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Jorge Camacho: Pintor y alquimista

Jorge Camacho: Pintor y alquimista

Jorge Camacho: Pintor y alquimista
marzo 25
19:09 2014

Cuando Jorge cierra los ojos, él es quien ve.

Las aves dormidas derraman el oro en su sueño y el viento canta sobra la arena dorada. Bajo el sol del desierto se calcina el esqueleto del buey pero la serpiente sobrevive, sigue reptando entre las dunas, presurosa. El farol de la luna ilumina el camino, la flauta entona la melodía ausente.

Si Jorge pinta está buscando su mirada en la intemperie, duende que asciende en el espejo de un fuego inextinguible. Para él no hay regreso, rey de la tribu, ni máscaras que oculten el arcoíris que el árbol respira, behique, gurú de otros insomnios, brujo para el que la fruta es vapor y aire.

Sabe el pájaro  en su esqueleto que abre las alas al milagro que habita en el pecho del pintor como savia de noche y relámpago. Gira lenta la luz en el brillo del diamante. La flecha de Eros rescata la airada sonrisa de Minerva. La siesta es la hora de la seducción de la cigarra en Doñana. Oscila el espejo. Salta del azogue el espectro de una contradanza.

En medio de la madrugada Jorge enciende un tabaco. De la llama de ese consuelo nace el humo que es estalactita que el frío petrifica e incorpora a la forma de la sombra. Sabe del lento gotear del tiempo  disfrazado de luciente mandarín. Chamán que no ignora que toda verdad es indescifrable, todo cuerpo impalpable en la pureza del aliento. Poco a poco de su ojo insomne por ese otro fuego divino va recorriendo los súbitos reflejos nacarados del caracol ya fósil, la cetrería del vitral, la flor de las plantas enredadas en las verjas de hierro que conjuran en La Habana la soledad de la nostalgia de la nieve. En su mano la ceniza deja silenciosas nostalgias y cabelleras de rocío. El silencio y el humo del tabaco renacen en el holocausto de los dioses, sacrificio que la gracia de la luz invoca en la costa, frente al mar del Malecón, misterio que el origen de lo invisible oculta en el fondo de un bosque de presagios. Al amparo de lo sangrado lanza sus bocanadas que se clavan en círculos de luna. Aparece la imagen de un río y se pierde en follaje de otros desiertos. Como las sierpes del Tíbet un ciervo escapa en el furioso remolino que crece y destruye  el páramo insular que se aleja.

De esto es Jorge el último testigo, solitario navegante que sumerge sus pinceles en las olas de todos los naufragios. Así va rescatando oscuros placeres al olvido: un sombrío bulto puede ser don Quijote  entre caracolas con huellas de plata; árboles de espuelas bajo tres hogueras divinas; el hijo naciendo de la vagina de la tierra; un molino de navajas que gira entre las aguas alucinadas del delirio; la joya muerta de un animal insepulto; el ojo ciego y vidente del Tótem; alas de mariposas prisioneras en la clámide de una virgen;  el largo acorde que la araña teje en su red de miedo para que el fuego se abra en las páginas de un libro de nieblas.

Cuando Jorge abra sus ojos aún no despertará pero él es el que sabe, él es el que ve. Para entonces el unicornio con su única lágrima fija en el destino de la isla, alentando la sed de los coyotes y la interminable danza de la serpiente, pulsará su arpa en el enigma. Es la música que inunda el estupor del Señor de lo Infinito como la sabiduría risueña  e interminable del payaso estelar profetizando la magia del oro fundido con la fiebre, el dolor y el llanto de la espera.

Sobre el autor

Alberto Lauro

Alberto Lauro

Alberto Lauro (Holguín, 1959). Escritor, poeta y periodista. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana y por la Universidad Autónoma de Madrid. En Cuba colaboró desde muy joven en los medios de comunicación, hasta que su libro “Con la misma furia de la primavera” (1987) fue censurado. Publicó en la Isla dos poemarios para niños también premiados: “Los tesoros del duende” (1987) y “Acuarelas” (1989). Exiliado en España desde 1993, ha publicado, entre otros, los libros “Cuaderno de Antinoo” (1994) y “En brazos de Caín” (Premio Odisea de novela, 2004). En 2011 obtuvo el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza por su poemario "Hijo de mortales". Reside en Madrid.

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