfoque facilitó legitimar cualquier acción militar del cristianismo contra el mundo musulmán, y del islamismo contra el mundo cristiano.

Como expresó el escritor francés, André Gide, todo ya se ha dicho pero, como nadie escucha, hay que comenzar siempre de nuevo.

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