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Julio Antonio Mella vs. Gerardo Machado

Julio Antonio Mella vs. Gerardo Machado

Julio Antonio Mella vs. Gerardo Machado
noviembre 08
18:22 2014

Se lee con frecuencia en el exilio que Julio Antonio Mella fue una figura destacada en la lucha contra la dictadura del general Gerardo Machado. Así lo afirman desde respetables periodistas independientes hasta un notable ensayista, con ínfulas de historiador, residenciado en Princeton. Y uno se pregunta cómo podrán decir semejante memez. Vamos entonces a sacar cuentas y poner los acontecimientos en su justo lugar histórico.

La única “hazaña” de Mella contra Machado fue, supuestamente, haber puesto una bomba en el teatro Payret, en diciembre de 1925, que afortunadamente no llegó a explotar. Arrestado bajo esos cargos, Mella se declaró en huelga de hambre. Se trataba de una acusación al parecer bien fundada, que implicaba además a su camarada Sandalio Junco, pero negada de plano por el joven dirigente comunista.

Liberado muy pronto bajo fianza, Mella partió al exilio mexicano con aspiraciones nada disimuladas de convertirse en un líder de talla internacional. A él también Cuba le quedaba chiquita y ansiaba un liderazgo continental. “Puente de plata al enemigo que huye y ganancia neta para el Gobierno”, fue lo que seguramente exclamó con alivio el entonces general-presidente, en vez de dedicarse a fraguar la absurda y nunca probada eliminación del exiliado, como muchos sostienen.

Debe quedar claro, no obstante, que en la fecha del fallido atentado terrorista atribuido a Mella y su compinche de fechorías, Machado llevaba apenas siete meses en la Presidencia de la República. Con su lema de campaña “agua, caminos y escuelas” había ganado de calle las elecciones frente a su rival, el expresidente y candidato repetidor Mario García Menocal. Por otro lado, su Partido Liberal se impuso en las legislativas en toda la Isla, con excepción de la provincia de Pinar del Río. Machado no solo era en diciembre de 1925 un legítimo presidente constitucional, sino que contaba con lo que se dice un verdadero mandato popular. Otra cosa es que luego derrochara su enorme capital político y se volviera un gobernante autoritario.

La victoria arrolladora de Machado frente a Menocal, en 1924, fue celebrada con júbilo desbordante en toda Cuba. ¿Que cómo? Pues como único se podía y debía celebrar un triunfo liberal: arrollando al toque de la chambelona con una conga memorable que ridiculizaba al adversario: “El rey de España mandó un mensaje / pidiéndole a Menocal / pidiéndole a Menocal / devuélveme el caballo que tú no sabes montar. / Aé, aé, aé ya nadie monta a caballo / ae, aé, aé no me duelen ni los callos…”.

De modo que no cabe, bajo ningún concepto, afirmar que Mella llegase a luchar contra una dictadura aún inexistente. Si fue asesinado en México el 10 de enero de 1929 (lo más seguro que por agentes de la Komintern y no por sicarios machadistas, como cuenta el relato revolucionario), entonces el joven líder comunista no vivió lo suficiente para conocer la dictadura de Machado. Así de simple.

El quinto presidente de Cuba —insisto— fue elegido democráticamente y por abrumadora mayoría para el periodo 1925 – 1929. Pero, dada la inmensa popularidad de que gozaba, cayó en la tentación de reelegirse por seis años mediante la llamada prórroga de poderes.

Dicha prórroga, por cierto, tampoco fue un ucase tiránico, sino un proyecto de ley presentado ante el Parlamento y aprobado con el voto de todo el espectro político. O sea, contó con el respaldo tanto del partido oficialista como de la oposición, además de ser sometido a consulta popular. El problema era que reformar la Constitución de la República, máxime para que el presidente pudiera reelegirse, en aquel tiempo se llamaba dictadura y se apellidaba tiranía.

Machado se equivocó de época. Hoy en día, en esta peculiar etapa de neopopulismo latinoamericano, habría podido proclamar solemnemente la “refundación” del país y el inicio de la construcción del socialismo del siglo XXI. Con toda seguridad, hubiera contado con el visto bueno de la OEA y de todos los Gobiernos y organizaciones regionales del Continente.

Recapitulemos, pues, como decían los profesores de la vieja escuela. ¿Contra qué o contra quién entonces luchaba Julio Antonio Mella? No podía combatir, obviamente, a una dictadura machadista aún inexistente en la hora de su muerte. Es que ni siquiera luchaba contra el Gobierno de turno. A él le daba lo mismo que ocupara la silla presidencial el pusilánime Dr. Alfredo Zayas o su sucesor, el enérgico general villareño. Al igual que Rubén Martínez Villena y otros comunistas, con o sin carné, Mella luchaba a brazo partido contra la joven República. Luchaba en contra de sus instituciones democráticas. Luchaba contra Cuba y por la Unión Soviética.

Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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