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La esclavitud aplaudida

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La esclavitud aplaudida

La esclavitud aplaudida
octubre 07
11:37 2015

 

Puede asegurarse ya, sin grave riesgo de error, que en enero próximo lanzará Castro su gran ofensiva en busca de relaciones comerciales con Norteamérica, que es la única tabla de salvación que le queda.

La oferta consistirá en anunciar unos cambios que en el fondo  serán muy poca cosa, pero se prestarán para dar la sensación de que en efecto el Zar Antillano pone en práctica una modificación sustancial de su régimen.

Modificación, transformación, o evolución, son sinónimos de perestroika. Él va a hacer finalmente su perestroika, a su manera, a su conveniencia, pero afirmará de nuevo, al lanzar la oferta,  que desde hace tiempo él tiene implantada y en marcha una transformación mucho más amplia y profunda que la de Gorbachov.

Los preparativos para la “sorpresa” de enero son tres, fundamentalmente: cambios en el gabinete, sustituyendo a los intransigentes por figuras nuevas, no dogmáticas, que traen nuevos programas para la economía y para la educación; aumento de la propaganda internacional, iniciada con la entrevista de García Márquez, para persuadir a todos de que el poderío militar y la  popularidad de Castro son tan grandes, que es inútil seguir esperando una caída por rebelión interna; y finalmente, defensa descarada de la limitación de las libertades, a la luz del argumento del bienestar popular, de la igualdad reinante en Cuba, y del alto nivel de sanidad pública y de educación.

Esto último, que es falso en el fondo, tiene  sin embargo  prestigio suficiente para conseguirle a Castro el perdón por la dictadura aun en medios y personas sinceramente demócratas y liberales. “Es cierto, dicen estas personas, que en Cuba no hay  libertad, pero en cambio no hay niños con hambre, como en Colombia, en Brasil, y en los mismos Estados Unidos. En ciertos barrios de Nueva York, de París, de Londres, se ven  cuadros  de miseria que no se ven en La Habana. Los cubanos están pagando  la pérdida del disfrute de la libertad formal y de los derechos del hombre, con el bienestar  de todos, sin distinción de castas ni de razas”.

Hay que concederle a esta explicación para justificar el terror y la dictadura, todo el valor que tiene. Todavía convence a muchos  desconocedores de la verdad de Cuba antes del desastre la versión difundida por el comunismo internacional de que aquello no era más que una colonia y un prostíbulo de los yanquis, quienes eran los amos absolutos. A eso se añade que no había  escuelas públicas que sirvieran, ni atención médica y sanitaria para el pueblo. Como guinda o colofón de este cuadro se propagó por el mundo la especie de que hay, es verdad, ciertas dificultades, pero se deben al bloqueo norteamericano. Y como nadie se detiene a considerar que llaman bloqueo a la falta de comercio con Estados Unidos la falacia del bloqueo sigue dando frutos. La conclusión es esta: el pobre Castro ha hecho mucho; y si no hace y consigue más es porque los malditos yanquis, que sueñan con invadir a Cuba y apoderarse de la Isla, lo obligan a mantener en pie un ejército enorme. Toda la culpa es de los norteamericanos: si no hay libertades, si no hay ropa, “si no hay” es la frase que se oye más en Cuba, sólo hay un culpable: Estados Unidos, que quiere  esclavizar “de nuevo” a Cuba, ofreciéndole a cambio a los cubanos mantequilla y zanahorias.

En los medios cubanos de comunicación son recogidos diariamente los testimonios  de visitantes y cooperadores procedentes de todas partes del mundo, que coinciden  en el mismo punto: a pesar de las dificultades, el pueblo está muy contento, y es evidente que todos aceptan sin sufrimiento la pérdida de la libertad a cambio de la igualdad y de la comida, poca o mucha,  compartida entre todos.

Es lo del perro flaco que se encuentra con el colega gordo. Pero al revés de lo que se decía en aquella fábula –que el flaco ve en el cuello del gordo la marca de una cadena, y se felicita de pasar hambre, pero ser libre– el régimen  cubano se las arregla para transformar el oprobio máximo que es la falta de libertad en algo insignificante y subordinado a bienes mayores. Y como tristemente es cierto que hay demasiada hambre en el Mundo Libre, el Zar Antillano se siente tranquilo y hasta feliz. Si la esclavitud es voluntaria, parece pensar, nadie tiene que entremeterse ni criticar.

El pretexto, la coartada de la invasión norteamericana, no tiene ya ni la milésima de fuerza que tuvo. Pero la coartada del esclavo que aplaude sus cadenas y nadie tiene que meterse, sigue dando buenos resultados. “Sarna con gusto no pica; y si pica no mortifica”, decíamos antes. Para la democracia y la libertad en América no hay mayor amenaza que ésta. La comida  y la justicia existen sólo en el papel, pero la gente parece contentarse con las  promesas.

  Una primera versión de este artículo apareció en 1990. Cortesía El Blog de Montaner

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Sobre el autor

Gastón Baquero

Gastón Baquero

Gastón Baquero (Banes 1914 – Madrid 1997). Poeta y periodista, considerado un clásico de la literatura cubana con poemarios como "Memorial de un testigo" y "Saúl sobre su espada", autor de las revistas Orígenes y Espuela de Plata, se exilió en España en la primavera de 1959, tras el ascenso al poder del castrismo.

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