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José Luis Borja: La coartada

José Luis Borja: La coartada

marzo 06
05:00 2012

1-0_BorjaYa la orden fue dada. Que le disparen, que lo intimiden, y si es necesario que le den con todos los hierros, a él y a su entorno. Nuestro iracundo caudillo antes de partir para Cerdeña lo dejó todo listo. El flamante candidato de la oposición debe ser amedrentado a como dé lugar, disuadido de perseguir su objetivo de derrotar al Duce en las próximas elecciones presidenciales. Y para ello no se debe escatimar ningún esfuerzo. Es necesario desinflar la ola de optimismo que en estos momentos está propulsando a la oposición, a la mayoría de los ciudadanos del Véneto que aspiran a un cambio de rumbo.

Como en el mejor de los guiones, el Duce tiene la coartada perfecta, está enfermo, confinado en la habitación de un hospital sardo, a cientos de kilómetros de Venecia y aparentemente más preocupado por su salud que por otra cosa. Sin embargo, sigue estando al mando, sigue moviendo todos los hilos y tramando todos los movimientos. En sus apariciones televisivas, comparece bonachón, compungido, como si no hubiese roto un plato, como si fuese ajeno a toda violencia, a toda acción malévola. Sus guerrilleros cibernéticos invaden los foros en los cuales la mayoría opositora se reúne para opinar. La consigna de la fábrica de nubes para ellos es clara: mentir con aplomo, llegar a los confines del cinismo más puro,  ir más allá del caradurismo más ultrajante, exacerbar el odio, incitar a la violencia, y por supuesto, cuando las turbas violentas y  asalariadas del Duce ataquen a los manifestantes indefensos con toda clase de proyectiles, armas de fuego y objetos contundentes, negar rotundamente todas estas acciones y echarle la culpa a la oposición de todas estas fechorías. Ya ni siquiera se trata de lanzar la piedra y esconder la mano porque la impunidad es total.

Mientras tanto, en su lecho de enfermo, el Duce parece tan ajeno al mundanal ruido, tan inocente como el cordero que acaba de nacer, tan frágil, tan incapaz de cualquier maldad. ¡Se parece tanto al Papa!  Su coartada es perfecta. Sólo podemos asombrarnos de que a estas alturas del juego todavía tenga que esconderse detrás de una máscara. Los Venecianos cada vez le ven mejor las costuras, pero para la comunidad internacional, la que lo ve todo a través del lente de una cámara, el Duce no puede permitirse ser sí mismo, porque perdería el beneficio de la duda. Por eso le conviene disfrazarse de oveja y fingir que no es el autor intelectual de los planes más macabros. Los más simples de espíritu dirán que el caudillo no tiene la culpa, que sus subordinados lo engañan, que él no puede estar pendiente de todo, que bastante está haciendo, que ha sacrificado su salud por el bienestar del Véneto… Y lo absolverán de todo pecado.  

Sin embargo, no existe crimen perfecto, porque, aun en la isla prisión de Cerdeña, las paredes tienen oídos y en Venecia cada vez son más los que saben leer entre líneas. A buen entendedor pocas palabras bastan. Las del Duce nunca alcanzan para esconder su miedo a ser derrotado; las de sus ministros frente a un público cautivo y comprado son burdas y patéticas. La última palabra ya no le pertenece al Duce.  La perdió con esta coartada barata.

http://www.alexlib.com/cronicasvenecianas/index.htm

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