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La alta cultura y la sociedad tecnológica

La alta cultura y la sociedad tecnológica

La alta cultura y la sociedad tecnológica
septiembre 03
19:57 2014

El espacio–tiempo necesario para la creación de la alta cultura es negado por la sociedad tecnológica que impone una nueva dimensión social de espacio–tiempo, ocupada totalmente por la subsistencia y los medios masivos de entretenimiento.

El ejercer la impugnación intelectual ante la invasión de nuestro espacio de libertad interior por la cultura tecnológica, o rechazar nuestra identificación con una subsistencia artificiosa, con la imposición de necesidades falsas, irracionales, de la sociedad contemporánea, además de sospechoso se considera, irónicamente, irracional.

De ahí la desvalorización de muchas corrientes culturales contestatarias, la manipulación de las ciencias hacia los llamados objetivos concretos, y la reducción de los conceptos filosóficos y metafísicos al empirismo racional, al behaviorismo, donde los proyectos de perturbación al modo de pensar tradicional quedan automáticamente anulados.

Pero las normas y trascendencia que ostentaba la cultura en la época pre–tecnológica, obviadas por nuestra época tecnológica, tendrán que ser las de la era pos–tecnológica; al final, las categorías del arte, al igual que su estética, se integrarán en la ciencia y en la tecnología del futuro.

Como crítica ante las pretensiones de totalidad del proyecto ilustrado, y del positivismo, la reflexión nietzscheana se dejó sentir en la crisis del cambio de siglo. Para Nietzsche el lenguaje constreñía el conocimiento, y Occidente se halló amarrado a tales límites. Su ataque a los caminos recorridos por la cultura occidental intenta recobrar la vitalidad y una nueva época restituyendo a Dionisio e inmolando al Dios cristiano, y con él al homo racionalista, los pilares de Occidente.

La geografía europea de fines de siglo estaría recorrida por el decadentismo de un Stefan George en Alemania, de Oscar Wilde en Gran Bretaña, y de Zinaida Gippius en Rusia. El desconcierto cultural bordea el nihilismo nietzscheano de Gabriele D’Annunzio y el futurismo de Filippo Tommaso Marinetti, exaltador de la reflexión tecnológica heideggeriana.

Este rechazo alimentó las dos grandes opciones de los artistas de fines del siglo XIX y de las vanguardias del siglo XX: el compromiso social en la obra, o la interpretación nihilista del arte por el arte, como denuncia de una realidad de la que no se quiere formar parte.

Esta ruptura de fin de siècle, tanto en la cultura como la ciencia y el pensamiento, es la crisis de la civilización occidental surgida durante el Renacimiento y configurada con la Ilustración, y preludia el estallido de la Primera Guerra Mundial, clausurando un siglo que se había inaugurado con la Revolución Francesa y que finalizó en el decadentismo vienés, como expuso Karl Kraus.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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