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Joel James, una “filosofía cubana” sobre la muerte

Joel James, una “filosofía cubana” sobre la muerte

abril 11
02:17 2013

joel james libro“Para la filosofía –dice Bhagwa Shree Rajneesh en La alquimia suprema–, son muchos los problemas, infinitos. Para la religión solo existe un problema y ese problema es el hombre en sí mismo. No es que el hombre tenga problemas, sino que el hombre mismo es el problema”.

En este sentido, pareciera que en la obra de Joel James se tratan de resolver muchos problemas relacionados con el hombre, con su cultura, con lo social y político, pero no es así: en el fondo de la obra de Joel se oculta la resolución de un solo problema, el de la muerte en Cuba.

¿Por qué morimos sin saber por qué? En el camino, en el trayecto hacia la muerte (Joel asume aquí una máxima de Nietzsche) el hombre está incompleto. El hombre no es un ser todavía; tal y como es y se presenta ante la vida es un puente en el que descansa la ansiedad y la angustia (la cultura cubana se sujeta a un espacio reducido, a un punto, a un problema). Y este es el problema: que el hombre es un proyecto inconcluso e incompleto a ser resuelto en base a la religión.

En el hombre nada es real. De ahí las ficciones tremendas, las magistrales invenciones narrativas de Joel; de ahí también que su trabajo investigativo (su proyecto cultural) se centre en el estudio de los sistemas mágico-religiosos africanos y de la cultura popular en Cuba y el Caribe. Habrá de seguirse la división entre filosofía y religión para entender de qué se trata el proyecto caribeño de Joel James.

Cuando Joel James escribió, en unos de los ensayos más sobresalientes de su obra, El ser y la historia, estaba incurriendo lingüísticamente en un error conceptual y  semántico, pero no de contenido. La filosofía no puede ser ni cubana ni rusa (tal como tampoco la literatura), no se basa en una perspectiva geográfica, pero puede ser de corte antropológico e histórico, puede tener a propósito un tiempo. En este sentido del adjetivo “autóctono”, la filosofía y la literatura no existen, a no ser dentro de los límites del lenguaje. Desde mi punto de vista, lo que Joel desarrolló en base a un discurso, a un relato, no fue una filosofía a la vieja usanza, a lo Hegel, a lo puramente abstracto, sino una “ensayística filosófica” de corte antropológico sobre determinado sector de la realidad y la cultura cubana.

Sus cuentos y novelas, sus investigaciones sobre los sistemas mágico-religiosos, no pueden ser entendidos si no se comprenden bajo esta forma de elaboración escritural, filosófica-antropológica con miras a la religión. La obra de Joel comienza a destacarse con lo conocido, con lo palpable empíricamente, pero termina definitivamente en la religión, en el misterio, en lo incognoscible, en la ansiedad y angustia del hombre por “conocer” la muerte y trascenderla.

Sin que estuviera explícito, a flor de piel en su obra, la misión del pensamiento de Joel no fue otra que salvar a la filosofía de su muerte, protegerla del lenguaje abstracto. El giro antropológico que dio a su filosofía le permitió ensayar su obra desde una perspectiva abstracta, pero sin descuidar el elemento empírico y concreto de la realidad estudiada. Aun así, cuando su filosofía contiene elementos del trabajo antropológico, en ella predomina la muerte del lenguaje. En un ensayo capitular, La muerte en Cuba, se hace palmario que la muerte es un suceso del propio lenguaje. En su camino, en su trayecto hacia la muerte, el hombre carga con el lenguaje, con su angustia. Lenguaje y angustia son lo mismo. El lenguaje lo produce la filosofía, la angustia es palpable con la religión. Cuando se trunca el lenguaje acaba la ansiedad. El problema del hombre en cada época tiene su lenguaje, su estilo, su forma, sus metáforas e imaginerías. Cada época tiene su ansiedad. ¡La Revolución tiene un  lenguaje y un límite!

En este sentido, lo que terminaba para Joel no era un discurso o una escritura; lo que se cierra en los límites de un sistema de comprensión bajo el lenguaje es el ser humano mismo y su existencialidad. Asumir el lenguaje como una entidad corpórea y existencial fue uno de los componentes básicos de la filosofía de Joel. La entidad productora de pensamiento, de lenguaje, el sujeto pensante, por ética debe morir justo al cierre del lenguaje mismo.  ¿No es esta idea profundamente extremista?

Sí y no. No se trata aquí únicamente de elucubrar sobre el discurso en sí, sino de ir a las determinaciones comprensivas sobre ese discurso. No se trata de traicionar al lenguaje y su sistema de compresión, ni incluso de trascenderlo por ahora, sino de morir y desaparecer justo en el momento del cierre y agotamiento del lenguaje. A mi modo de ver, lo que ya había visto Joel James debajo de la urdimbre de relaciones sociales y culturales cubanas en las postrimerías del siglo XX y los primeros años del XXI (Joel muere de forma dramática en el 2006) fue el agotamiento del lenguaje patriótico-revolucionario, del discurso ideológico de  la historia de Cuba. Joel había diagnosticado el cierre sistémico de ese lenguaje, de esa ansiedad que muchos se resistirían a aceptar. Para Joel había concluido, usando una metáfora de Lezama, una “era imaginaria”.

Y lo más sorprendente y arriesgado de su manera de ver fue advertir que todo aquel que hubiera manejado y escapado al lenguaje y la ansiedad de su época se convertiría en un traidor, en tanto se traicionaba así mismo, en tanto eludía su propio problema ocultándolo con prebendas sociales. Por eso escribiría en los momentos más duros del “periodo especial” un ensayo sugestivo, Vergüenza contra dinero, que lo llevaría a desmitificar la corrupción administrativa del poder, cuyas fechorías se escudaban detrás del propio lenguaje revolucionario.

Pertenecer al “sistema de lenguaje” como un ente pensante y existencial hizo que Joel descubriera ciertas determinaciones ontológicas y antropológicas del discurso predominante en Cuba desde los inicios de la nacionalidad. Al creer en la filosofía como un sistema de vida y no puramente intelectual, apresuró una hipótesis que nadie aceptaría entonces por convicción existencialista. Nadie quiere morir a su tiempo. Y subrayo esta palabra “tiempo” para expresar con ella una categoría que Joel asumió a lo largo de sus investigaciones como eje central para contradecirse y atacarse a sí mismo, inmerso por supuesto en el callejón sin salida a que estuvo expuesto durante sus últimos días. El tiempo que no puede asirse y medirse, pero que se vive a través de la angustia y el peligro existencial. Se cuenta que en un intento por salvarse a sí mismo del cierre del lenguaje, apresuró la entrega de un ensayo a la imprenta. Se trataba de El ser y la historia, y dijo: sé que pocos lo entenderán; hagan una tirada simple de no más de cien ejemplares.

Este ensayo puede ser leído como resumen y base de su pensamiento rector, pero también como una liberación. Puede ser visto como una gran lucha en ese trayecto en el que anduvo por más de treinta años: buscando en la filosofía y descubriendo en la religión. Después de su muerte algunos siguen esta regla, este principio, pero solo en el orden intelectual. La tesis a la que Joel llega después de sus investigaciones es la siguiente, y puede ser leída  de manera subrepticia, en claves esotéricas, esencialmente en tres de sus obras cumbres: El ser y la historia, El altar del fuego y El palo monte y la brujería cubana:

–Hay en Cuba una filosofía autóctona sobre la muerte expresada únicamente en los sistemas mágico-religiosos afrocubanos y la cultura popular. Solo por convicción aquí se muere al cierre de estos sistemas de prácticas religiosas y culturales. Todo planteamiento fuera de este lenguaje, que tenga que ver con cualquier discurso ideosocial y político, hará resistencia a la muerte y se comportará intransigente ante su propio cierre.

La muerte de Joel James tiene que ser entendida como un acto consciente ante un cierre inevitable de la filosofía y como un paso de apertura hacia la religión. El cierre ante un lenguaje político-social y la apertura hacia una práctica religiosa. El cierre ante la angustia del lenguaje y el paso a la definitiva liberación. Lo que muere con Joel es una filosofía del lenguaje, el de las ideas del independentismo cubano. En la Nganga están relacionados todos los problemas de una cultura, de una familia y un pueblo, pero la Nganga por naturaleza expresa en sí misma, según Joel, un problema: el de que el hombre es un proyecto por completar, abierto a lo  incognoscible del mundo.

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