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La fusta, la bota y la mala idea

La fusta, la bota y la mala idea

La fusta, la bota y la mala idea
marzo 04
14:20 2015

La Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos prohíbe la creación de cualquier ley (…) que reduzca la libertad de expresión, o que vulnere la libertad de prensa (…)

Soy –me honro siéndolo– de los que disfruta las libertades tanto como de un buen jamón curado con un tinto del Rioja y una buena hembra para compartirlo.

Soy también –y feliz por serlo– de los que les deseo a todos la libertad para disfrutar de las libertades, y también que tengan la pitanza que les apetezca, la bebida que prefieran y la pareja que toleren.

Hago esta escuálida declaración de principios porque, haciendo uso de mi preciada libertad, me voy a ensañar en la libertad ajena.

En realidad, no tenía siquiera intención de hacer mención del asunto. Fue algo que leí, de pasada, y seguí mi  deambular por estos lares de la virtualidad, sin prestarle mayor atención; al cabo ya anda uno acostumbrado al estrambótico discurso de grupos, personeros y amanuenses afines al gobierno cubano, y debe quedar muy poco que me pueda sorprender. De hecho, ese texto que leí tampoco es algo excepcional; si en algo es notable, es por el Síndrome de Estocolmo que transpira, por esa inexplicable añoranza por la mano, la fusta y la bota que algunos aquende padecen.

Y entonces, después pensarlo de nuevo, regresé.

jorge-de-armas-iRegresé a decir mi parecer sobre un artículo publicado en Progreso Semanal, firmado por Jorge de Armas, titulado Cinco horas y 73 días después.

Mucho antes de que una amiga, asombrada por su lectura, me dijera, “Ni en Cuba escriben así…”, ya andaba yo manoseando un término para poder describir, con breve contundencia, este peculiar  fenómeno que parece estar proliferando al amparo de la maravillosa Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Hoy, pues, me parece un buen día para estrenar este mi neologismo: he aquí, entonces, la Granmatización.

Y esta es una buena ocasión para el estreno porque no había leído yo un texto, escrito en el extranjero, en los Estados Unidos, por un cubano residente acá que goza de los beneficios de haber sido recibido como asilado político por ser una supuesta víctima del desgobierno cubano, un texto, decía, que se pareciera más a los bodrios de Granma. No había leído yo, insisto, un texto tan lamentablemente granmatizado.

No me voy a extender sobre lo que ahí se escribe.

No voy a describir el arrobamiento del autor por el balbuceo del tirano, ni su idea de que –horrores se verán– el delfín que chilla es portador del proceso de transición, ni su manifiesta admiración por ver tanto anacronismo reunido en un solo lugar, ni la descabellada sugerencia de que esos espías mediocres pudieran ser el desangelado futuro político de una Cuba de pesadilla. Si alguien tiene suficiente interés y paciencia, puede intentar leer el artículo de marras y enterarse de los detalles.

Sólo diré que las celadas que tiende la nostalgia pueden oscilar entre el ingenuo clamor por carne de puerco con sabor a berrenchín y esmirriados ajos criollos, y el reclamo impúdico por  la mano, la fusta y la bota.

Digo, además, que se puede andar por esta vida granmatizando –¿por qué no?–; al cabo vivimos en los Estados Unidos y tenemos, había ya dicho, la protección de la Primera Enmienda.

Pero lo que no se puede hacer, lo realmente inconcebible, es que se abuse de la generosidad de este país, donde se disfruta de una vida plena, con toda la dignidad posible, que inclusive se jure lealtad a los Estados Unidos de América a cambio de una ciudadanía de primera, y que todavía se tenga la procacidad de apoyar y elogiar a espías que trabajaron precisamente en contra de este gobierno al que se juró lealtad, y a favor del gobierno del que supuestamente el autor tuvo que huir.

Lo que no se entiende, insisto, es que se tenga la mala idea de besar la mano, acariciar la fusta y lustrar la bota.

Y no se entiende porque, si se escoge escribir sin sonrojos, con la libertad que garantiza una enmienda, también es recomendable, y decente, honrar las lealtades que reclama un juramento.

………………………………

 Juramento de lealtad a los Estados Unidos de América

“Por este medio, declaro bajo juramento, que renuncio absolutamente y por completo y abjuro toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, de quien o del cual haya sido sujeto o ciudadano antes de esto; que apoyaré y defenderé a la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todo enemigo, extranjero y nacional; que profesare fe y lealtad reales hacia el mismo (…) que asumo esta obligación libremente, sin ninguna reserva mental ni intención de evasión (…)”

Sobre el autor

Alex Heny

Alex Heny

Habanero, hijo, padre, cubano, emigrante, escribidor. En ese orden, más o menos. Heny tiene esposa, tres hijos, un doctorado en Ingeniería y Ciencia de Materiales, y una gran disposición a opinar sin que se le pregunte. Actualmente vive con su familia en Long Island, Nueva York, ciudad donde edita el blog http://havaneroenny.blogspot.com/

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2 comentarios

  1. jose araujo
    jose araujo marzo 04, 19:29

    Hermano, que bien te felicito por tu articulo, yo la mayor parte del tiempo me frusto tanto con ese individuo que lo paso directo al toilet del olvido

  2. Diana
    Diana marzo 05, 19:14

    Como el hay cientos en este Miami..hipócritas descarados.

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