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Israel, Palestina y el conflicto en Oriente Medio

Israel, Palestina y el conflicto en Oriente Medio

abril 12
08:21 2012

1-0_passoverEl nudo del conflicto actual está en Israel. Desde hace mucho tiempo sabían los norteamericanos que un día u otro tendrían que acudir al llamado de los israelíes ante una posible agresión árabe. Cuando Nasser llevó tan lejos su actitud desafiante que le fue posible crear una República Árabe  Unida, la famosa RAU, cundió la alarma en Norteamérica. Muchos se referían  al líder egipcio comparándolo con Hitler y con Stalin, y se alertaba sobre una  posible acción bélica nasserista para apoderarse de Jordania, de Siria y de Iraq, países en los cuales tenía el egipcio fuertes “quintacolumnas” para borrar del mapa al Estado de Israel.

El temor a que se produjera una gran unión árabe era visible en todas partes, pero sobre todo en Israel, que desde 1948 tiene conciencia de que la política del sionismo (que no es lo mismo que el judaísmo) sólo puede sobrevivir en ese pequeño Estado cercado de enemigos si estos permanecen desunidos, si no obedecen a una voz, a un líder. Nasser parecía ser ese líder unificador, con el agravante de sus relaciones militares con la Unión Soviética, en una etapa de fuerte antioccidentalismo y antiamericanismo de esta potencia.

La revolución de Nasser se deshizo, y reapareció el divisionismo y aun el encono entre las naciones  árabes. Israel respiró en paz un tiempo, y luego de derrotar a Egipto en una guerra relámpago (facilitada porque Libia no había hecho su revolución pro árabe y antioccidental), que puso de relieve el alto nivel del armamento israelí, envalentonados los halcones judíos pusieron en práctica la tesis expansionista del sionismo, con lo cual desaparecieron las viejas estructuras de convivencia entre palestinos y judíos.

Roto el equilibrio tácito que mantenía en relativa paz a la zona, comenzó a hervir, hasta llegar a la ebullición, el peligroso volcán dormido. Las luchas intestinas en el Líbano dieron también alas al armamentismo israelí, y en contrapartida produjeron  el liderazgo, armado ahora, de Siria, apoyada por la Unión Soviética. La polarización clarísima y rotunda en que se vivía, con un mundo cómodamente dividido en dos puntos de influencia, dio gran confianza a Occidente. Se intervino en la lucha entre Iraq e Irán, prevaleciendo en definitiva la ayuda plena a Iraq frente a la tibia ayuda rusa a Irán, y frente a la indiferencia de los restantes países árabes. Olvidando que no es buena política armar demasiado a alguien que no es nuestro amigo por el hecho  de que es enemigo de un enemigo nuestro (porque si usted  alimenta a un tigre para que devore a un vecino, lo devora, sí, pero luego lo devora a usted), se le dio a Iraq todo lo que le permitiría derrotar a Irán. Y lo derrotó, pero quedó armado en forma que sorprendió a los técnicos occidentales.

Hay que ir al centro del problema, para que la llama no quede ardiendo bajo tierra. Es indispensable hacer lo que  en Colombia llaman “quitarle el piso al adversario”. En este caso, de lo que se trata es de obtener Occidente, por las buenas o por las malas, el restablecimiento de la paz entre los israelís y los palestinos.

Porque la solución no puede consistir en que Israel aumente la emigración  judía a su pequeño territorio, ensanchando éste a cuenta de los palestinos. Hay millones de judíos que ahora quieren  emigrar de Rusia y de otras naciones europeas, e Israel necesitaría tres o cuatro veces el territorio que ahora tiene, y que ya difiere tanto del que originalmente tuvo cuando la proclamación del Estado de Israel.

Arnold Toynbee, en su comentario al libro The Other Side of the Coin, de Alfred M. Lilienthal (un texto indispensable para  seguir  este tema), dijo: “I believe that  the future of Judaism  lies in the West –above all,  in the United States– and  not in Israel, and I also believe that Judaism has a future as a religion, not as a semi-political and ethnic community” (creo que  el futuro del judaísmo se encuentra en Occidente –sobre todo en los Estados Unidos- – y no en Israel, y también creo que el judaísmo tiene un gran futuro como religión, no como comunidad étnica y semi-política).

Israel no puede plantearse como proyecto de vida, como programa de su existencia, crecer a costa de ningún otro pueblo. Hoy es casi seguro que su Gran Guardaespaldas le evite el ataque  mortal de una nación árabe pero, ¿y mañana? Otra u otras naciones árabes pueden atacar, y atacarán si no se le da de una vez una solución justa y humana a un problema que nunca debieron plantear las víctimas de la monstruosa opresión de un hombre enloquecido, Adolfo Hitler.

Una versión más amplia de este artículo apareció en 1991. Cortesía El Blog de Montaner

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