Neo Club Press Miami FL

Juan Francisco Manzano y la picaresca cubana

 Lo último
  • Del amor y otros milagros Mientras no exista una conducta moral individual estrictamente limpia, todo lo demás son mandangas. Caro Baroja Una Deontología de la(s) Preciosa(s) Costumbre(s) Queridos amigos. No somos Amados por lo que...
  • ¿Será eterno el adiós de Labrador Ruiz? Muerto en Miami, en 1991, a los 89 años de edad, el escritor Enrique Labrador Ruiz es distinguible aún hoy entre lo más avanzado de la moderna narrativa cubana. Sin...
  • Historia de una pasión cortesana En artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, ‘El periodista que buscó el poder’, Tomás Eloy Martínez sostiene que ese muestrario de contradicciones que fue Jacobo Timerman “buscó el...
  • Buesa, las formas del olvido La gloria es una de las formas del olvido. J. L. Borges   Así como en la poesía de Nicolás Guillén suelen vislumbrarse, agazapadas, las sombras de Langston Hughes o...
  • Los animales políticos de Reinaldo Arenas Se cuenta que Pitágoras rechazaba comer carne porque veía en los animales posibles reencarnaciones de sus amigos muertos. Es un escrúpulo encomiable siempre que uno esté convencido de que en...

Juan Francisco Manzano y la picaresca cubana

Juan Francisco Manzano y la picaresca cubana
Octubre 24
21:34 2015

 

Juan Francisco Manzano fue un genio de la literatura cubana del siglo XIX de quien poco se ha hablado. Y digo genio, porque más allá de los agrestes errores gramaticales y sintácticos que se encuentran en los manuscritos originales de su obra, gajes propios de alguien que no tuvo la oportunidad de recibir una instrucción formal en el bello arte de las letras y de las humanidades, el solo hecho de haber transcendido su condición de esclavizado para fundir su nombre no sólo en los anales de la historia política de Cuba, sino en los de la literatura de la mayor de las Antillas y de Latinoamérica, denota la innata agudeza de su privilegiado intelecto.

Aprendió a leer y a escribir Manzano en calidad autodidacta. Ya antes de escribir, poseía gran aptitud y destreza para la versificación de los distintas métricas que estaban de moda en su época. Evocaba el arte poético con fluidez y facilidad, con versos llenos de tino, gracia y virtuosismo, los cuales repetía en presencia del personal doméstico de la casona colonial de un ingenio azucarero de la provincia de Matanzas… Más tarde, a escondidas, Manzano compró papel y tinta y comenzó a mimetizar la caligrafía inmanente en los estrujados papeles de borrador que su amo echaba al cesto de la basura.

En Autobiografía de un esclavo, obra que escribe por encargo del conocido abolicionista y crítico literario Domingo del Monte, Francisco Manzano exhibe un talento como pocos; el relato de su vida, escrito en el formato y la estructura de la novela picaresca barroca, está saturado de ricas y coloridas imágenes, metáforas, antítesis, prosopopeyas y de personajes cuyos espectros encarnan las multidimensionales voces del “yo” narrativo encubierto en el sujeto esclavizado, el cual utiliza el intelectual Manzano con la finalidad de llegar a sus lectores. Diseña y esgrime un juego de máscaras para ocultar su identidad y transmitir el mensaje sutil, a fin de identificarse, atrapar y cautivar a una audiencia específica, los colonizadores y esclavistas, el mundo del hombre blanco. De ese modo, pudo emitir el mensaje y exponer a hurtadillas las injusticias de la institución esclavista.   A través de un “yo” ubicuo clama Manzano no sólo por su libertad, sino que ilustra de forma amena el por qué de la inhumanidad encerrada en el ignominioso sistema y el desengaño perenne en la vida del sujeto esclavizado, y no de manera directa, sino por medio de la sagaz sugerencia disfrazada entre líneas. Su discurso narrativo logra sin dudas no solamente sensibilizar y entretener al lector europeo a un mismo tiempo, sino que compra su boleto individual de libertad cuando un gremio de intelectuales del grupo delmontino reúne los fondos pertinentes para adquirir su emancipación.

Después de haber terminado de escribir la obra autobiográfica, en 1836, Manzano entrega el manuscrito a Del Monte. Éste, posteriormente, sería editado por Anselmo Suárez y Romero (escritor del grupo abolicionista). Terminadas las correcciones de la sintaxis y la gramática, Del Monte entrega una copia del manuscrito a Richard Madden, antiesclavista británico y juez árbitro en las Cortes Mixtas. Las Cortes Mixtas fueron establecidas por Inglaterra en La Habana para investigar los casos de africanos esclavizados que existían en el territorio habanero ilegalmente, declarar si habían sido o no importados a la isla antes del 30 de octubre de 1820 y si dichos esclavos deberían o no ser restituidos a la libertad. Finalmente, la versión inglesa del texto tuvo la primicia mundial de manera exitosa en la Gran Bretaña de 1840, junto a varios poemas no ya del esclavo, sino del ilustre intelectual afrocubano.

No sólo las similitudes con la novela picaresca hacen de la Autobiografía de un esclavo una gran obra literaria, sino también las estrategias narratológicas (la desorganización del texto, la caracterización del personaje principal como un Lazarillo antillano y mestizo que burla a sus amos), rasgos que ayudan a crear un texto único en su género. A pesar de los cambios que ha sufrido la obra mediante sus múltiples ediciones, mantiene esa aura mágica, caribeña e impar de la etapa colonial antillana. En ella destacan la destreza de Manzano como intelectual y creador de una literatura mulata en cuya forma no falta la influencia del vocabulario vernáculo propio de la tradición oral afrocubana. La estructura de la obra es española del Siglo de Oro y contiene temas centrales pertinentes a la esclavitud en la mayor de las Antillas, a diferencia de la picaresca peninsular, cuya crítica va dirigida hacia la corrupción del clero y el deterioro de las condiciones sociales de la España barroca.

La Autobiografía de Juan Francisco Manzano es decisivamente una sátira al sistema esclavista cubano, mediante la cual se reflejan con diafanidad las cualidades del genio intelectual que yacen allende las variaciones fenotípicas y la condición social en la persona física del esclavo doméstico.

Sobre el autor

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez (La Habana, 1966) es un licenciado en Literatura Española. Estudió en Los Angeles Trade Tech, donde recibió el diploma de Asociado en Artes Liberales en 2011, y el premio de honor del presidente de la institución en tres ocasiones. En la universidad jesuita de Loyola Marymount de Los Angeles, obtuvo su B.A. summa cum laude y el premio al académico del año en el programa de español de la susodicha institución. Es miembro de la Sociedad Hispánica de Honor (Sigma Delta Pi). Ha publicado varios ensayos de crítica literaria en la revista La Voz, entre los que se encuentran “Yo y mi otro yo: Manuel Machado y el dandi en El Mal poema” y “Nación y masculinidad en la España de fin de siglo”.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Cómo se le ocurre a Santos pedirle ayuda a Castro. El análisis de Montaner:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Jorge Ignacio Pérez

El viaje de Silvia (XIV)

Jorge Ignacio Pérez

Jose se enamoró de Silvia, como suele ocurrir en los casos en que una mujer le planta cara a un hombre. Plantarle cara, quiero decir en términos duros. No fue

0 comentario Leer más
  José Hugo Fernández

Pesadilla

José Hugo Fernández

I) Estaba preso. La celda era húmeda y oscura. Me dolían hasta las ideas por tantos porrazos y patadas. Supongo que entre sueños, vino un caimán sin dientes a susurrarme

0 comentario Leer más
  Adrián Morales

Del amor y otros milagros

Adrián Morales

Mientras no exista una conducta moral individual estrictamente limpia, todo lo demás son mandangas. Caro Baroja Una Deontología de la(s) Preciosa(s) Costumbre(s) Queridos amigos. No somos Amados por lo que

0 comentario Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami