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José Luis Borja: No tenemos para comer, compraremos armamento

José Luis Borja: No tenemos para comer, compraremos armamento

marzo 04
05:00 2012

1-0_BorjaEn Venecia, el torbellino incesante de las noticias tritura el pensamiento lógico. El Duce nos tiene confundidos con su discurso incoherente, en el cual las palabras cambian de sentido según las circunstancias. La guerra es la paz, la derrota es la victoria. Cada día que pasa, nuestro caudillo se parece más al Big Brother de George Orwell.  Cambia la historia a su antojo, sigue culpando a la República anterior del estado actual de desidia en el cual se encuentra nuestra querida Venecia, aunque durante estos largos años ha tenido el poder absoluto en todos los ámbitos, pero no lo ha usado para el bien del Véneto.

Se molesta cuando le hacen preguntas que ponen al descubierto la incapacidad patológica de su gobierno. Si quien pregunta es mujer, la somete a sus burdos insultos y otros ministros se le unen, mostrando la poca clase que tienen. Menos mal, no faltan mujeres valientes en Venecia, mujeres más valientes que nuestro Duce y todos sus ministros juntos que, aunque se esfuercen por demostrar su hombría, sólo saben darse golpes de pecho como lo hacen los gorilas para marcar su territorio. En el fondo los seres humanos no son muy diferentes de los simios. El Duce consigue votos regalando artefactos domésticos, becas para no estudiar y pensiones para no trabajar. Y muchos venecianos se dejan capturar, de la misma manera que se capturan a los monos. Es bien conocido el método del plátano que consiste en colocar esta deliciosa fruta en un hueco hecho en un tronco. El mono no puede sacar la mano si no suelta el plátano. Y ahí se queda, aferrado a él.  Como él, muchos electores sucumben a la trampa y se quedan, aferrados al Duce, creyendo que si pierde las elecciones, el próximo presidente no será tan generoso con ellos.

A nuestro caudillo le preocupan más las guerras imaginarias contra el execrado imperio  que erradicar el hambre y la miseria en el Véneto. Sueña con batallas y con victorias que le darán un sitial en la historia. Sin embargo, las únicas batallas que puede librar son contra manifestantes desarmados e indefensos. Recientemente elevó a gesta el fallido intento de golpe de estado que lo llevó al estrellato, gracias a la complicidad de una personalidad política que era experta en tirar la piedra y esconder la mano. Los generales del Duce, con el pecho tapizado de medallas de hojalata que les fueron otorgadas por asistencia, aseo y disciplina, más que por haber participado en alguna batalla, compiten para ganar puntos con su amo. Mientras tanto, en los cuarteles, a los soldados sólo se les da una cantidad limitada de balas, y de cada cinco, cuatro son de salva. En cuanto a los helicópteros y aviones de caza comprados al imperio de Escitia, tienen la mala costumbre de estrellarse con oficiales a bordo y tal vez no alcancen siquiera los confines de la República. Y aún con semejante ejército, el Duce ha pretendido declararle la guerra a nuestros vecinos de Trieste, apoyando a los sediciosos que desde casi medio siglo han sembrado la violencia en la hermana República.

En el fondo, el Duce es un militar frustrado porque el uniforme le queda grande y aunque luzca muchos galones, no está más capacitado que aquel cabo austríaco que se creyó estratega y llevó a Germania por el despeñadero. Emulando a este maestro siniestro, está llevando a Venecia por el mismo camino. Tal vez algún día a él también le toque probar un caramelo de cianuro. Mientras tanto, no tenemos para comer, y él sigue comprando armamento.

http://www.alexlib.com/cronicasvenecianas/index.htm

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