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José Luis Borja: La República del oprobio

José Luis Borja: La República del oprobio

marzo 09
05:06 2012

1-0_BorjaTarde o temprano, las aguas regresan a su cauce, se restablece el orden natural de las cosas y se enderezan los entuertos. No sabemos cuándo esto acontecerá en nuestra querida y sufrida Venecia; sólo tenemos la certeza de que sí ocurrirá y con alguna suerte antes de que nuestro tiempo, contenido entre dos puntos del espacio, llegue a su fin. Son tantas las injusticias que ocurren a diario bajo el gobierno del Duce que muchas veces terminamos por perder la cuenta, o por olvidar sus particularidades. Lo mismo le ocurre a nuestros hermanos de Cerdeña que llevan medio siglo bajo el control férreo del tirano. Las dictaduras suelen confundir silencio con olvido y creen que callando las voces y sofocando las noticias pueden perdurar en la infamia.

El Duce ha ridiculizado la Constitución de nuestra República. Ha violado reiteradamente  todos los artículos que se refieren a la independencia de los poderes, a la imparcialidad de las fuerzas armadas, al uso del erario publico para financiar el partido de gobierno, a la subordinación de los empleados públicos a una disciplina partidista. Ha convertido  al oprobio en el modus vivendi de nuestra República. Los venecianos que no están afiliados al partido del Duce han sido discriminados mediante una lista negra elaborada por un diputado que para su mala suerte fue visitado por la muerte tan pregonada en el eslogan del partido. Aquellos que han reclamado sus derechos han sido vejados y tildados de criminales, llegando en algunos casos a pagar con su vida. La huelga de hambre conlleva la muerte, ya sea por desaparición en algún hospital militar, o por sendas palizas propinadas por aquellos que no tienen madre.

A pesar de su enfermedad misteriosa, el Duce no tiene compasión con sus prisioneros. Prefiere que se queden enjaulados, como si fuesen unos pajaritos, y que aguarden la muerte, porque de ninguna manera quiere que reciban el cuidado médico adecuado para las dolencias causadas por su mísera vida en un calabozo. Y aun así se jacta de ser humanista y los artistas extranjeros que lo vienen a visitar exaltan su alta calidad humana. De tal palo, tal astilla, dice el proverbio. Qué lastima que en este caso el palo haya sido de gallinero.

El caudillo aglutina a su alrededor a todos los resentidos, los que nunca han logrado nada por sí mismos y envidian a aquellos que han hecho algo con su vida. Exacerba las diferencias sociales para sembrar y cultivar el odio, aquella arma tan perfecta que no vacilaba en utilizar aquel esbirro del tirano de Cerdeña, del cual sólo quiero recordar que tenía un nombre de tres letras, tan ínfimo como su persona y sin embargo elevado al estrellato por aquello que decía Ralf Waldo Emerson: la fama es la prueba de la credulidad de los pueblos.

Cuando cae la noche sobre Venecia también nace la esperanza de un nuevo día y de una República sin oprobio. Después de todo, nadie es inmortal, ni aquellos que escupen hacia el cielo.

http://www.alexlib.com/cronicasvenecianas/index.htm

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