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José Abreu Felippe, la libertad del camino

José Abreu Felippe, la libertad del camino

agosto 03
22:05 2011

1-abreu_disertaUno de los más importantes escritores cubanos del exilio, José Abreu Felippe, presenta novela este mes: El Instante. Se trata de una nueva propuesta de la Editorial Silueta, que el próximo 18 de agosto, a las 7:30 p.m., verá la luz en Havanafama Teatro Estudio (752 SW 10th Avenue, Miami, FL 33131).

Con El instante, Abreu Felippe concluye la publicación de su pentalogía El olvido y la calma: Barrio Azul (2008), Sabanalamar (2002), Siempre la lluvia (1994), que fuera finalista del concurso Letras de Oro 1993, El instante (2011) y Dile adiós a la Virgen (2003).

Denis Fortún. ¿Quién es José Abreu Felippe?

José Abreu Felippe. Nunca me he hecho esa pregunta. Pero supongo que es un tipo buena gente. Hace más de seis décadas que lo conozco y no hemos tenido ni un Sí ni un No.

DF. Tus novelas, poemas, dramaturgia… tu obra en general, ¿una enorme catarsis que no cesa?

JAF. No lo creo. Una catarsis, en el sentido griego, es una purificación de las pasiones por la contemplación del arte. En medicina se refiere a la eliminación de sustancias tóxicas para el organismo (¿tabaco, alcohol?) y en los medios culteranos se habla de la eliminación de recuerdos o ideas perturbadoras. Me temo que mi escritura no cae en ninguna de las tres categorías. Más bien he intentado retener los recuerdos, fijarlos, con la ilusoria obsesión de que perduren.

DF. ¿Por qué un libro de relatos como “Yo no soy vegetariano” (al que prefiero llamar “El Arrascapié”) no ha sido presentado aún? ¿Acaso es demasiado fuerte, al punto que temes asustar al lector puritano? De paso, cuéntame por qué le cambiaste el título y si hoy no te arrepientes de haberlo hecho.

JAF. No, en lo absoluto. Tengo otros libros que no he presentado nunca. Tres piezas, es un ejemplo reciente, para no ir más lejos. “Yo no soy vegetariano” es un divertimento que parte de la novela que acabo de publicar y que se presentará en unos días. Por eso se lee en la contratapa de “Yo no soy vegetariano”: “Nueve personajes de una novela inédita poseen algo en común: todos tuvieron en su juventud un encuentro sexual con un ser extraño, que los marcó para siempre”. En la novela salen esos personajes y participan, con El Arrascapié, en una simpática ceremonia de iniciación en el medio del mar. En la novela se menciona el nombre original del libro, Hechos del Arrascapié, e incluso aparece un cuento que no está recogido en “Yo no soy vegetariano”. Cada personaje y  cada cuento son metáforas temáticas: la religión, la guerra, etcétera. Yo me divertí mucho escribiéndolo. Obviamente prefiero “Yo no soy vegetariano como título”, es más cínico.

DF. La literatura homoerótica, gay, ¿continúa siendo una suerte de Cenicienta en las letras por tantos mojigatos, seudomoralistas u homofóbicos que todavía nos rodean hoy, o piensas que se trata de buen momento y, como aseguran algunos, ahora es el tiempo rosado de las letras?

JAF. No creo que exista nada llamado “literatura gay”. De la misma forma que no creo que exista una “literatura feminista”. La literatura es buena o mala. Cualquier intento de encasillamiento va en contra de la obra misma. ¿A alguien hoy en día se le ocurriría pensar que la Ilíada es literatura gay porque trata de la cólera de Aquiles ante la muerte de Patroclo?

DF. El teatro en Miami, ¿goza de buena salud o se trata de un empeño que desgasta enormemente y apenas si da frutos? ¿Faltan dramaturgos?

JAF. Yo pienso que sí, que goza de buena salud, a pesar del desdén de políticos y poderosos. Surgen nuevas salas, nuevos grupos y se presentan obras de calidad constantemente. Ahí están los infatigables Sandra y Ernesto y su Teatro en Miami Studio, que ya se están preparando para el segundo festival de teatro local, TEMFest2011; Juan Roca y Havanafama; Yoshvani Medina y ArtSpoken; Yvonne López Arenal y Akuara Teatro; más Avante, Prometeo, Abanico, Teatro 8, Trail, entre otros que harían muy larga la lista.

DF. Dime, ¿de todos los géneros en que te desenvuelves en la literatura (prácticamente todos) cuál prefieres, cuál te resulta más cómodo al instante de crear?

JAF. No tengo preferencias. Casi siempre cuando viene una idea lo hace acompañada de su forma. Uno se da cuenta si es un cuento, una obra de teatro, etcétera.

DF. Eres un escritor exigente, un crítico mordaz, por lo que incluso hay quienes temen escucharte. Con esa franqueza que te distingue y que yo disfruto, dame tu opinión de la literatura cubana en el exilio, cómo la ves dentro de unos años, y para ti cuáles son las voces (o letras) que podrían dignificarla.

JAF. La literatura cubana actual está en el exilio. La razón es muy sencilla: para escribir (y esto es válido para cualquier manifestación artística) se necesita libertad. Libertad para escribir lo que se desee, cómo se desee y cuándo se desee. Aquí tenemos la obra poética de Eddy Campa, de Esteban Luis Cárdenas, de Jorge Oliva, que perdurará. Esteban también escribió un cuento extraordinario, “Un café exquisito”. Hay excelentes prosistas como Manuel C. Díaz y Armando de Armas; Daína Chaviano y Zoé Valdés. Esto por nombrar sólo cuatro, la lista sería francamente interminable. Sin olvidar que aquí murieron Lydia Cabrera, Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo, Enrique Labrador Ruiz, Agustín Acosta, Reinaldo Arenas, Roberto Valero, René Ariza y un largo etcétera.

DF. ¿Consideras que existe un enfrentamiento real entre escritores de las dos orillas, o crees que la complicidad por las letras, el ser parte de un gremio y de una nacionalidad, favorece a un entendimiento menos traumático? ¿Perdonarías a aquellos que en su momento fueron apologistas de una dictadura? ¿Vale la pena la indulgencia con alguien que fue capaz de cantarle a un sistema como ese?

JAF. No creo que exista ningún enfrentamiento. Más bien una guerra de omisiones. Constantemente están llegando artistas de la isla de todos los géneros y se presentan y el que lo desea va a verlos. De aquí hacia allá sólo van los que tienen el visto bueno de la dictadura. Si no los quieren allá, no los dejan entrar y punto. Yo no soy nadie para perdonar o condenar. Les doy el mismo tratamiento que ellos me dan a mí: nos ignoramos mutua y cordialmente.

DF. “Habanera fue” la escribiste junto a tus hermanos Nicolás y Juan como un homenaje a la madre que se va definitivamente. Coméntame un poco de la experiencia y dime si te atreverías a repetirla.

JAF. Fue un proyecto difícil, doloroso, pero a la vez gratificante. Creo que valió la pena. No sé si repetiría esa experiencia. Creo que no.

DF. Hablar contigo de literatura, de Cuba, finalmente me remite a Reinaldo Arenas; algo que no puedo evitar, ni quiero. De los tres Abreu (Las Bronte como dicen que él gustaba de llamarlos en broma), ¿con quién se identificaba más Reinaldo o  se sentía más cómplice?

JAF. No lo sé y, lamentablemente, ya no se lo puedes preguntar a él. Yo era amigo suyo de muchos años y se lo presenté a mis hermanos.

Nosotros nos reuníamos en mi casa o en el Parque Lenin, a leer, a conversar, todos juntos. Y cada cual se relacionaba a su manera. Nicolás, por ejemplo, lo ayudó mucho cuando se mudó para el hotel Monserrate. Entre otras cosas le fabricó una buhardilla con falso techo y todo. También fue la única persona que tuvo el valor de presentarse como testigo de la defensa en el juicio a Arenas. Te imaginarás las consecuencias. A Juan y Reinaldo les gustaba salir de excursión o a pescar. Yo a veces lo recogía, cuando vivía cerca del Patricio y nos íbamos a caminar. Después nos sentábamos debajo de los pinos a leer. Ya en libertad, fue a la primera persona que me encontré en Madrid. Él llegó dos o tres días después que yo,  en su primera visita a Europa, y descubrimos Madrid juntos. También fuimos a lugares cercanos, Segovia, Toledo, El Escorial…

DF. Háblame de “El Instante”, novela que presentará Editorial Silueta el próximo 18 de agosto; de la pentalogía en general.

JAF. “El olvido y la calma”, que es el título de la pentalogía, es un proyecto en el cual llevo trabajando más de treinta años. Surgió, siendo yo un adolescente, leyendo el “Juan Cristóbal” de Rolland. Desde ese momento me entusiasmó la idea de escribir –o describir– la vida de un personaje –un escritor– desde su nacimiento hasta su muerte. Después la vida, mi propia vida, se encargó de ordenarme el horror, mi propio horror, y dulcificar o envenenar el aire a respirar. De delinear etapas y poner las cosas en su sitio.

Pero la idea de este ciclo de novelas sobrevivió. Cada una de ellas debía ser un coto cerrado, independiente de los demás, autosuficiente. Y todas debían de parecer también diferentes entre sí, en su forma y contenido, aunque repitiera al personaje –claro, en una etapa diferente de su vida y por lo tanto otra persona, pero cargando los mismos lastres, los mismos símbolos, los mismos círculos–, y el mismo mundo. La primera, “Barrio Azul”, se ocupa de la infancia y termina en 1958. La segunda, “Sabanalamar”, se centra en varios meses –de mayo a diciembre– de 1961 cuando Octavio, que es el personaje principal, tiene 14 años y participa en la Campaña de Alfabetización que se realizó ese año en Cuba. Es, entre otras cosas, el conocido encuentro de dos mundos, la ciudad y el campo, y el descubrimiento por parte del adolescente de sí mismo y de los círculos –y los símbolos– por donde deambularía su existencia. La tercera, “Siempre la lluvia”, va de 1965 a 1968, durante el Servicio Militar Obligatorio de Octavio y está, como las películas rusas de la época, dividida en Jornadas. Una jornada por cada año marcada por un espanto. El horror y la muerte señorean sobre cada una de ellas. La cuarta es “El instante”, que presentaremos el 18 de este mes, y transcurre entre 1971 y 1980. Octavio se enamora por primera vez en su vida y trata de nadar contra la corriente en medio de lo que ahora se ha dado en llamar el quinquenio gris (y después dicen que es imposible comprimir el tiempo). La novela termina con el asalto de 10,832 personas a la embajada de Perú en La Habana y su consecuencia, el éxodo del Mariel, donde la familia y su vida se rompen y se dispersan. Es una novela de amor que no tiene un final feliz.

“Dile adiós a la Virgen” es la novela que cierra el ciclo. Es el fin. Son los despojos de Octavio González Paula, Tavi, para sus íntimos, recogidos por su amigo Hugo que se niega a aceptar que su “maestro” fue un perdedor y se empeña en concluir la obra  de su vida, de darle un sentido a su razón de ser. Así “veinte años después” –un homenaje a Dumas, que alegró mi juventud–, en diciembre de 2003 –lo que hace que la novela, cuando se escribió, fuera “futurista”–, él también al borde del fin, tal vez como prueba de amor, se sienta a ordenar –a recomponer– la novela que recoge los casi cinco meses últimos de la vida de Octavio en Cuba. De agosto a diciembre de 1983. Mes por mes. Para ello utiliza el material que le dejó Octavio y su propia –y no muy sofisticada– inventiva remarcada, por ejemplo, en el uso excesivo de paréntesis, algunas palabras muletilla, “errores” y la intromisión de su mundo personal, de su tragedia íntima, en la del amigo. La última parte se ocupa de la estancia del personaje en Madrid y de su exilio definitivo en Miami, donde muere.

DF. ¿Cómo te imaginas a José Abreu Felippe de haberse quedado en Cuba?

JAF. Ahorcado.

DF. ¿El Mariel, lo mejor que pudo pasar?

JAF. El Mariel fue un horror más en la larga cadena de horrores y monstruosidades que ha padecido la nación cubana, gracias a la llamada revolución. El horror es el legado personal de Fidel Castro y sus cómplices.

DF. Cuba: ¿una cicatriz curtida por el tiempo o definitivamente una herida que no cierra? De poder, ¿volverías…?

JAF. Más bien una herida que no se cierra. Y la tristeza de ver cómo un energúmeno enloquecido y subnormal puso todo su empeño en destruir un país y lo consiguió. No se puede mencionar un solo logro en más de medio siglo. Bueno, tal vez el de sobrevivir a toda costa, mintiendo, engañando, mientras asolaba un país y humillaba a sus habitantes. Ahora, ¿volver? Te dejo con este poema de Cernuda:

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Miami, exilio, 4 de agosto de 2011

http://denisfortun.blogspot.com/

Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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