Neo Club Press Miami FL

La asfixia cubana

 Lo último
  • Felicidades desde el mundo que nunca se acaba   Como dije hace doce meses de 2015 –vuelvo y repito–, 2016 ha sido un año realmente sorprendente, lleno de situaciones y giros inesperados, que han agrandado considerablemente nuestra experiencia...
  • Las heces de la utopía revolucionaria   La mayoría de los habaneros parece coincidir en el criterio de que nunca antes se vieron tantos adolescentes, jóvenes y hasta niños enajenados en las calles de la ciudad....
  • Castro For Ever   La esencia del poder soviético nunca se asentó en el dominio de una familia, sino en el rígido control del Partido Comunista y sus cruentas purgas intestinas, como ente...
  • Escoltas para los nuevos ricos cubanos   En La Habana de hoy, si eres un músico popular de ranking o cualquier otro tipo de hombre de éxito que mueve dinero (da igual si es lícito o...
  • Ecología y tiranía: riman pero no armonizan   Innumerables, y de amplio conocimiento público, son las catástrofes ecológicas ocurridas en Cuba durante los últimos decenios. Desde el arrasamiento de los árboles frutales que tuvo lugar en la...

La asfixia cubana

La asfixia cubana
enero 15
15:43 2016

 

Una medida del progreso es el espacio vital que potencialmente tenemos a nuestro alcance. Me refiero a la prosaica posibilidad de desplazarme en el espacio del punto en que me encuentro a otro libremente elegido. Aceptemos que sucesivamente la bestia de carga, la rueda, el navío, el avión y la nave espacial son hitos en el progreso humano.

Aceptemos –y ya estamos llegando– que en la medida en que el hombre hace uso de esos hallazgos disfruta del progreso.

Me parece evidente que un inglés que pasa una semana en las Baleares o un catalán que acude en su coche a Perpignan está ejerciendo el progreso, usufructuándolo, muchísimo más que un aldeano de las Hurdes, culturalmente autoconfinado al perímetro de su villorrio. En inglés hay una frase de admiración con la que se califica a cierta gente de gran movilidad: la Jet Society. Por ahora esto resume la idea.

¿Y qué tiene que ver el espacio con el sistema imperante en Cuba? Mucho. Cierto tipo de dictaduras herméticas producen una especie de asfixia moral. Esto no es una frase. ¿Por qué la loca estampida de los cubanos hacia los barcos, aviones, salvavidas o rústicas balsas que los alejen de la Isla? Por muchas razones. Aquí va una de ellas: porque se asfixian. Y una de las causas de la asfixia es la limitación de movimiento en el espacio. El extraño malestar que ha producido en el cubano un súbito encogimiento de su ámbito vital. El castrismo, por cuestiones de economía y por su naturaleza simplista, ha reducido, de golpe, la capacidad de movimiento de los cubanos.

Entre los reglamentos y el desastroso sistema de transporte, cursar el más sencillo trayecto es una calamitosa operación. Este problema es gravísimo en La Habana, donde vive un 20 por 100 de la población del país, y donde existían, por cierto, unos hábitos de desplazamiento más generosos. Obviamente, no me estoy quejando del transporte. Eso puede ser más o menos deficiente –en Cuba es tremendamente deficiente–, sino del terror claustrofóbico que le provoca a un bípedo urbano del siglo de las naves espaciales saber que su vidita va a transcurrir pastosamente entre los muros metafísicos de las dos «cuadras» que separan la vivienda de su trabajo. Saber que su autonomía itinerante no tiene nada que ver con la de su prójimo de San Juan o Madrid, puesto que la revolución –a la que ni por asomo se le ocurre que el hombre tenga ciertas necesidades no descritas en El Capital– lo ha confinado a un diminuto potrero en el que apenas puede estirar las piernas.

Habrá que añadir el término parroquialización para describir el fenómeno que se ha apoderado de los cubanos, pero existe y es terrible. Asfixia.

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Orlando Fondevila

Permitidme

Orlando Fondevila

                Permitidme ser el poema del irrompible y tutelar secreto. Está en la estrella y no es la estrella. Está en la arboladura

0 comentario Leer más
  Denis Fortún

Fábula sumaria

Denis Fortún

                Una mujer que negocia brillos y artificios que se dice equilibrada que me sabe irresponsable melindrosamente redunda en titubeos conduce simulacros emigra

0 comentario Leer más
  Félix Rizo

Puertas

Félix Rizo

                Hay puertas que atropellan la noche otras que protestan por silencio y puertas que desgarran mil sonidos bajo las pesadillas de los

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami