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La bondad no se negocia

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La bondad no se negocia

Fotomontaje de Delio Regueral

La bondad no se negocia
diciembre 24
00:21 2015

 

A lo que asistimos no es a una crisis monetaria y coyuntural sino a una crisis mundial de valores. Luego de la caída del muro de Berlín, parecería que el pensamiento de David Ricardo y Adam Smith fagocitó definitivamente el de Carlos Marx y se hizo omnipresente. Sin embargo, “periódicos” sismos de los mercados de valores (el tequilazo mexicano, los tigres de papel mojado asiáticos, los zig zag de la economía japonesa, el incongruente baile del oso ruso, el efecto tango o el desplome de Wall Street) pueden estar indicando que la economía mundial está asentada sobre bases movibles, que en un momento determinado pueden dejar en el piso los sueños de miles de millones de seres humanos.

Tal vez esas “volatilidades” estén dejando al descubierto que tanto Marx como Smith u otros se equivocaron en querer que toda la economía se ajustara a un determinismo esquematizado, una formulita sencilla, el automatismo del mercado o de la historia no se pueden dar por sentados. Ambos no pudieron vislumbrar el capital de alta gerencia de los países desarrollados, el comercio de intangibles, la mundialización y los primeras golondrinas de la Sociedad del Conocimiento. Ninguno pudo llegar a concebir que el mercado, más que gobernado por una dinámica interna, está supeditado a un entramado global de seres pensantes (la sociedad como ecosistema), que no podía asumir lo verdadero y valioso como lo que un cierto criterio momentáneo y sectorial considera útil y pagable. Nunca vieron funcionando la especulación en las bolsas de valores (capitalismo especulativo, capitalismo de casino) como el motor central de la economía, como impuso Wall Street. Pero además: ¿Qué lógica, es la que nos debe mantener indefinidamente en esta discusión del siglo XIX Ricardo-Smith-Marx en pleno siglo XXI?

Los llamados mercados de valores han sido y son sólo edificios para la puja y la concretización de ciertas especulaciones humanas, para fijar precios y ampliar ganancias, pero no para crear o acrecentar valores. Ello se reflejaría en que estamos comercializando cosas artificialmente valorizadas, con precios no sostenibles y artificialmente sesgados por los advertisements, valores de consumo irreales, etc. Se dice que una de las principales leyes del marketing es fabricar lo que se puede vender y no vender lo que se pueda fabricar. Ello niega todo el análisis de Marx, como de Ricardo-Smith. He ahí el SIDA económico, reflejado de una u otra manera en diversos puntos del orbe: la insinceridad de la economía, sus cálculos equivocados sobre los valores y su pretensión de inundar al mundo de cosas vendibles, aun al costo de enormes campañas publicitarias, venta engañosa de cuentecitas de colores, competencia desleal, monopolios globales, basureros que engordan, la mano interesada de los gobiernos, etc.

El mundo lo que está reflejando es un cansancio por los ganadores a toda costa, hacia banqueros que son peores que los peores usureros. Estamos ante una crisis de valores, pero no del valor monetario estrecho que los financistas y economicistas creen omnipotente, sino de valores integrales, intangibles, inalienables, que son la parte más importante de los valores que no se pujan en los mercados: la inteligencia, la precaución y la bondad humana.

La humanidad no es un negocio. La bondad no se negocia.

Sobre el autor

Andrés R. Rodríguez

Andrés R. Rodríguez

Andrés Rodríguez (Santa Clara, 1952) es licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Biología Marina. Es autor de los libros "Manual de campo del Atlántico Noroccidental", "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Breve Diccionario Pesquero", “Ecología actual, conceptos fundamentales” y "Fábulas vivas", entre otros. Actualmente es consultor para varios proyectos de pesca, turismo y medioambiente, periodista para TV Radio Miami y asociado de Leader Media Group en Miami, la ciudad en que reside.

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1 comentario

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