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La Cuba futura que nos merecemos

La Cuba futura que nos merecemos

La Cuba futura que nos merecemos
enero 14
13:39 2015

Ciento trece años desde que se izó por primera vez la bandera cubana en el Morro no pueden haber pasado en vano.

La Historia es una candente lección y no un pretexto para bibliotecarios.

A pesar de haber sido juguetes involuntarios en la Guerra Hispano-Norteamericana, en 1934 los cubanos logramos quitarnos de encima la Enmienda Platt, que tenía inquietos en sus tumbas a los mambises legendarios.

Inevitablemente, los males de aquella “seudo-república” condujeron al desenlace “revolucionario”.

Un pueblo amante de la libre empresa fue engañado a conciencia por Fidel Castro, ególatra pragmático, que se agarró del marxismo para justificar su papel como dictador “proletario”.

Irónicamente, él había dicho sobre el batistato: “Nos casaron con la mentira y no obligaron a vivir con ella”.

Creo que no habría mejor epitafio para estos 56 años transcurridos.

José Martí dijo: “Una sociedad sin crítica es una sociedad enferma”. Yo diría, a su vez: ha sido una sociedad sin diálogo.

Creo que esa es una de las claves principales para poder acceder al futuro que nos merecemos los cubanos, tras 56 años de monólogo totalitario.

Es absolutamente imprescindible un diálogo entre todos los cubanos, incluidos los comunistas honestos. No podemos caer en lo mismo que ellos, que se han considerado dueños de la verdad absoluta durante tantos años.

Tampoco podremos negar algunos logros sociales de la “Revolución”, pero teniendo bien claro que no se deben al socialismo como pretenden hacer creer Fidel y Raúl.

El socialismo es un concepto esencialmente económico, basado en la propiedad estatal sobre los medios de producción y servicios, donde el Estado deviene en un explotador más feroz que los propios capitalistas. Prueba de ello es la supresión de los aguinaldos y del derecho a la huelga; la apropiación de la plusvalía de cada trabajador a todo lo largo y ancho de la anti-república, el ocultamiento de los impuestos a los salarios, ya de por sí míseros, de donde ha salido el presupuesto para la supuesta “gratuidad” de la salud y de la educación (una de las más grandes mentiras de Fidel); y la total manipulación de los sindicatos por el Partido Comunista.

Este estado omnipotente y omnipresente controla a cada trabajador mediante el expediente laboral durante toda su existencia, sin posibilitar mejoras en su calidad de vida, pues comprar una casa o un auto han estado vedados siempre para el ciudadano común, que malamente ha podido comer y vestir, sin pretensiones más elevadas.

Entonces hay que convencerse de que lo que Fidel y Raúl han esgrimido como “logros del socialismo” no es más que la obligación de ese estado usurpador de todas las riquezas, de pagarle al pueblo la educación, los servicios médicos, deportivos y la asistencia a las casas de cultura, porque si no, sería el más grande ladrón de la historia.

Para colmo, al crearse el Mercado Paralelo en los 80’s, justificaban los altos precios diciendo que eran para compensar los subsidios a los productos básicos, y a los graduados de carreras universitarias les rebajaban el salario a 198 pesos durante dos años, arguyendo que era una forma de retribuir al estado por sus desvelos educativos.

Por lo tanto, si el Estado se queda con todas las ganancias de las empresas, más toda la plusvalía de los trabajadores, por fuerza tiene que tener un gran presupuesto disponible para todos estos “logros”, si además se pagan salarios y jubilaciones miserables, y se cobran altísimos precios en los mercados liberados todavía en pesos.

Algún día se sabrá cómo Fidel, Raúl y sus allegados han manipulado las divisas que han obtenido a costa de tener al pueblo sin comer langosta, camarones ni pescado de calidad, con la leche y la carne muy racionadas, así como vedando solo para el pago en divisas el disfrute de los mejores hoteles, playas y restaurantes, porque las cuentas no están nada claras.

Si como ha dicho, se vende el azúcar para importar petróleo, y la que queda se raciona, sin pagar el país sus deudas, ¿a dónde va a parar el resto de los ingresos por la venta del níquel, el cobre, el tabaco, el café, el cacao, el ron, la pesca, las medicinas y el turismo, si no se compra en el extranjero apenas ropa ni comida para el pueblo?

La historia no absolverá a Fidel Castro, sino que lo condenará además por la desaparición de Camilo, la manipulación del Che, el horror del Mariel y de los actos de repudio, el mal uso y la dilapidación de la “ayuda” de la Unión Soviética, y el escándalo de la droga cuando lo de Ochoa, así como por el cinismo en la manipulación de los balseros y en el oprobioso caso del hundimiento del remolcador “13 de marzo”, rematado todo esto por la condena de 75 disidentes a largas penas de cárcel y el fusilamiento de tres jóvenes que intentaron escapar de su “paraíso” secuestrando la lanchita de Regla, lo que contrasta fuertemente con los apenas dos años que estuvo preso cuando lo del Moncada.

Una vez que Dios y el destino nos libren del castrismo, debemos dejar a un lado los odios y los protagonismos intransigentes para comenzar a construir la patria nueva, “con todos y para el bien de todos”, como lo soñó Martí.

Ni seudo-república ni anti-república; ni capitalismo despiadado ni comunismo.

La cordura debe imperar en el necesario pluripartidismo que vendrá, y la salud, el deporte, la educación y la cultura deberán seguir siendo un derecho del pueblo, sin aplicarles los mecanismos del Mercado, que se deben reservar para la producción de bienes materiales y servicios, sin descartar la existencia de instituciones privadas de salud y educación para los que las prefieran y las puedan pagar.

Además del diálogo abierto y fluido, otra de las claves será el ejercicio sano y enérgico de la crítica, a través de la libertad de prensa y de expresión total que deben existir.

La libre competencia y el libre mercado deben garantizar a los consumidores la calidad y los precios asequibles que estos se merecen, y los sindicatos deben velar, independientemente del estado y de los patronos, por los derechos de sus agremiados, sin prestarse a manipulaciones.

No es una utopía pretender esto, los cubanos ya tenemos la suficiente madurez y experiencia para saber lo que queremos y lo que necesitamos.

La nueva constitución, elaborada sobre la base de la de 1940, debe prohibir las re-elecciones y establecer plazos de gobierno nunca mayores de 6 años, así como reducir o eliminar el ejército, dejando solo una policía eficaz y bien pagada, para que no se corrompa, y siempre sometida al escrutinio público.

La única tiranía deberá ser la de la opinión ciudadana, debidamente consultada y consensuada a través de Internet y de encuestas a la población, y entonces todos juntos, negros, mulatos, jabaos y casi blancos (por aquello de que el que no tiene de congo tiene de carabalí), cubanos hermanos por encima de todas las cosas, al fin seremos redimidos por nuestras propias manos, y demostraremos al mundo que la prosperidad de Miami será también la de La Habana y la de los restantes ciudades y pueblos de la entonces de verdad flamante y floreciente República de Cuba, con mayúsculas.

Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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1 comentario

  1. yo
    yo enero 20, 09:39

    Exelente articulo, Ojala y los cubanos de hoy podamos vivir en esa Cuba que describes, lo merecemos.
    Y que se acabe esa cruel dictadura a la que hemos sido sometidos tantos años,

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