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La globalización improvisada

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La globalización improvisada

La globalización improvisada
septiembre 29
15:17 2015

 

Avanzamos hacia la globalidad improvisando, no estamos preparados para muchas cosas. En síntesis, se podría decir:

  • porque desde el inicio de la civilización hemos errado en comprender la funcionalidad de la vida, de nuestra propia vida y los mensajes cifrados en este mundo;
  • porque el llamado sentido común descansa en lo que ha sido usual y no en lo que parece más razonable en un contexto redimensionado. Así, se aceptan como lógicas la beligerancia y confrontacionalidad, cuando estas ya no tienen cabida en una civilización evolucionada, cuyo centro de gravedad debe estar alrededor del cosmopolitismo;
  • porque si bien la cultura y la ciudad son esenciales actos de convergencia, se les ha manipulado para resaltar en el grupo humano la permanencia individualizada o la divergencia;
  • porque hemos favorecido la cultura de la reacción y no de la previsión. Las sociedades, aun pretendiendo que se alimentan de la Razón, actúan de manera irracional y epiléptica, y así, los subsistemas previos no se transforman, gradual y amigablemente, en sistemas más funcionales;
  • porque no nos podemos enfrentar a una situación inédita en su esencia y escala con viejas herramientas melladas. Lo exitoso ha sido la jugada corta, ejecutada por individuos que pueden ser aventureros y cosechando monocultivos de inmediato. Necesitamos una emergencia espiritual para desembocar en concertaciones de individuos que se mueven por ideales, que jueguen anticipándose muchas jugadas y conformen sociedades conectadas en red, que cosechan frutos diversos después de un tiempo.

Tenemos un gran déficit de utopía, de maravilla, de creatividad, de metáforas. ¿Cómo es posible decir esto si hoy existen muchas más mentes educadas, pensantes y activas que en toda la historia humana previa? El hecho es que estas mentes están condicionadas por lo primero que aprendieron: vivir encerrados en un corral (al menos, así le llamaba mi mama a la pequeña prisión en que me ponían cuando infante). Y el resto de la vida respondemos a aquellas primeras impresiones como el perro de Pavlov. Era de esperar algo más en los orgullosos herederos de Prometeo.

Hoy se puede afirmar que no habitamos maravillas y metáforas. Sin embargo, la humanidad en su esencia, el propio pensamiento, el discurso de cada cual, todo es metafórico.

La modernidad tiene muchas cosas reconfortantes. Si escarbamos un poco en la historia, se hace evidente cómo vivía un ser humano en etapas previas; por ejemplo, una sucia ciudad medieval o un polvoriento suburbio en las etapas tempranas de la industrialización. Nuestro problema actual es que las metáforas ya no alcanzan para los saltos subsiguientes, están monopolizadas y son pocas y cortas.

Una dictadura no es más que el monopolio de lo metafórico. Entonces existe una gran única metáfora permitida, aquella que creó el gran Señor, el Líder, el Partido, o el Gran Hermano. En épocas y países bajo una dictadura, puede entenderse un empobrecimiento de planteamientos, de creatividad, de generación de metáforas. ¿Es posible que ello se plantee en un mundo como el actual? Afirmativo, porque realmente estamos bajo una dictablanda: la que quiere imponer como único modelo de éxito al que es exitoso financieramente y que como ser pensante se compone de individuos que se someten a vivir en pequeños feuditos. Y feuditos son ideas encerradas en pequeñas cajas, el corral, el aula, la asignatura, la carrera, el departamenteo, el ministerio, mi propiedad, el partido o Hollywood haciéndonos ir al cine como si fuéramos a un culto, pero en este caso un mil veces repetido culto a la violencia. La metáfora que ahora requerimos ya no es eso, es red, es unión de partes, es melting pot, es síntesis, es símbolo cabalgando en el horizonte.

El Homo sapiens evolucionante ha ido histórica y trabajosamente haciendo atrerrizar metáforas parciales, edificando una constructo civilizatorio, en el que juega papel a la vez de sujeto y objeto biológico, que evoluciona hacia lo biológico-cultural, que ahora está deviniendo en ser cultural-biológico y sentando las bases para luego evolucionar como virtualidad, en un plano meta-biológico. Pero la talla de esas metáforas no alcanza para tumbar una estrella, y eso es lo que estamos necesitando ahora.

Ese largo y costoso aprendizaje, y la desesperante inercia actual, no es privativa del ser humano. Es parte de cómo lo vivo se asegura y duda antes de saltar hacia la mas-vida, como le llamara Theilhard de Chardin. Porque la vida es a la vez conservadora e innovadora.

Lo vivo, para cambiar o evolucionar, primero se mueve en el sentido de crear una masa, se multiplica, se clona, lo que aporta un cuerpo central, un pool genético de la masa. A la vez “permite” que algunas opciones periféricas a ese centro hagan ensayitos y ensayos. Es decir, la masa, acomodada en el centro, deja que se sacrifiquen una y otra vez, sin dudarlo, los más decididos proponentes del cambio (los podríamos llamar mutaciones genéticas, vanguardias, locos, revolucionarios o evolucionarios).

Una de las cosas mas sorprendentes de la condición humana es que aun teniendo evidencias de lo anterior o sabiéndolo a plena consciencia, algunos individuos se salgan de la masa. ¿Cuántas veces nos quedamos con la boca abierta al ver al osado pegarse unas alas en su espalda y creer que puede besar el Sol? De cualquier larga fila de individuos marchando adocenados puede nacer un héroe contestatario. Incluso en medio del oscurantismo, hay seres humanos que tiene luz propia y en las más duras condiciones se pueden ofrecer voluntariamente para vehicular el cambio, sea cual sea el costo. Por ello, aunque la inercia a veces sea demoledora, ha aparecido y siempre emergerá al menos una propuesta alternativa y un Ícaro innovador.

Nuestro problema actual, abocados como manada en estampida a esta globalización indetenible, es que no tenemos plan maestro para enfrentar el alud global. El mundo global es el resultado de una serie de improvisaciones, no hay grupo humano que lo esté pensando con la seriedad que el asunto requiere. La globalización es puro pragmatismo.

Es que ahora hace falta acopiar mucha más energía para saltar evolutivamente de la que era necesaria en etapas prehistóricas o históricas. No es lo mismo crear opciones a partir de grupos humanos nómadas, relativamente aislados, sobreviviendo como podían desperdigados por sobre el planeta, que ahora, cuando somos una masa de más de 7000 millones interconectados y habilitados con flechas con punta nuclear y dura tecnología que puede hacer hervir la atmósfera. En estas circunstancias, las inercias biológicas, culturales y étnicas atadas a una geografía y ecología local, se reafirman en su tarea de sacrificar las opciones innovadoras. La masa consumista sacrifica a los que llaman a no engordar.

No puede generarse un intento alternativo de organización de un sistema global, que se independizara de los determinismos históricos, geográficos, ecológicos o económicos, para entonces moverse con alto vuelo a escala planetaria. No se puede construir futuro sobre la base de modelos que entendemos como lógicos o racionales, en los que, por ejemplo, necesariamente a los depredadores se les supeditan todos los conformadores de un ecosistema o necesariamente somos miembros de tribus y los jefes tribales tendrán buen cuidado de que nadie tenga mayor estatura que la de su pequeña humanidad.

Si permitimos que lo tribal, medieval o inercial nos continúen dominando, podremos perder el tren del futuro.

Sobre el autor

Andrés R. Rodríguez

Andrés R. Rodríguez

Andrés Rodríguez (Santa Clara, 1952) es licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Biología Marina. Es autor de los libros "Manual de campo del Atlántico Noroccidental", "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Breve Diccionario Pesquero", “Ecología actual, conceptos fundamentales” y "Fábulas vivas", entre otros. Actualmente es consultor para varios proyectos de pesca, turismo y medioambiente, periodista para TV Radio Miami y asociado de Leader Media Group en Miami, la ciudad en que reside.

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1 comentario

  1. Christiana
    Christiana abril 28, 01:39

    I can’t hear anityhng over the sound of how awesome this article is.

    Reply to this comment

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