Neo Club Press Miami FL

La entrevista

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La entrevista
marzo 08
20:17 2014

Personajes:

Trabajadora social, hermosa joven bilingüe, vestida apropiadamente.

Vieja, vestida en harapos, como la describe la trabajadora social. En la cabeza, un sombrero amarillo muy  deteriorado.

(Se sugiere se repartan tickets enumerados al público, reservando los números 17  y 18 para el personaje Vieja. De este modo el público también aguarda su turno para ser atendido por la trabajadora social).

Escenografía:

El escenario será una típica oficina norteamericana con el ambiente más artificial posible. Un buró en la esquina lateral derecha, repleto de papeles, libros idénticos o guías de teléfono, una lámpara para leer y un pequeño radio-grabadora que también da la hora. Un casete pregrabado en inglés dará, a mitad de la obra, una noticia sobre una catástrofe sísmica que ocurre en cualquier lugar remoto. Una máquina de escribir en una mesita al lado del buró de la trabajadora social con su correspondiente silla. Otra silla esquelética se colocará frente al buró de la trabajadora social para atender al público-caso. El trasfondo de la oficina está completamente a oscuras. Plantas artificiales adornan la oficina; la pared lateral derecha muestra diversos títulos universitarios bellamente enmarcados. Un fuerte olor a azucenas o a pino, echado a intervalos con latas de spray por la trabajadora social, inunda la escena.

La obra

Las oficinas de una agencia comunitaria de servicios sociales rebosan de personas que esperan ser atendidas por la trabajadora social. Son las diez de la mañana. Una algarabía sale de los salones congestionados. La lengua española enrarece el aire. El llanto de varios niños podría abrirse paso por entre las voces adultas. Alguien intenta sintonizar una sonata de Mozart en un diminuto radio portátil, pero termina sintonizando una apasionante radionovela. La algarabía, el llanto y la emisora producen un escándalo infernal. La trabajadora social, en la esquina derecha de la escena, habla por teléfono haciendo girar su silla de buró. Cuelga el auricular y mira unos papeles… En breve se levanta de su silla con una lista de nombres enumerados y se acerca al público…)

 

TRABAJADORA SOCIAL: el número 17…

 

(Se incorpora, penosamente, una vieja de evidente hispanidad que roza en los sesenta y que apenas puede abrirse paso)

 

VIEJA: ¡Aquí, aquí! Yo soy el 17, señorita… ¡Que no puedo pasar! Un momentico, por favor, por favor, déjenme salir que yo soy el 17…

 

TRABAJADORA SOCIAL.- ¡El 17, el l8, el 19, el 20!

 

VIEJA: ¡Ay, por Dios, que estoy trabada! Señorita, un momento, un momentico, que ya voy, que se me ha enredado esta jaba con la pata de la silla. Déjenme pasar, déjenme pasar… ¡Dios Santísimo, que ya llamaron mi número! Ya, ya, aquí voy, ¡Dios mío, qué gente ésta tan bruta!

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¡el 20, el 30, el 40!

 

VIEJA: ¡Ya van por el 20! ¡Señorita! ¿Usted no ve que llevo media hora tratando de pasar y estas bestias no me lo permiten? Yo soy el 17 y ahora es mi turno…

 

TRABAJADORA SOCIAL: (desde el escenario) ¿Usted tiene el 17?

 

.VIEJA: Si, hija, yo, el 17, San Lázaro, quién lo iba a tener, yo lo tengo, el 17, cómo no… Espérese que tengo el numerito metido aquí en las tetas (se busca en los senos)… Aquí está.

 

(La Vieja sube al escenario y le entrega el número a la trabajadora social)

 

TRABAJADORA SOCIAL: Bueno, siéntese. Ahora mismo la atiendo…

(Suena el teléfono de la trabajadora social. La trabajadora social coge el teléfono. Se inicia una conversación en inglés pero que apenas se escucha. La vieja se lleva una mano a la boca  y se empieza a comer las uñas. La trabajadora social, sin dejar de hablar por teléfono, la mira. La Vieja retira la mano de la boca al ser sorprendida. La trabajadora social se ríe a carcajadas y sigue hablando. Se siente el ronroneo del inglés. La vieja recorre con la vista las paredes de la oficina de la trabajadora social y la detiene sobre el título de Fordham University… La trabajadora social bebe una taza de café (de papel) mientras habla. La vieja enciende un cigarro enorme… La trabajadora social por fin cuelga)

 

TRABAJADORA SOCIAL: (hojeando unos papeles frente a la Vieja) Lo que le pasa a usted, señora, es que usted no reúne los requisitos para la ayuda que está dando el gobierno. Porque usted llegó hace muy poco de Cuba, ¿no es así?

 

VIEJA: Sí, hija, acabo de llegar, como quien dice. Pero Bebo todavía está allá…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿de Cuba me dijo usted que había llegado?

 

JOVEN: sí, de allí mismo. ¿Usted es también cubana?

 

TRABAJADORA: sí, pero yo llegué hace mucho tiempo, al principio de la revolución. Cuando yo llegué apenas había cubanos por aquí. Y mucho menos ninguno pidiendo ayuda social. A los cubanos no nos gusta tener que pedir ayuda al gobierno. Somos laboriosos, honrados, vivimos del sudor de nuestras frentes…los que llegan en la actualidad no hacen más que bajarse de los botes y ya marcan en la cola de los cupones de alimentos. No se acostumbre a eso, ¿me oyó? Que los cubanos no somos como los… (la Trabajadora Social no termina la frase)

 

VIEJA: ay, sí, en uno de esos botes que usted menciona llegué yo hace ya un año… ¡un año ya, Gran Madre Celestial! ¡Un año entero sin ver a Bebo!

 

TRABAJADORA SOCIAL:   se le ve, se le ve, se le ve que acaba de llegar. Yo de verla venir con esa jaba y con ese pelo enmaniguado y con esa vena latiéndole en la frente y con ese vestido carmelita y con esa blusa de nylon y con esa sofocación, de verla llegar nada más, desde que usted llegó y se sentó, me he podido dar cuenta de que usted no reúne los requisitos. ¡Ay, si usted hubiera llegado unos meses antes! Entonces sí hubiera recibido ayuda. Pero a usted se le ocurrió salir de Cuba después que la ayuda había sido cortada… ¡Usted debe estar loca!

 

VIEJA: Ay, sí, señorita, pero es que de Cuba uno no sale cuando uno quiere sino cuando se puede organizar la fuga…

 

TRABAJADORA SOCIAL: Y déjeme decirle algo: usted no sólo no califica para  eso que usted anda buscando, sino para nada. Aquí sí creemos tener un programa que regala espaguetis y refrescos de tilo al tiempo, pero el solicitante tiene que ser bilingüe y bicultural. ¡Ah, y el solicitante tiene que ser biconvexo! Y tiene que haber venido de Bielorrusia. 0 sea, que usted está, como bien usted ve, descartada. Déjeme ver sus papeles…

(La Vieja busca en la jaba unos papeles grasientos. Los mira y se los entrega a la trabajadora social. La trabajadora social mira los papeles y los va metiendo en otra jaba parecida como para deshacerse de ellos. La Vieja saca otros papeles, unos cartones, una tarjeta plástica, un abanico destartalado, un sobre aéreo, varias cajetillas de cigarros vacías, una carta de recomendación…)

 

TRABAJADORA SOCIAL:     Señora, escúcheme bien: lo que yo necesito es una

identificación suya… una identificación cualquiera, una aidí, algo que diga que usted existe, que usted es una vieja…

 

VIEJA: Espérese, espérese, por aquí tenía yo un papelito que me dieron en Pensacola que  decía que yo era una vieja horrible…

(La Vieja saca otros papeles, un pomo de culantro, un cupón de alimentos, una servilleta, una trampa de ratones, un cenicero, una hoja de periódico, un ala de un ventilador, un bombillo, una fotografía hecha pedazos, un caracol gigantesco…)

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¡Señora! Esconda, por favor, toda esa bichería …

 

VIEJA: (hablando para sí) Se me ha perdido ese papelito. ¡Y cómo yo lo guardé! Y cómo lo protegí del viento…

 

TRABAJADORA SOCIAL: mire, señora, a usted lo que tenemos que hacerle es un resume.

 

VIEJA: ¿un consumé?

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¡un currículum vitae!

 

VIEJA: Ay, sí, un consumé me vendría muy bien a esta hora.

 

TRABAJADORA SOCIAL: Vamos a hacérselo…Me va a tener que responder a unas cuantas preguntas.

 

VIEJA: a las que hagan falta, no faltaba más.

(La trabajadora social se levanta de su cómoda butaca y se sienta en la pequeña silla lateral  frente a una máquina de escribir. Pone una hoja en la máquina deleitándose con la exactitud simétrica de los bordes del folio. Termina de cotejar la hoja de papel e interpela  a la Vieja)

 

TRABAJADORA SOCIAL: nombre…

 

VIEJA: Lourdes Inés Matías Chava  (la Trabajadora Social entra la información que la Vieja brinda  tecleando en la máquina de escribir a una gran velocidad)

 

TRABAJADORA SOCIAL: dirección…

 

VIEJA: 4524 Bergenline Avenue, Apartamento 2-c. Union City, Nueva Yersi.

 

TRABAJADORA SOCIAL: estado civil…

 

VIEJA: casada, con Bebo. Bebo es como yo lo llamo cariñosamente, pero su nombre de verdad es Eusebio Mujal.

 

TRABAJADORA SOCIAL: religión…

 

VIEJA: ay, ponga la que usted quiera, católica yo creo, aunque también fui patiblanca. Ponga  Pentecostal. O lo que a usted se le ocurra. Eso nunca ha tenido para mí una gran importancia.

 

TRABAJADORA SOCIAL: número del Seguro Social…

 

VIEJA: ¡ay, Dios mío, pero cuánta información hace falta para que le den a uno un poco de caldo de pellejos! Espérese… (la Vieja busca en su jaba un cartón que trae inscrito el número) 26397382, ese es el número, aunque yo no veo muy bien…

 

TRABAJADORA SOCIAL: 23?

 

VIEJA: 82

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿82? ¡Señora! ¡Ay, ay, que le falta un número!

 

VIEJA: el número parece un 2, pero no lo es: es un 22. Mire, ponga el que usted quiera, ¿quién se va a fijar en ese número tan grande?

 

TRABAJADORA SOCIAL: educación…

 

VIEJA: (hablando para sí) Ay, Madre Santa, esto es una locura… ¡costurera! Sí, costurera. ¡Y la buena costurera que era! Graduada y todo, del Salón de Corte y Costura “El Tejido Mágico”, en Banes, Oriente…Y también fui maestra de costura. Pero ponga lo que usted quiera. Usted debe estarse burlando de mí. ¡Qué cantidad de trámites para tomarse una sopa!

 

TRABAJADORA SOCIAL: dirección postal de la escuela…

 

VIEJA: Carretera a Güines de Melena, kilómetro 2. Banes. Ya se lo dije.

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿Alguna especialidad como costurera?

 

VIEJA: sí, especialista en bordado interior de trajes de novia y capas de agua…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿maestras?

 

VIEJA: Varias. Cira Ernestina Matamoro, mi querida maestra de latín, si aún estuviera viva, ella le podría hablar de mí…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿asignaturas cursadas y aprobadas?

 

VIEJA: Mecánica, Zoología, Caligrafía, Ciencias Sociales, Cálculo, Latín…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿opinión de maestros, funcionarios y demás administradores sobre la graduada…?

 

VIEJA: excelente

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿fecha de graduada?

 

VIEJA: 25 de mayo de 1949

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿ha desempeñado algún oficio desde que llegó a los Estados Unidos?

 

VIEJA: ay, sí, he tenido dos trabajos, no muy buenos pero por lo menos para comer…

 

TRABAJADORA SOCIAL: dígame en qué ha trabajado  aquí. Empiece por el último empleo desempeñado…déme detalles.

 

VIEJA: mi primer empleo fue el peor de los dos: fui recogedora de mangles, troncos y desperdicios en el parque de los Everglades. También fui cazadora…

 

TRABAJADORA SOCIAL: cuáles eran sus responsabilidades en ese trabajo…

 

VIEJA: salíamos bien temprano a recoger las primeras hojas, lianas, culebras, tamarindos y trapos que hubieran caído dentro del pantano. Hundimiento de cara, axilas y manos  en  aguas putrefactas del pantano. Con un pincho enorme, yo era la encargada de recoger las botellas, latas, auras muertas, periódicos, condones y hasta los bilongos que los turistas habían lanzado a aguas del pantano el día anterior. También tenía que desecar las partes más cenagosas del pantano, que eran muchas…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿alguna otra responsabilidad en ese trabajo?

 

VIEJA: sí, por las noches, antes de irnos a la barraca, teníamos que acudir todas, con un gigantesco mechón, arpón y botas plásticas a cazar rana-toros. Continua vela, y encandilamiento del bicho con el enorme mechón, así como el lanzamiento de afiladísimo arpón sobre el carapacho de éste, una vez identificado el coso y encandilado como era debido…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿por cuánto tiempo desempeñó ese trabajo?

 

VIEJA: hasta hace muy poco, cuando enfermé de beri-beri.

 

TRABAJADORA SOCIAL: Ay, pero esa experiencia laboral no le va a servir aquí de mucho porque aquí no queda ni un pantano que desecar… ¿No tiene experiencia en una tienda de ropa o cuidando ancianos?

 

VIEJA: ay, menos mal que aquí no hay pantanos. Por eso mismo yo salí huyendo de la Florida. ¿Una tienda de ropa? ¿Y usted qué cree?

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿algún otro oficio?

 

VIEJA: sí, antes de ése, trabajé como despeluzadora de mangles, marabuzales y yerbas con espinas. En el río Mississippi. Mi supervisor era el señor Zimmerman. Ay, allí casi me muero. Yo tenía que salir con un machete y una jaba de nylon enorme a limpiar ese río que es muy grande. Me picaron infinidad de bichos que ellos decían que no picaban. Pero también tenían razón: alguien tenía que hacer ese tipo de trabajo…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ay, por Dios, señora…

 

VIEJA: sí, hija, así ha tenido que ser. Yo también traía un sueño cuando decidí venir a este país. No me importaba lo que tuviera que hacer. Por eso tenía que hacerlo…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¿cuál era su sueño?

 

VIEJA: comer, hija, comer. Y ahorrar todo lo que pudiera para traer a Bebo.

 

TRABAJADORA SOCIAL: no sé si este resumé le ayudará mucho. Mire, señora: aquí también tenemos un programa para personas de bajos ingresos, como usted, para inmigrantes recientes, como usted, que tengan un expediente limpio, como usted, y que no hayan  recibido ningún tipo de ayuda federal en su vida.

 

VIEJA: ¡ay, gracias a San Martín de Porres! ¡Ese es el programa que yo necesito! ¿Ya estará listo el consumé que usted me iba a preparar?

 

TRABAJADORA SOCIAL: aparentemente usted califica para ese programa, pero el programa requiere que usted cumpla con otros requisitos aleatorios: el solicitante tiene que tener alguna de las extremidades inferiores, de goma. ¿Ya ve? ¿Tiene usted alguna de las extremidades inferiores de goma o de algún material parecido a la goma?

(La Vieja se inclina y se mira los zapatos)

 

TRABAJADORA SOCIAL: Dígamelo porque ya estoy desesperada: ¿tiene usted alguna extremidad de goma? No la tiene. ¿Ya ve? Aunque éste no es el único requisito que deberá cumplir. Suponiendo que tuviera usted no sólo una sino las dos extremidades inferiores terminadas en duraderas prótesis, usted tendría que ser ciudadana americana. Y más aún: tendría que venir enyesada. Y hay otro requisito por acá: tendría que ser soltera. ¡Ah, y por acá hay otro requisito! Tendría que presentar pruebas de que nunca comió usted  lagartijas vivas. Y el otro requisito dice que usted tuvo que haber vivido, por lo menos dos años, en una cueva…Y el otro requisito, que es sin lugar a dudas el requisito más importante, dice que usted no puede ser una indigente…Este programa, para el cual usted obviamente no califica, es, además, de muy limitados recursos. El mismo le proveería (si calificara) de doscientos gramos de mantequilla. El pan va por su cuenta. Pero usted está, cómo bien usted ve, descartada…

(Se abre un silencio interrumpido tan sólo por los ronquidos de la Vieja y por el murmullo del radio. Pasan varios minutos. La trabajadora social sigue leyendo unos papeles. La vieja se ha empezado a engarrotar en su silla y comienza a soltar unos ronquidos verdaderamente monstruosos … )

 

TRABAJADORA SOCIAL: Pero aquí creo tener algo que le puede interesar: un programa  para mendigos…Déjeme ver si hay por casualidad algún requisito que usted no cumpla…No, talmente parece que usted reúne todas las condiciones: el solicitante tiene que tener más de cincuenta años, debe caminar, todavía, derecho, y debe mover la cabeza con furia hacia ambos lados…

(La Vieja empieza a mover la cabeza con furia hacia ambos lados a la vez que crecen los ronquidos en intensidad)

 

TRABAJADORA SOCIAL: el solicitante también deberá escupir incesantemente…

 

(La Vieja escupe en todas direcciones sin dejar de mover la cabeza con furia en medio de unas convulsiones y unos temblores)

 

TRABAJADORA SOCIAL: y deberá repetir la frase: “Mándame la muerte,Todopoderoso” en lastimoso estado…

(La Vieja se tira al piso, junta las piernas y se muerde una mano. La trabajadora social se inclina sobre el buró, mira a la Vieja que ha empezado a repetir la frase “Mándame la muerte, Todopoderoso” y sube el volumen del radio. El radio habla de una catástrofe sísmica)

 

VIEJA: (desde el piso) ¡Mándamela, sí, mándamela!

 

TRABAJADORA SOCIAL: (inclinándose sobre su buró) Los ronquidos que el solicitante deberá emitir no excederán, en ningún caso, los doscientos decibeles…

 

(La Vieja aminora la intensidad de los ronquidos. La trabajadora social apaga el radio)

 

TRABAJADORA SOCIAL: (con voz más apaciguada e inclinándose sobre el buró) ¿Señora? ¿Usted está todavía ahí?

 

VIEJA: Aquí, hija, sí, aquí…pero Bebo todavía está allá.

 

TRABAJADORA SOCIAL: (girando su silla) ¡Qué dichosa se ha puesto! Este programa del que le hablo le permitiría comer picadillo y un ramajazo de berro a un precio muy módico. ¿Qué le parece? Los hispanos en este país, señora hermosísima, estamos para ayudarnos los unos a los otros. (Con las piernas sobre el buró y las manos detrás de la nuca) ¿Usted está oyéndome? Para formalizar su solicitud deberá llenarme esta planilla y deberá entregar tres fotos tipo pasaporte con fondo claro y sin retocar…Déjeme tomarle los datos.

 

TRABAJADORA SOCIAL: (ahora bebiendo el café y hojeando varios pliegos amarillos) También deberá sacarse las huellas no sólo de las manos sino también de los pies y del borde del culo, así como una radiografía de la masa encefálica y una placa del duodeno…

 

VIEJA: (en estado agónico y desde el otro lado del buró) Yo no tengo duodeno…

 

TRABAJADORA SOCIAL: Deberá presentar el recibo de la luz, el del gas, el del teléfono y el de los impuestos. No vaya a olvidar la fe de matrimonio ni el acta de la policía que hable de su conducta ejemplar en la mendicidad …

 

(La trabajadora social termina la tasa de café y lanza el recipiente sobre la Vieja.)

 

VIEJA: (con voz agónica) Ay, sí, yo siempre he sido una mendiga ejemplar…pero Bebo siempre ha sido un caballero…

 

TRABAJADORA  SOCIAL: ¡Ah, y no olvide traerme una copia del título de la escuela! Sin el título nada se podrá hacer. ¿Usted está todavía ahí?  Le voy a dar una cita para que me traiga todo ese destripajamiento y todos esos  papeles: el día primero del mes entrante, a la una en punto…

 

VIEJA. (moribunda): Si usted quiere yo espero esa fecha aquí tirada al pie de su buró…

 

TRABAJADORA SOCIAL: ah, se me olvidaba ya lo más importante… Debera traerme un money order por 50 dólares. No aceptamos ni sellos de correos ni estampillas de alimentos ni nada que no sean 50 dólares. Y ahora usted se me va corriendo.

 

VIEJA: (arrastrándose por la pieza) ¿Y para qué son esos cincuenta dólares, señorita?

 

TRABAJADORA SOCIAL: Ese es el honorario, el  fee  es  para procesar su solicitud…Y no me vaya a decir usted que no tiene el dinero de ese fee porque para decir que no tiene el dinero de ese fee tiene que pagar otro fee y tiene que llenar otra solicitud para que el estado los pague por usted…

 

VIEJA: ¿Fiis ha dicho?

 

TRABAJADORA SOCIAL: (con las piernas sobre el buró y limándose las uñas) Y cada vez mayores… ¿No sabía usted que hasta la libertad tiene un precio exacto en centavos y en dólares?

 

VIEJA: (delirando y sin dejar de arrastrarse por la pieza) Ya veo, ya veo, hasta la vida tiene un precio en dólares, igual que las pizzas, igual que el bacalao. Ya yo lo sabía. Porque así mismo me lo había dicho mi hermana de Miami: “el día que amanezcas aquí sin dinero podrás descontar ese día del cúmulo de días de tu existencia. Porque ese día no has existido”. Antes, antes, cuando yo era una mujer de verdad, cuando el mundo era un mundo verdadero, cuando la vida era un derecho y no un privilegio como hoy, yo era feliz…Yo me levantaba al amanecer y daba de comer a las palomas…Y regaba los gladiolos. Y Bebo dormía. Y yo caminaba hasta la arboleda en sombras. Y la yerba crujía  inocentemente bajo mis  pies. Y sentía el escándalo de los gallos y de los mangos de injerto. Y yo sabía que aquella felicidad no podía ser duradera. Bebo me amaba. Y yo caminaba por entre las sombras sabiendo que Bebo me amaba. Y yo lo amaba a él más todavía. Y yo lo miraba y mirándolo me daba cuenta de que tanta felicidad no podía ser eterna. Y Bebo loco queriendo venir para acá, para el Norte. Y yo ciega, loca, loca por irme adonde él escogiera. Y vine. Y él no pudo salir. Y yo ya sabía que no nos íbamos a ver más nunca. Porque me lo decían las sombras. ¿Y a  ti no te lo decían las sombras, Bebo? Y Bebo se revolcaba sobre las sábanas tibias. Bebo, Bebo, ¿no era cierto que de antemano sabíamos que si nos separábamos por un instante que fuera no nos íbamos a ver más? Y tú me decías que no, que yo estaba loca de remate, que en el Norte seríamos felices. Nunca estuve tan cuerda. Y yo te besaba levemente, casi sin rozarte, y salía huyendo otra vez hacia las neblinas de la arboleda. ¿Te acuerdas? Y tú me decías que me iba a morir de una pulmonía… Y yo me desnudaba en la espesura sabiendo que toda aquella calma, que toda aquella plenitud era fugaz, pasajera, irreal. ¿Verdad, Bebo? No me lo creas si no quieres, pero yo sabía que bailábamos frente a una trampa armada por Dios…Desde que se te metió la idea en la cabeza de venirnos para el Norte ya no teníamos escapatoria. Cuántas noches pensando en cómo se manifestaría el espanto; cuántas noches sin llegarlo a imaginar…Yo sé que tú me amabas, pero nada hubieras podido hacer por evitarlo…Porque ya se te había metido en la cabeza la idea de irnos de allí. Cuando me dijiste en la laguna: “sólo la muerte podrá separarnos”, cuando me dijiste eso, la Muerte lo escuchó todo. Y desde entonces trató de eliminarnos. No me mires ahora, Bebo. Ya han pasado tanto tiempo. Ya yo soy una vieja. Y fea. Y no me toques el pelo, que se te van a arañar las manos… Bebo, déjame tranquila. No quiero ni que me mires. ¿No te das cuenta de que soy una vieja carrasposa y patética? Tú, en cambio, sigues hermoso. Cuéntame qué fue de tu vida desde que nos separamos…cuéntamelo todo. Yo te he seguido amando en medio de una desesperación venenosa, en medio del vendaval de furias que me invaden… Dime en qué casa te refugiaste y dime cómo es la mujer que encontraste… pero dímelo ya porque el tiempo apremia… ¿Cómo me ves? ¿Qué te parezco? Habrá pasado un año desde que nos vimos por última vez. Tendremos que hacer de ese año, cinco minutos. Nada de lo que ocurrió, ocurrió. Nada. Ni es verdad que saliste en una lancha a encontrarte conmigo…Eso no puede seguir siendo cierto. Ni es verdad que una tormenta te hizo naufragar. Porque no podemos aceptar las cosas que van más allá de lo horrible… En realidad saliste a ordeñar las vacas. Y ya has regresado. Y yo nunca me he ido. Eso es todo. Tendremos que olvidar el tiempo. No digas nada: debes estar muy cansado. Duerme que yo te voy a preparar el desayuno, el pan con mantequilla y el café con leche. Habrá que empezar de nuevo…

 

TRABAJADORA SOCIAL: Señora, por favor se lo pido: ¡Tiene que retirarse enseguida!

 

VIEJA: la ropa de cama está toda limpia; las sábanas son las mismas que dejaste aquella mañana, sin tender siquiera. De cierto modo me imaginaba que siempre te habías acabado de levantar y que estabas en el potrero ordeñando las vacas…

 

TRABAJADORA SOCIAL: (dirigiéndose al público) ¡El próximo no podrá pasar hasta que esta señora no se vaya!

 

VIEJA: yo no haré ruido para que descanses unas horas…

 

TRABAJADORA SOCIAL: (por teléfono) ¡No se quiere ir de mi oficinal! ¡Lleva una hora mortificando y diciendo!

 

VIEJA: iré a casa de Eduviges a darle la gran nueva de que has regresado vivo. Y de paso tal vez me llegue a la bodega. Duerme. Nadie te vendrá a molestar…

 

TRABAJADORA SOCIAL: (por teléfono, hablando con su supervisor) ¡Esto es el

colmo! Y nadie quiere llevársela de aquí…Dígame usted lo que debo hacer porque sin su autorización yo no me atrevo a hacer nada …

 

VIEJA: Ya estoy desnuda, desnuda, atravesando las neblinas y las sombras… Bebo duerme. Nunca nos separamos. Habrá pasado infinidad de tiempo para el mundo; para mí, un segundo…

 

(La Vieja trata de quitarse la ropa y en el intento, muere. En la caída emite un último quejido mortal. Se enciende un spot-light azul sobre el cuerpo de la Vieja que yace tirado a la larga sobre el piso, entre su ropa raída. Un spot-light amarillo cae sobre la trabajadora social, quien se ve completamente abatida).

 

TRABAJADORA SOCIAL: ¡Llame a los guardias de seguridad! ¡Pero sáquela de aquí! ¡Haga usted algo, por favor! Esta señora no se quiere levantar del piso, dice que va a esperar la cita que yo le di para el próximo mes echada al pie de mi buró!

 

VIEJA: (en forma de espíritu y ahora bajo un spot- light violeta que le da un aspecto irreal, levantándose del piso como en cámara lenta, imitando el alma en el instante en que abandona el cuerpo sin vida)  (levitando y sin que la Trabajadora Social parezca advertir su discurso): Libre, coño, libre al fin, sin tener que mendigar ya ningún tipo de ayuda… Ah, yo, ya, desencajada de todo este martirio, de esta afrenta, muerta sí pero sin amos, o sea viva, muerta, sin tener que exhibir ya ninguna de mis vergüenzas más dolorosas. Esta era la ayuda  que en realidad yo andaba buscando… Heme aquí, Bebo, flotando, más allá del horror, sobrevolando la Gran Miseria que esta trabajadora social representa… mírala cómo se siente todopoderosa, plenipotenciaria, en posesión de todas las riendas, ¿no te da risa? No le hagas el menor caso, ella es sólo un mecanismo de una miseria superior incluso a ella… Ríete tú porque tú sí te salvarás de esta trampa.

 

TRABAJADORA SOCIAL: (colgando el teléfono, implorando al cielo, de pie frente al buró): Ay, que se la lleven, ay, que se la lleven ya, ay, que se abra la tierra y se la trague…

 

VIEJA: Ay, Bebo mío, tú ciego, sin imaginarte siquiera cómo era el lugar de tus sueños. No podías imaginártelo porque para imaginártelo tenías que padecerlo primero… ¡Ay, Madre Santísima! Tú, loco por irte de allá, dispuesto a dejarlo todo, hasta a mí, sin sospechar la cantidad de bandoleros que habitaba tu paraíso… Allá por lo menos podíamos exhibir una infelicidad y un dolor, pero también una autenticidad y un rostro. Pero aquí ni siquiera eso. Aquí no hay lugar donde esconder tanta miseria. Y tú soñando con venir para acá y la trabajadora social esperando por ti, parapetada ya, hermosamente ataviada ya, tras su impenetrable buró de yeso…Tú soñando con la Yuma, con la libertad, sin saber que la Yuma y la libertad sólo existen para los que se quedan allá, para los que no salen de allí nunca. Porque la Yuma es un mito que estalla en la cara de todos los que logramos llegar vivos… Por eso no vas a venir tú para acá, mi Bebo del alma. Ni ahora ni nunca. Porque yo los conozco. Y lo que yo pueda hacer para evitarlo, lo haré. Sólo te pido que no te muevas de donde estés a estas horas. Que hacia ti voy yo volando a encontrarme contigo…

 

(El espíritu de la Vieja sigue hablando con Bebo en imperceptibles murmullos desde el fondo de la escena) (El spot-light violeta que la ilumina empieza a apagarse gradualmente hasta que se apaga del todo y sus murmullos dejan de oírse, quedando el fondo de la escena completamente a oscuras) (La luz amarilla que cae sobre la trabajadora social se hace cada vez más densa)

 

TRABAJADORA SOCIAL: (abatida) ¡el número 18! ¡el número 18…! (subiendo el tono) ¡ay, el 18, cojones! (gritando) ¡El 19, el 20, el 40, el 1,000!

 

VIEJA: (voz de otra Vieja ¾-la  misma¾  desde el público) ¡Aquí! ¡Aquí! Yo soy el 18,  señorita, yo lo tengo… ¡Que no puedo pasar!  Un  momentico, por favor, que se me ha enredado esta jaba con la pata de la silla…

 

TRABAJADORA SOCIAL: (mirando al público con ojos fruncidos y levantándose de la silla) (hablando para sí) Dios mío, pero si vienen en serie: jaba y coraza, el mismo pelo parado de punta, la misma vena latiéndole en la frente, la misma sofocación y el intolerable vestido de poliéster y la blusa de nylon…de verla nada más ya sé que ésta tampoco me califica…

 

(TELÓN)

Sobre el autor

Miguel Correa Mujica

Miguel Correa Mujica

Miguel Correa nació en Cuba, al centro de la isla, en 1956. Estudió Lengua y Literatura rusas en la Universidad de La Habana. Llegó a los Estados Unidos en 1980 y en 1983 publicó "Al norte del infierno". Se doctoró en Lengua Española y Literatura Hispanoamericana en el 2003, por la City University of New York, donde se desempeña actualmente como profesor. En el 2006 apareció su novela "Furia del discurso humano". Obtuvo la Beca Cintas de literatura. Reside en Estados Unidos.

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1 comentario

  1. Callejas
    Callejas marzo 11, 08:25

    propongo a los dramaturgos y teatristas de Miami montar en sus enlatados espacios esta obra esencial

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                Ándese sobreavisada la noche tan permisora de este bufón aburrido buscando quien lo contente. Trastoca las prioridades y a quemarropa dispara estrellas

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  Baltasar Santiago Martín

¿Suicidio?

Baltasar Santiago Martín

  En memoria de Juan O’Gorman             No entres al río con los bolsillos llenos de piedras como hizo Virginia; antes que suicidarte, arrójale las

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