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Jorge Olivera, en palabras del sobreviviente

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Jorge Olivera, en palabras del sobreviviente

Jorge Olivera y Nancy Alfaya en el V Festival Vista de Miami

Jorge Olivera, en palabras del sobreviviente
enero 23
13:14 2017

 

Jorge Olivera Castillo, presidente del Club de Escritores Independientes de Cuba (CEIC) y Premio Nacional de Literatura Independiente ‘Gastón Baquero’ (2014), es, sobre todo, un sobreviviente, un creador libre sobre el filo de la navaja del totalitarismo. Esto se refleja en su poesía, vívidamente coloquial; una escritura en la que la metáfora soporta el peso de la anécdota con naturalidad y nitidez: “Huelo a madera quemada / y el largo brazo de humo / amaga con un golpe / pero finalmente me acaricia”.

Olivera, quien actualmente se encuentra en Estados Unidos pasando una beca en la Universidad de Harvard junto a su esposa, y Dama de Blanco fundadora, Nancy Alfaya, presentó su poemario Quemar las naves (Neo Club Ediciones, 2016) en el V Festival Vista de Miami, en diciembre pasado. Durante su estancia en la ciudad, tuvo la gentileza de concedernos la siguiente entrevista:

Armando Añel: Presides el Club de Escritores Independientes de Cuba y fuiste uno de los primeros periodistas independientes en la década del 90 en la Isla. ¿Cómo comenzó todo? Háblanos un poco de tu experiencia como escritor independiente en Cuba…

Jorge Olivera Castillo: En marzo de 1993 mi vida cambió radicalmente. Después de pensarlo más de dos veces, decidí que era hora de hacer pública mi ruptura con el orden impuesto por el partido único desde 1959. Recuerdo que mi primera acción contestataria fue la transmisión de una denuncia a Radio Martí. Era el secretario de divulgación y propaganda de la Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). Mayo de 1995 es la fecha en que se articula el movimiento de periodistas independientes. Cuando esto ocurre decido abandonar la lucha sindical y dedicarme a una labor más afín a mi experiencia laboral. Entre 1983 y 1993, me había desempeñado como editor de la televisión oficial.

Recuerdo las vicisitudes para transmitir, vía telefónica, los textos que escribíamos en viejas máquinas de escribir, en mi caso una herrumbrosa Royal que parecía rescatada de un basural. A esto se añadían las interferencias y el acoso de la policía.

La agencia de prensa Havana Press fue una de las pioneras de este proyecto, en cuya nómina estuve hasta mi arresto y condena en la primavera de 2003. Desde 1999 fui el director. Esto acabó con el inédito golpe represivo, a todas luces ordenado por Fidel Castro. Un total de 75 opositores y activistas de la sociedad civil independiente dimos con nuestros huesos en la cárcel.

Pudiera parecer un intento de dramatizar la realidad, pero la compulsión por escribir cuentos y poemas me llegó estando en una celda de aislamiento en la prisión de Guantánamo. Siempre fui un lector voraz y en mi juventud había escrito algunas cosas sin la mayor trascendencia, pero definitivamente aquel encuentro con la soledad, los mosquitos, el hambre y la inmundicia, me estimularon a recrear un mundo paralelo con las herramientas literarias. Fue como encontrarme un gajo en el descenso hacia el abismo. El dolor sacudió mis neuronas de una manera muy especial.

En esas circunstancias surgió el escritor que en este momento se encuentra dándole los toques finales a su noveno libro. El Club de Escritores Independientes de Cuba se crea en abril de 2007. Fue una decisión colegiada entre varios colegas, Víctor Manuel Domínguez entre ellos, ante la necesidad de llenar un vacío. La cultura oficial ha estado a merced de la censura y la manipulación, por tanto era hora de crear una alternativa, pensada desde la integralidad, la inclusión y la libertad de crear sin previos condicionamientos.

Lo importante de todo esto es que, pese a los riesgos a enfrentar, no ha mermado la voluntad de seguir con los mismos empeños que nos impulsaron desde el comienzo. Estoy convencido que vale la pena el esfuerzo. Algo hemos logrado en medio de un escenario marcado por la hostilidad permanente por parte del régimen. Existir ya es suficiente para celebrar. Aunque el avance sigue siendo el fin principal.

AA: La academia en Estados Unidos y otros países occidentales suele ser en un considerable porciento de izquierdas e incluso simpatizar con el castrismo, con la llamada “revolución cubana”. ¿Cómo se materializó tu beca en Harvard y cuáles han sido tus impresiones iniciales alrededor de este intercambio?

JOC: Pues este es un programa cuyo comienzo data de 1999 en la Universidad de Chicago. Su propósito es brindar apoyo y protección a intelectuales y escritores en riesgo. Actualmente decenas de centros de estudios superiores de varios países participan en la iniciativa. Aparte de visibilizar su situación, las personas que son seleccionadas tienen la oportunidad de superarse y desarrollar su trabajo en un ambiente seguro y estimulante.

En mi caso, llego a este programa tras una propuesta del PEN de Inglaterra del cual soy miembro de honor desde que me encontraba cumpliendo prisión debido a mi desempeño como periodista independiente. Fui arrestado en la oleada represiva de la primavera de 2003 y condenado a 18 años de privación de libertad. La liberación se produjo en diciembre de 2004, mediante una Licencia Extrapenal por motivos de salud.

La beca en Harvard la había obtenido en el 2009, pero el gobierno de la Isla no me condecía el permiso de salida. El 12 de octubre del 2010, recibí la autorización de viajar al exterior con la condición de no regresar, algo que rechacé de plano. No fue hasta días antes de la visita del presidente Barack Obama a La Habana, en el 2016, que me fue concedido un permiso especial por una única vez para salir fuera de Cuba con carácter temporal.

Quiero decirte que es mi primera salida al exterior en mis 55 años de vida. Estar en los predios de Harvard ha sido una experiencia que jamás podré olvidar. Una oportunidad de dar a conocer mis vivencias como escritor y periodista independiente, además de interactuar con profesores de primerísimo nivel y alumnos ávidos de conocer los entresijos de la problemática cubana.

Desde el primer día me he sentido como en casa. Tolerancia, respeto y profesionalidad son distintivos de este gran imperio del saber enclavado en la bella ciudad de Cambridge. Sus bien dotadas bibliotecas y los miles de alumnos inmersos en el estudio de sus especialidades constituyen una gran inspiración para quien llega de un país dominado por fuerzas que se alimentan de la mediocridad y la desesperanza.

En Harvard hay espacio para todas las corrientes de opinión. He podido expresarme sin limitaciones y cuento con el tiempo suficiente para continuar desarrollando mi obra literaria sin el ojo avizor de los comisarios ni el peligro de ser la próxima víctima de un acto de repudio.

Aclaro que mi estancia en Massachussets es solo un paréntesis. Un breve respiro en la larga lucha por la democracia. Voy a regresar a Cuba.

AA: Precisamente, ¿cuáles son tus expectativas sobre el futuro inmediato de Cuba tras la derogación de la política ‘Pies secos, Pies mojados’, la muerte de Fidel Castro y el ascenso de Trump en Estados Unidos?

JOC: Me inclino por una versión pesimista, al menos a corto y mediano plazo. Esto lo digo en el sentido de que la dictadura ha logrado encontrar, una y otra vez, las claves de la supervivencia. Tengo la impresión de que este patrón va a repetirse, ahora con nuevos reacomodos y maquillajes que terminarán por sentar las bases de un capitalismo de Estado quizás con vestigios democráticos. Algo a medio camino entre la Rusia de Putin y la China de Xi Jinping.

Respecto a la derogación de la política “Pies secos, pies mojados”, no es suficiente para pensar en revueltas populares que presionen a la élite de poder, como piensan algunos. El control social de la policía sigue siendo milimétrico y ni hablar de los niveles de impunidad. El cubano promedio no perderá tiempo en maximizar su capacidad de adaptación fronteras adentro o insistir en la búsqueda de cómo viajar y quedarse en otros lares.

El tema Cuba hace mucho tiempo que no cotiza bien en el mercado de la geopolítica. Es un asunto de menor cuantía y por tanto sujeto a olvidos o repetición de pasividades. Está claro que las estadísticas de arrestos temporales y encarcelamientos son insuficientes para conmover a la opinión pública internacional en un mundo donde pululan las guerras fratricidas, los actos terroristas y otros desastres, donde la sangre y los muertos inundan los noticiarios.

Asimismo, la desaparición física de Fidel Castro fue un evento más en la historia nacional. Nada ocurrió más allá del sepelio faraónico. El modelo sigue intacto y al parecer, mientras Castro II esté en sus cabales y con vida, no se debe esperar mucho en cuanto a nuevas dinámicas aperturistas en la economía.

Donald Trump dijo que podría lograr un mejor acuerdo con la cúpula castrista. Hay que esperar por los detalles de esa pretendida negociación que favorecería al pueblo cubano y sobre todo a los activistas prodemocráticos. Es preciso tener en cuenta el espacio que puede haber entre los deseos y la realidad a la hora de diseñar políticas cuyo fin en este caso es favorecer los intereses nacionales de Estados Unidos.

La presión hacia el cambio vendría de las propias contradicciones en los estamentos de poder entre el ala más ortodoxa y los que apuestan por agilizar y ampliar el margen de las reformas, el desgaste de las instituciones y el aumento de los números rojos en los reportes económicos. Desde abajo es imposible la articulación de un movimiento masivo que ayude a deponer al gobierno. En el futuro esto pudiera ser factible, pero tendrían que confluir muchos factores, algunos de ellos más cercanos a la casualidad que a la causalidad.

Por otro lado, es preciso aclarar que las inversiones no garantizan la legitimación de los derechos fundamentales. En este mundo marcado por el relativismo el flujo de capital a menudo termina enajenando esas aspiraciones.

Frente a un contexto tan complejo, permanece latente la amenaza de que la democracia en Cuba nazca viciada por las circunstancias. Quisiera equivocarme en mis vaticinios, pero he elegido pensar a Cuba con los pies sobre la tierra.

AA: Por primera vez conoces Miami. Pasaste incluso la pasada temporada navideña aquí. ¿Qué te ha parecido la ciudad y el exilio cubano como alternativa sociocultural, nacional?

JOC: Definitivamente Miami no es la ciudad que el partido comunista cubano ha construido a golpe de manipulaciones y odios de todo tipo. Se trata de una urbe estéticamente fascinante y poblada en su mayoría por coterráneos que trabajan duro para ganarse el pan. Ninguna de mis impresiones encajó con los puntos de vista que todavía aparecen en la prensa y los noticiarios que se facturan en La Habana. Sin dudas es la capital del exilio y de todos esos cubanos que han sabido aprovechar las ventajas del capitalismo.

Políticamente es diversa y compleja, pero no al extremo de que sea considerada un sitio marcado por el fundamentalismo. Hay divergencias en cuanto a la forma de lidiar con el castrismo y, sin embargo, eso no es óbice para adjetivaciones tendenciosas que distan de reflejar una realidad fundamentada en particularidades históricas y culturales y que en nada afectan una convivencia que transcurre en franca normalidad.

Mi estancia en Miami fue una sucesión de reencuentros y sorpresas. A muchas personas solo las conocía a través del teléfono. Participar en el Festival Vista fue todo un acontecimiento que me develó la pasión por preservar nuestros valores literarios y artísticos más allá de los dolores del desarraigo.

Es sumamente importante que se hayan preservado las raíces a pesar de los avatares del tiempo y la distancia. Miami es parte de Cuba o viceversa. Somos un solo pueblo. Lo pude comprobar in situ.

Hay que continuar derribando los muros para reconstruir la nación sobre bases racionales. Con la ayuda de todos se puede. Basta disponerse a hacerlo. Hay tanto que hacer que cualquier esfuerzo por mínimo que sea es de gran valor. Por tanto, manos a la obra. Para luego es tarde.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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