Neo Club Press Miami FL

Julio Fowler o el estado de un Juglar Gnóstico

Julio Fowler o el estado de un Juglar Gnóstico

marzo 12
01:53 2013

LigerosPara comenzar a hablar de la obra de Julio Fowler, quiero remontarme a mediados de los 80, cuando nos conocimos en aquel fragor atemperado de una creación sin fronteras mentales. De formación actoral y de casta le viene al galgo (también su padre y su hermano, rondan los ámbitos), ya apuntaba exquisito en la manera sugestiva de articular armonías y un modo refinado de interpretar, haciendo de la voz un potente órgano de matizaciones virtuosas.

Quizás de los mejores intérpretes que conozco, baluarte de la mulatocracia que meció nuestra generación de los 80 en Cuba, repleto de imaginería y plétora; con una delicada utilización compositiva de la armonía, tan coqueta como delicada, desde un adecuado manejo de la guitarra y un sentido de la fusión verdaderamente fuera de lo común. Una época donde el jazz, el rock, la bossa y el funky, primero como un murmullo suave venido de lejos, luego más poderosamente y a gritos, se afianzaban para quedarse por mucho tiempo en nuestra cultura cubana. Configurando un sistema creacional omnívoro, repleto de  pinceladas, colores, y matices que ya no entiende como “exotismo” ―deplorable expresión― para una separata herencia del pensamiento dual y otros viejos paradigmas superables del afuera y el adentro, lo propio y lo ajeno, conmigo o contra mí, invariablemente obsoletos que nuestra generación encaró ―incluso desafío político y social― como ninguna otra. Luego como cuerpo de obra e investigaciones, que comenzaban de a poco a eclosionar en nuevas (otras) maneras de hacer de aquellos jóvenes compositores, ―quizás para mí, por amigo― desde el auténtico privilegio de ser testigo directo de su crecimiento y transformación.

Fowler continuó su camino haciendo a un lado las piedras, y en cada jirón creativo fue hallando sus montes. Su carrera no ha hecho más que crecer, tomar consciencia y amplitud de miras a la altura de nuestro tiempo; una circunstancia que demanda militancias y posicionamiento, pero lejos de caer en el maniqueísmo secular tradicional, polaridad de la ratio excluyente, practica ese otro acercamiento transpersonal y holístico, como un campo de experimentación cognitiva, que se me antoja voluntad de los antiguos disidentes cátaros y/o gnósticos. Una razón maravillosamente errante, un hurgar en la diferencia, cuyo silogismo inteligente estriba en su capacidad de ósmosis, recombinación y regeneración vital. Practicante de la sistemática, pero sobre todo de una curiosidad intelectual, incluso teórica, tremendamente consecuente, muy poco habitual en la esfera general de los compositores, músicos e instrumentistas cubanos, duchos y entrenados en el músculo de digitar pero poco dados al músculo de pensar; en cualesquiera de los terrenos, la sociología, la politología, la ciencia cognitiva o la vocación de un cambio por el despertar.

Inmerso y concentrado ahora en su debut en el marco del Festival de FundARTE en Miami, continua la gira de conciertos que nos trae su magnífico y nuevo trabajo, “Ligero de Equipaje”, que edita Cezanne Producciones, 2013. Y le acompañan: Pepe Rivero (Keyboard), Dayan Abad (Guitarra), Georvis Pico (Drums), Michael Olivera (Udu, sheker, percussions) e Iván Ruiz Machado (Bajo). Un trabajo excelente que se abre paso en medio de la desidia general, el agotamiento apologético y el triunfalismo de una modernidad agotada, que rumia sus propias ruinas como una ruta interminable de callejón sin salida, la banda de Moebius, el segregacionismo narcótico de los medios y el serialismo insensible para-mecánico, antropocéntrico, cartesiano y racionalista, que deja al borde del camino (culturas al borde) innumerables propuestas que en breve (son) serán ―y lo digo sin acritud― centro del dilema existencial, estético y ontológico de una civilidad emergente, cuyo valor en lo social gana terreno desde una espiritualidad integral, pero sobre todo desde un humilde ejercicio de la responsabilidad, la generosidad y el respeto. Y no se trata de mero espejismo, sino el (re)curso lógico de los acontecimientos en las naturales leyes del cambio y la concatenación, cuya orientación sincroniza las piezas precisas para el desenlace que otorga el “dar(nos) cuenta”, la obtención de lo que podemos denominar “masa crítica” desencadenante de una transformación sin precedentes, elocuente y a la altura de las circunstancias en este momento vital que la humanidad vive. Al decir del espléndido Walt Whitman: “Porque nunca hubo tanto cielo y tanto infierno como ahora, presente constante, siempre el mismo”. Y aprendemos por las buenas por las malas o de todas maneras. Obrando en un “hacer-nada” ―distinto al “nada que hacer” del inmovilismo retrógrado―, sin polaridad ni maniqueísmos, que fluye como un susurro cómodo para un “Universo Elegante”… Ahora y aquí es lo que SOMOS y no lo que hacemos… y es bastante. Nunca tuvimos otra cosa.

El disco arranca con un jazzeado reagge que lo nombra, combinando su filosófico deseo de aligerar(se)nos, designando lo que siente uno desde los primeros acordes que fijan, pautan “el destino del viaje  por caernos a besos”. Toda una declaración de intenciones (el “poder de la intención” en el incendio de la molécula de la emoción argumentada por el neurólogo y doctor en bioquímica Joe Dispenza) y lejos de semblar un destino ñoño, decreta el animus vertebral de cambiar(se) a sí mismo, en lugar al Mundo; contribución desde la individualidad que reconoce la colectividad como la suma de las singularidades y todos esos aparentemente diminutos e insignificantes esfuerzos.

Julio insiste en que: …“no hay más mapa, ni más ley”, ni más supersticiones filantrópicas fatuas, ni sueños de libertad… más que el reconocimiento de aquello que se es y que se siente, como cualidad inherente de la vida per se. Sentencia el Zen: No hace falta buscar la verdad sino poner fin a las opiniones falsas. Y en esto Julio aporta un rayo de luz en el marasmo infinito de confusiones positivistas, (pre)ocupaciones de un ethos consciente y agradecido.

Y…“donde encuentras la tristeza, veo felicidad; donde encuentras certezas me pongo a dudar; donde fracasas o te estancas yo fluyo (…) soy el reverso del rival, la otra cara desigual (…) un cónclave como el ying y el yang”…

Tremendo el tema “Quemando mis naves” anunciando: “Cuando la bestia del miedo te acorrala, cuando vives al filo del desastre, cuando el ojo del Big-Brother te controla, cuando el ansia de ser libre se va al traste, cuando te mean y dicen que es la lluvia, cuando te restan los panes y los peces, cuando el destino es una ruleta rusa, cuando nada es lo que parece ―yo quemo mis naves, me piro de este Mundo roto― te dejo las llaves, también mi reloj” y aquí el tiempo como magnitud (in)concebible para el creador insistente, es fundamental en la cartografía dependiente hacedora de esclavos, y se rebela contra su matrix generadora como un neoludita que distingue con habilidad la tiranía de las máquinas, el vampirismo tecno-corporatocrático y la ignorancia, pero así mismo la condición mental sometida, que nos toma de rehenes ―si lo permitimos―. Completamente distinto a la Matriz Fundamental, organismo vivo fundacional del que emerge la/su inspiración reconectíva (in)tentando de constante besar la fuente. Guerrero de la luz él mismo, que trata la contienda sin evitarla, pues de todos modos nos alcanza, perenne y segura, como el cursar de un río que se despeña vigoroso y rugiente por la agreste cañada “pirándose” hacia sí mismo ―qué más da a dónde― tal es la fascinación del misterio. Un rafting sonoro tan audaz como pertinente, ya no “buscando” sino encontrando su lugar…  su asiento, su paisaje ontológico, su hogar, “y se va a otra parte” que no es otra sino la misma más consciente, más lúcida, más inspirada, pues como afirma Paul Eluard: ―si hay otros Mundos, todos están en este―, responsabilidad que entroniza “compartiendo sus sueños y poniéndole” ―no ¿parches?― sino miel y preciadas gemas de santo espíritu e intelecto, a ese corazón ungido entre los pétalos de un mar de ternura; “que jamás se morirá de pena y por supuesto no se rinde”, en cambio se tiene sobre todo a sí mismo, juglar encanto de un estado de gracia; “que nunca se cansa de amar”, y no es poco.

El diseño del disco es sutil, con ese tono naïve, que le imprimió el arte de Martha Azul y Augusto Meztli, cuyas ilustraciones nos hablan de las historias ―intencionalmente― casi desde la mirada de un niño, fresca elección tipográfica de capitulares a mano y buen dibujo de una paleta cromática tan desbordarte como la sonoridad misma, repleto de ingeniosas viñetas y curiosísimos detalles. Todo un mimo complementario para los sentidos.

Y siento, se me antoja, por esa profana y a veces tonta, pero siempre respetuosa condición de analogías, hallar influencias tanto vocales como instrumentales y armónicas, buenas pistas para el oidor avisado, que rondan al mejor Gino Vannelli, al ecuánime teclado acompañante de Bruce Hornsby, la austeridad atmosférica de Norah Jones o la sonoridad limpia de la guitarra española en los arreglos del Sting más acústico y cantautoral. Música en estado puro, sin una gota de sobreproducción, en cambio, habilidad perceptiva de un sonido natural, de sabia elección y unos arreglos equilibrados, sin estridencias, puestos en la justa medida, de aquello que la obra, clama, urge, y necesita, para comunicar, “la (su) verdad” que ahí (le) yace. Y se permite entre sus primeros singles, la aparición callejera (que filma en una estación del tren de sus Madriles procedentes, integrando el sonido natural de ambiente con perfecta credibilidad cinematográfica y de puesta en escena) evidenciando la eficacia del reducido formato a todas las distancias, pero sobre todo, del ejercicio de la sencillez, la economía de recursos y lo que es mejor, una austeridad convertida y elevada, a la dimensión de arte. Donde siempre: menos es más.

Se “Reinventa” Fowler ―y dice bien―: “dejando su rabia y su vanidad bajo la nieve, los trastos viejos de su alma van al vertedero ¡para siempre!, dándose tregua a la tristeza” (que no hay que evitar, sino reconocer, asumir, cruzar, transformar, comprender y por qué no decirlo, también celebrar, como conditio sine qua non del caudal entero de/para una vida plena, total e íntegra). “dándole la espalda a la pereza, dejando la puerta abierta a lo imposible”, a lo inmenso sobrenatural que nos mece y mayormente no escuchamos… “limpiando de culpa los bolsillos, dejando la llave en el pasillo que nos invita a volver, reparando el Mundo bajo su piel, reciclando nuestro corazón de papel, intentando otra manera de ser”.

“Se reinventa de una vez” y cuando dice “me resigno a perder” llega hondo ―quizás una de las más portentosas y audaces frases del fonograma―, comparto su “vindicación del fracaso” o para mejor, “una inteligencia de los fenómenos adversos”, tantas veces ninguneada, excluida, sibilina y ocultada en esta civilización de la rentabilidad, “solar”, patriarcal, triunfo de la luz eléctrica, el mercado y el serialísmo postindustrial totalitario de las metralletas, que no admite, no soporta y sobre todo no tolera, disyuntiva, disidencia, ni objeción alguna, desde una tradición (Maleus Maleficarum o martirio de las brujas) literalista herencia del humanismo secular aristotélico de perenne disyuntiva (pilar del cristianismo, incluso el marxismo, el psicoanálisis y la sociología, en el sentido de la polaridad sustitutoria beligerante, como eje vertebrador de la ilustración, la historicidad y “la genealogía de la moral” en la era moderna ―según Nietzsche―), que justificó incluso la esclavitud como un derecho natural, pero sobre todo segregadora de lo experiencial, del campo ideal/real para la experimentación y el legítimo ejercicio del estupendo, necesario y aportativo error (cuerpo que sabe del deterioro constante y la decrepitud en su largo viaje hacia la muerte) el soma y su devenir, evangelizadoramente ¿entendido? como ejercicio enfermo, culpabilizado(r) y rehén de su propio tinglado; erigiéndose monopolio e intermediario absoluto de/para/con el acceso a “la divinidad”, la comprensión o la revelatoria, aquello que resulta invariablemente una personalísima, individual e intransferible epifanía. Y es ahí, donde se funda la estúpida idea de la competitividad y el ejercicio del capital acumulativo en la sociedades premodernas, en lugar de la colaboración y la solidaridad, incluso en lo terrible y amoral maravilloso como (en) la naturaleza, prueba/error (sin juicio); tras el miedo al fracaso, a la tristeza, a la sombra, a la otra mitad inevitable e impostergable de las variables sagradas de la vida, que excluimos de los centros decisorios, de la posibilidad y el territorio de juego. Sobre todo, porque vivimos aún en la prehistoria del pensamiento complejo, y no hemos desarrollado herramientas emocionales, espirituales, transpersonales, físicas e intelectuales suficientes para enfrentar con responsabilidad, dignidad, sabiduría y decoro: “El Sol que Mora en las Tinieblas”, el saber enterrado en la “dialéctica de la negatividad” (Adorno, Theodor), el beber del lado oscuro que nos brinda, (el) otro legítimo lado (grado) de la totalidad y los acontecimientos que diferenciamos en una moral tan polar como maniquea y castradora, rompiendo en dos el Mundo: entre la mirada del pintor y la del físico, entre el bien y el mal, el amor y el odio, el calor y el frío, paraíso e infierno, obrero y burgués, consciente e inconsciente… cuando ―desde la antiquísima hermética a otros saberes profundos y tradicionales― se anuncia: Todo varía en grado, polos complementarios de una misma y única cosa, sustancia, el vacío, lo no―visto, lo no―representado, el universo y eso incluye su materia obscura y lo ignoto, como una creación mental sostenida en la mente de(l) Todo. Versus-Uni, unidad de lo diverso.

Y es en esa dirección que prefiero discernir su trabajo ―en esta pequeña reseña de homenaje compañero a su tercer disco―, una operatividad trascendente e integral que incluye la asunción ―entiéndase igualmente la sanación, por decirlo de un modo poético― del otro lado del espejo. Hemos aprendido a vivir con la luz (la ilustración, el culto Solar y patriarcal), con el conocimiento (conozco y miento), con el saber (del: “solo sé que no sé nada” o del: “como quien no sabe”), el orden y el control (en las sociedades escópicas de Aristóteles a Descartes, Mac Luhan a Deleuze), pero no con comodidad en el misterio, cuando el Universo, el infinito, nos oculta la mayoría de las cosas. Bien decía el sabio Jiddu Krishnamurti en una frase que le hace justicia: No es una medida saludable estar tan bien adaptados e integrados a una sociedad endémicamente enferma y corrupta.

Su tema “Vida” lo celebra en una perenne invitación a soñar, a “despertar” desde el derecho a soñar… vigilia del sueño lúcido, testar “¿las siete?” o innumerables vidas que se nos dan, sin numerología, sin estadísticas, sin manecillas, ni engranajes perennemente hincándonos, en cambio, como un reto apasionado, sensible, curioso e inquieto “de aprender a jugar(nos), el abrazo, la verdadera bienvenida de la rota o dolce vita”, sin apEGO (existence god outsider), sin aferrar(se)nos a la real dimensión, de una vez ya desenmascarada, desprejuiciada, sin separata, ni frontera doble, para aquello que es siempre un mismo borde… temeridad del conoSER y autodescubrir el “Ser” mismo, asombroso y distinto que emerge, diferente, desconcertantemente desconocido y desigual al esperable, pero sobre todo que, incluso siendo nosotros mismos, de pronto se nos (a)parece y podemos además, ser otro(s): “El otro por él/sí mismo(s)”.

En estos y todos los tiempos críticos se ha escrito muchísimo sobre el mal tratodispensado a los creadores, los escritores, y los artistas por parte de todos: la sociedad y el Estado sea de la ideología y la latitud que sea,que se hace patente en el lamento diatriba del ruso Shklovski en su profético artículo dedicado a la muerte del vilipendiado, demonizado y censurado Jlébnikov, que podría servir de alerta general a poner nuestras comprometidas vidas en remojo,no solo por losinnumerables encarcelados y sentenciados en aquella maximalista época de Gulag o Treblinka a lo largo de tantos años de totalitarismo sea político, religioso y/o social, ahora vuelto cinismo en la “corrección política” ―idénticamente segregadora―, corporativismo y mercado (ya no: “ser o no ser” sino “fisco o no fisco”) que a diestra y siniestra excluye o condena arbitrariamente a la irrealización y a la miseria a tantas obras que ni siquiera llegaran al horizonte público, sometiendo a la cultura misma y a sus creadores a la más terrible, vergonzosa e innoble frustración, desesperación, supervivencia; y sentencia: “Discúlpanos por lo que te hemos hecho y por lo que haremos a los demás, por todos aquellos a los que mataremos… El Estado no se responsabiliza de la destrucción de su gente: en tiempos de Cristo el Estado no quiso entender el arameo y en general nunca ha entendido la lengua de los hombres. Los soldados romanos que agujerearon las manos de Cristo no son más culpables que los clavos.El dolor sólo es para el crucificado”.

No hay en este país ni en ninguno otro, dentro de lo que entendemos como supuesto “Mundo civilizado” globalmente hablando, ninguna persona adulta, que desee crear y pensar por sí mismo, que no haya meditado profundamente el riesgo de cada cosa que asume, piensa, dice y hace, en relación con la posibilidad de la ruina, la exclusión, el ninguneo y la anuladora miseria, una amenaza que planea como castrante sentencia aparentemente anónima, de ¿nuevo? tipo, anodina y anatematizadora, (digámoslo con todas las letras: censura) casi peor que los fusilamientos de antaño: La falta de éxito, (exitus del latín muerte) que encubre e invisibiliza males peores, detrás de la supuesta (in)capacidad, (in)habilidad, talento, consistencia, fortaleza de estómago u opción de cada cual; incorporada como tácita ley falsa en la estrategia del ninguneo, asumida por una sociedad doméstica que ha aprendido a narcotizarse de constante desde el infotainment (fusión de los términos: información y entretenimiento, donde lo uno es lo otro, viceversa y se confunde) depredadora ficción de querer tenerlo todo “ya” y para siempre, donde no hay voluntad reflexiva sobre el precio de semejante abyección general, de la urgente, pretendida y tan perseguida ¿popularidad?


Ahí quedará fija en nuestra memoria escuchemos o no, queramos o no (tanto da el cántaro en la fuente) su necesaria propuesta, su esfuerzo, su realización impecable, clamando cabezas abiertas para el regalo de una heroica y un privilegio ―en mayúsculas― que no (me) pasa(rá) inadvertida, ni anónima. La proeza de entregar(nos) su hermosa y legítima música. Una cuestión directa y dirigida al corazón de nuestra consciencia: El Alma. Porque no hay nirvana instantáneo, no hay atajo a la divinidad. No hay Don, ni talento, ni gracia, que no contraiga y conlleve sacrificio (sacro―facere, hacer sacro). E
n la nueva cultura del espectáculo como sostiene el crítico estadounidense Donald Kuspit el arte ya no puede encarnar la voluntad de defenderse contra la banalidad y no sirve como espacio privilegiado de conocimiento en el que uno puede ser fiel a sí mismo, en una sociedad que alienta la falsedad. Así Julio Fowler sabe bien que: “los movimientos de vanguardiaque se adentraron en el mar de lo insospechado no obtuvieron la felicidad prometida, pero en el arte todo es posible, y una vez franqueada la puerta a la infinitud, la reflexión tiene que enfrentarse con ello”, despierta yen constante alerta contra el proceso que acabó por devorar las mismascategorías en cuyo nombre avanzó. “Una verdad que se ha hecho demasiado débil para defenderse a sí misma y entonces ha pasado al ataque”. Yo soy tu cómplice, tu compañero de viaje.

————————————————————————

A propósito de su presentación en Miami junto a los excelentes compositores Pavel Urkiza y Yadam. El día 15 de marzo a las 20:00 horas en el Club de Jazz del Hotel Deauville. The Deauville Hotel Jazz Club.

Dos significativos textos de sus canciones:


“AUTORRETRATO” (track VI. CD. “Ligeros de Equipaje”)

Yo no me acomodé a una certeza
Yo nunca le hice caso a los horarios
Yo fui el cazador, también la presa
a veces fui yo mismo y mi contrario.

Yo soy el agujero negro de otra vida,
de la vida que nace mientras me despido
Quise poner el mundo patas arriba
y solo conseguí hacerlo conmigo.

Y saco mi paraguas cuando nunca llueve
y me pongo gafas cuando no hace sol
Me desnudo siempre que cae la nieve
me pierdo lo bueno por querer lo mejor.

Alguna vez le di la espalda al viento
alguna vez caí por el barranco
Lo que buscaba afuera, lo llevaba adentro
y así pude salvarme del naufragio.

Yo descubrí que el mundo amanecía en tu boca,
que si buscas bajo el miedo encuentras poesía
yo descubrí que amar es lo que importa
y que toda realidad es fantasía.

Y saco mi paraguas cuando nunca llueve
y me pongo gafas cuando no hace sol
me desnudo siempre que cae la nieve
me pierdo lo bueno por querer lo mejor.


“QUEMANDO MIS NAVES”
(track II CD. “Ligeros de Equipaje”)

Cuando la bestia del miedo te acorrala
cuando vives al filo del desastre
cuando el ojo de “Big brother” te controla
cuando el ansia de ser libre se va a traste.
Cuando te mean y dicen que es la lluvia
cuando te restan los panes y los peces
cuando el destino es una ruleta rusa
cuando nada es lo que parece.

Yo quemo mis naves,
me piro de este mundo roto
te dejo las llaves, también mi reloj.
Me voy a otra parte,
a compartir mis sueños locos
y a ponerle parches a este corazón
que no quiere morirse de pena
que no quiere rendirse jamás
corazón que persigue quimeras
y que nunca se cansa de amar.

Cuando convierten el mundo en una cifra
cuando más vale pescar en río revuelto
cuando le ponen un precio a la sonrisa
cuando se convierte el alma en un desierto.
Cuando la cuerda se tensa y ya no aguantas
cuando la última gota colma el vaso
cuando la incertidumbre se atraganta
cuando a la paciencia se le acaba el plazo.

Yo quemo mis naves,
me piro de este mundo roto
te dejo las llaves, también mi reloj.
Me voy a otra parte,
a compartir mis sueños locos
y a ponerle parches a este corazón
que no quiere morirse de pena
que no quiere rendirse jamás
corazón que persigue quimeras
y que nunca se cansa de amar.

—————————————————————

http://www.adrianomada.com/

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Kiko Arocha

Las deudas

Kiko Arocha

  Miró a su hermano menor con penetración, como miran los felinos, para decirle: —Te veo nervioso, suelta la botella que no va a pasar na. —Mira mi hermano, estoy

0 comentario Leer más
  Manuel Gayol Mecías

Fidel ha muerto

Manuel Gayol Mecías

  Las palabras y los muertos (Premio Internacional Mario Vargas Llosa, Universidad de Murcia, España, Seix Barral, 2007), del escritor cubano Amir Valle, trata sobre la muerte de Fidel Castro y los

0 comentario Leer más
  Jorge Olivera Castillo

Pan (de yeso) y circo

Jorge Olivera Castillo

                El circo no es el pasatiempo donde lavamos las llagas del hambre con sonrisas espontáneas y puras. Tampoco es el lugar para

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami