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La estafa de los principios

La estafa de los principios

febrero 18
03:16 2011

Alan_Clements2En el año 1959, cual embrujo, Cuba quedó hechizada de una punta a la otra por lo que se definía entonces como el proyecto más humanitario que iba a gozar la nación desde su nacimiento republicano.

Hasta aquí no expongo nada nuevo, en todo caso estoy siendo repetitivo.

Sin embargo, lo particular de la patriótica arenga de aquel enero consistía en que por primera vez, acorde a las innovadoras teorías que sus apóstoles se encargaban de reproducir por orientaciones del estrenado profeta, íbamos a contar con Verdaderos Principios para desenredar la terrible madeja en que la Isla estaba ahogándose. Entre otras cosas, se ahogaba por carecer de auténticos Principios. Discurso cacofónico tal vez para quien esté ajeno a nuestra idiosincrasia, pero real.

Lógicamente, en número elevado, alarmante, muchos dieron por cierta la utopía maravillosa. A los pocos que no lo hicieron caro les costó el rechazo, ya fuese evidente o tácito. El hambre de ese entonces se resumía en la enfermiza prioridad de atiborrarnos con un “moderno verbo” batido por la corriente popular. Soflama que finalmente nos remitía a la lejana Francia girondina, donde toda propuesta revolucionaria era bendecida. No importaba que a la larga resultara peligrosa y sangrienta. El hambre, para suerte de los millones que aplaudieron en su momento entregándole “el yo y el alma” al líder, no fue de pan. Esa desgracia se hizo tangible para los que venimos después.

Cinco décadas más tarde, los otrora partidarios de la nueva ideología descubren con dolor que la tan cacareada obra, empedrada hasta el tuétano de buenas intenciones, fue incapaz de materializar las conquistas sociales por las que tanto había luchado un puñado de románticos con tendencias suicidas. Y los irrenunciables Principios devinieron terrible estafa que únicamente ha servido para manipularnos.

Hoy la Isla muestra índices económicos alarmantes. Ni vale la pena contabilizar lo que ha desencadenado la hecatombe socialista. El descontento, la abulia y la escasa motivación (por no decir la nula) para abrirse camino como profesional, o a través de la iniciativa propia (lo que igual es imposible debido al estrecho marco de movimiento que permite el régimen), se resumen en la escapada por mar o en un pasaporte de la Unión Europea. Atrás quedaron los tiempos en que a la gente se le inflamaban las venas del cuello gritando que la revolución era el más sagrado de los sueños y no preocupaba a nadie si para conseguirlo había que vivir en la miseria. Y lo más lamentable, pienso, es que en este momento Cuba no cuenta con una masa social dispuesta a ofrecer su aorta a relieve y quedarse ronca reclamando sus derechos.

Aun cuando corro el riesgo de contradecir a los más entusiastas, creo que, ya sea por la férrea represión castrista, o porque cada cual prioriza su sobrevivencia diaria ―lo que no da espacio a otras necesidades―, una revuelta por el estilo de las de Túnez y Egipto resulta improbable.

Por supuesto, no dejo de reconocer que si un minuto es propicio para que se desencadene un masivo motín en Cuba, es éste. Al menos, como se decía por allá, “las condiciones objetivas” para que acontezca una rebelión se van creando a un ritmo desconocido, ascienden desde los más insospechados estratos, y a lo mejor el ejemplo de otras latitudes prende. Un día cualquiera, sin que de por medio existan convocatorias o llamados a la desobediencia civil, puede que algo explote. Así de simple, de manera espontánea, repentina, aplastante.

Pero retomando los Principios (y Dios quiera me equivoque), nos engañaron a tal grado que hoy la sola mención de una causa razonable, incluso siendo diametralmente opuesta a los postulados “revolucionarios”, basada únicamente en la adopción definitiva de la libertad y de una democracia real, suena a canto de sirenas desafinadas y ofrece muy poca confianza, sobre todo a la juventud.

Si en Cuba llega alguien a pedirte sacrificio en nombre de la patria, lo tomas como un oportunista del que debes cuidarte. El concepto de “Principios” ha sido tan prostituido que el patriota de marras recibe por respuesta la sospecha y el rechazo. Los evangelistas de la revolución nos saturaron, y luego se han alejado tanto del origen de su demencial retórica que terminaron enfermándonos. De manera que hoy día, lamentablemente, a muy pocos mueven estas motivaciones. Un lastre que por desgracia las generaciones más recientes cargan sobre sus hombros. Cosa que los gobernantes de la Isla saben, y a lo que sacan provecho.

Nunca hubo mayor mentira, que rindiera tantos beneficios a sus promotores y sumiera en la miseria a quien la asumió como credo vital. Ideas que terminaron coartando el libre albedrío, desmereciendo el lado práctico que ha de servir a aquella sociedad que pretenda abrirse paso y desarrollarse. Principios que en el caso cubano fueron traicionados en su temprana edición.

La retórica es buena para los poetas del romanticismo tardío. Es por eso que hay que cuidarse de quienes van detrás de ideas plagadas de Principios que no pueden dejarse a un lado ni por un segundo, y por los que incluso sería mejor hundirse en el océano. Quien lo dude, remítase a la Historia, que lo ha probado con creces.

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