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La asfixia cubana

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La asfixia cubana

La asfixia cubana
Enero 15
15:43 2016

 

Una medida del progreso es el espacio vital que potencialmente tenemos a nuestro alcance. Me refiero a la prosaica posibilidad de desplazarme en el espacio del punto en que me encuentro a otro libremente elegido. Aceptemos que sucesivamente la bestia de carga, la rueda, el navío, el avión y la nave espacial son hitos en el progreso humano.

Aceptemos –y ya estamos llegando– que en la medida en que el hombre hace uso de esos hallazgos disfruta del progreso.

Me parece evidente que un inglés que pasa una semana en las Baleares o un catalán que acude en su coche a Perpignan está ejerciendo el progreso, usufructuándolo, muchísimo más que un aldeano de las Hurdes, culturalmente autoconfinado al perímetro de su villorrio. En inglés hay una frase de admiración con la que se califica a cierta gente de gran movilidad: la Jet Society. Por ahora esto resume la idea.

¿Y qué tiene que ver el espacio con el sistema imperante en Cuba? Mucho. Cierto tipo de dictaduras herméticas producen una especie de asfixia moral. Esto no es una frase. ¿Por qué la loca estampida de los cubanos hacia los barcos, aviones, salvavidas o rústicas balsas que los alejen de la Isla? Por muchas razones. Aquí va una de ellas: porque se asfixian. Y una de las causas de la asfixia es la limitación de movimiento en el espacio. El extraño malestar que ha producido en el cubano un súbito encogimiento de su ámbito vital. El castrismo, por cuestiones de economía y por su naturaleza simplista, ha reducido, de golpe, la capacidad de movimiento de los cubanos.

Entre los reglamentos y el desastroso sistema de transporte, cursar el más sencillo trayecto es una calamitosa operación. Este problema es gravísimo en La Habana, donde vive un 20 por 100 de la población del país, y donde existían, por cierto, unos hábitos de desplazamiento más generosos. Obviamente, no me estoy quejando del transporte. Eso puede ser más o menos deficiente –en Cuba es tremendamente deficiente–, sino del terror claustrofóbico que le provoca a un bípedo urbano del siglo de las naves espaciales saber que su vidita va a transcurrir pastosamente entre los muros metafísicos de las dos «cuadras» que separan la vivienda de su trabajo. Saber que su autonomía itinerante no tiene nada que ver con la de su prójimo de San Juan o Madrid, puesto que la revolución –a la que ni por asomo se le ocurre que el hombre tenga ciertas necesidades no descritas en El Capital– lo ha confinado a un diminuto potrero en el que apenas puede estirar las piernas.

Habrá que añadir el término parroquialización para describir el fenómeno que se ha apoderado de los cubanos, pero existe y es terrible. Asfixia.

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Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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