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La esclavitud olvidada

La esclavitud olvidada

enero 13
16:54 2013

EsclavosEl fenómeno del secuestro, desarraigo, venta y explotación de los seres humanos es tan antiguo como el origen de la especie. Todas las razas se expoliaron de esa forma a sí mismas y a otras, sin que mediara el menor escrúpulo. La tendencia a acusar a un determinado sistema económico de ser el gran culpable de un proceso de explotación de la mano de obra esclava africana sólo tiene visos de verdad en el aspecto del siniestro nivel de eficiencia que pudo lograr el naciente capitalismo en tan cruel mercadeo. Aceptémoslo, mas sin olvidar que había sido antecedido con creces por el mundo musulmán y continuado mucho después que en el siglo XVIII fueran los mismos capitalistas los que le pusieran forzoso fin  a todo tráfico y venta de esclavos.

Los estudios históricos modernos nos revelan que el comercio de esclavos dentro de África ya era un asunto de rapacidad local más que asentado en la cultura y las costumbres de sus estados, reinos y tribus. Diversos imperios africanos fueron creados por razas guerreras en el África Ecuatorial con el único fin de vender a sus súbditos como esclavos, primero para el mundo islámico, y sumándole mucho más tarde la Trata con rumbo a las colonias de América.
 
Y justo ahí aparece otro detalle irreverentemente singular para muchos:  a diferencia de las zonas poco pobladas que dejó el rapaz trasiego de esclavos de los árabes en el Este del continente, el Comercio Triangular de Europa a África, de África a América y de allí otra vez a Europa  facilitó la llegada de diversos cultivos americanos como la papa, el maíz y el maní, lo que aumentó la oferta de alimentos que permitió un natural crecimiento poblacional sostenido pese al espolio de habitantes por la venta como esclavos.

 Y hay otros embarazosos antecedentes. Cuando estos destinos hacia América y Asia aún no eran un hecho cotidiano, el temor a la fuga o rebeldía de lo hombres prisioneros en las constantes guerras africanas determinaba que muchas tribus que concluían capturadas sufrieran el despiadado exterminio de sus miembros adultos masculinos, quedando las mujeres y niños como dóciles esclavos para trabajar la agricultura. Aunque para muchos parezca irreverente o incluso maniqueo decirlo, lo que impidió su exterminio fue precisamente el pedido de africanos adultos masculinos para su exportación fuera del continente. Las tradicionales matanzas acabaron justo cuando se inició su cruel diáspora, primero hacia los mercados musulmanes y luego con el agregado de los americanos. Ante estos hechos, es realmente espeluznante pero rotundamente cierto concluir que, al volver más valioso a un hombre vivo que muerto, la esclavitud y forzoso desarraigo salvaron de la inmediata extinción en su propia tierra a millones de hombres.

Ante el conocimiento del milenario expolio de africanos arrojados al mundo musulmán y los confines de Asia, las consecuencias presentes de la gigantesca diáspora apremiarían a hacernos otras preguntas lógicas: ¿dónde están las comunidades negras en Asia? ¿Dónde las prácticas religiosas, los Orishas, los pataquines o leyendas orales, la música, lenguaje, costumbres y danzas que tan definidos se descubren y revitalizan en la actualidad en el continente americano?

¿Por qué no quedaron restos distinguibles de su cultura? ¿Por qué, al igual que en América, no sobrevivieron comunidades africanas en Asia? Y ya abordado tan escabroso asunto, ¿por qué tampoco quedaron restos culturales distinguibles de millones de europeos que también sufrieron el mismo destino de servidumbre? Es precisamente ese número el que hace llamar la atención sobre el hecho de no distinguirse huellas visibles de su cultura en las zonas geográficas que constituyeron sus destinos finales.

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