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El Universo y la naturaleza del espacio

El Universo y la naturaleza del espacio

octubre 23
16:13 2012

 

El Universo está compuesto de un 3 % de materia bariónica, y el restante 97 % es materia oscura. Para explicar su estabilidad se requiere una cantidad mayor de materia, la cual está perdida y por esa razón se la denomina materia oscura, uno de los grandes quebraderos de cabeza de la física teórica contemporánea. De no existir la materia oscura no existiría el Universo como lo conocemos, pues ella ha sido la responsable de formar las diversas estructuras estelares y galácticas; debe tener propiedades muy especiales, si bien desconocidas. Hay quienes la asocian con partículas elementales no descubiertas o con la posible existencia de partículas que provienen de cuantizar la gravedad.

Un universo estelar finito, dentro de un espacio infinito, o bien se condensa en una única masa gigantesca debido a la gravitación o bien se disipa gradualmente; y se disiparía porque, si la gravitación no logra producir la condensación, la radiación estelar y las propias estrellas se perderían en el espacio infinito y vacío, sin volver jamás a interaccionar con otros objetos de la naturaleza. Si el espacio fuese realmente infinito y contuviera un número infinito de estrellas y galaxias, el cielo nocturno sería un ascua de luz sin huecos oscuros entre las estrellas. Desde luego, podríamos explicar la oscuridad de la noche suponiendo que la luz de algunas de las galaxias distantes es absorbida en el camino o bien que la densidad galáctica se hace progresivamente menor según nos alejamos de nuestra posición actual, o bien que los espacios vacantes del cielo están ocupados por estrellas oscuras o galaxias invisibles. Pero todas esas suposiciones serían bastantes arbitrarias, porque nuestra actual experiencia nos indica lo opuesto.

¿Cuál es entonces la respuesta?

Una reflexión más profunda sobre el razonamiento subyacente a la deducción de esas paradojas revela que hicimos tácitamente una hipótesis acerca de la naturaleza del espacio: la de suponer que el espacio a gran escala es exactamente idéntico que el de pequeña escala, es decir, a ese tipo de espacio-continente del sentido común. En un lenguaje más técnico, hemos supuesto que posee las propiedades incluidas por Euclides en sus elementos mediante un proceso de deducción lógica. ¿Será que el espacio en su totalidad no concuerda con la construcción de Euclides?

Porque el proceso deductivo de Euclides es una maravilla tan perfecta que la geometría se tuvo durante siglos como la más segura de todas las ciencias. Por esta razón consideraba Platón que Dios debía ser un geómetra, y Hobbes contemplaba la geometría como “la única ciencia que Dios se ha complacido en donar a la humanidad hasta ahora”. No es de extrañar que el filósofo Baruch Spinoza recurriese a la geometría para suministrar un fundamento sólido a su ética, lo que hizo que su ejemplo fuese ampliamente imitado por otros hasta nuestros días, desde Newton en su Principia hasta Joseph Henry Woodger en su Axiomática de la biología.

Pero todo eso es historia antigua, sobre todo después del colapso de los conceptos newtonianos del espacio y del tiempo; tras él vino también la debacle de la idea newtoniana de masa como quantitas materiae, sea cual fuere tal significado. Es increíble que la desestimación de estas tautologías medievales se haya producido en las ciencias, mientras que el grueso de las ramas del saber socio-económico aún descansa en los teoremas newtonianos.

Dado que la cosmología moderna constituye, como nueva disciplina científica, una consecuencia de la reformulación einsteiniana de la teoría del espacio, el tiempo y la gravitación de Newton, es abrumadora la evidencia de que vivimos en un Universo que no está gobernado por las leyes deterministas clásicas. El tremendo desarrollo de las ciencias y entre ellas de la física, a partir de la relatividad einsteniana de 1905, ha reportado esta comprensión alternativa del no-localismo del Universo, demostrada empíricamente por el famoso “Teorema de Bell”. Los actuales debates sobre sus consecuencias nos pueden llevar a un juicio diferente sobre la conciencia humana y su relación con el cosmos. El Universo —como cualquier otro sistema observado— es de tipo cuántico; en él las ambigüedades que arroja cada modelo utilizado —es válido para el ejemplo el Big Bang— no pueden resolverse en su propio contexto, pues el horizonte actual del conocimiento cosmológico nos impide confirmar o rechazar cualquier teoría.

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Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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