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La Habana, gran ausente en el top de las ruidosas

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La Habana, gran ausente en el top de las ruidosas

La Habana, gran ausente en el top de las ruidosas
mayo 30
14:21 2016

 

La Habana no ha sido incluida en el top de las ciudades más ruidosas del mundo. Pero ello no significa que no alinee entre ellas, sin la menor duda. De la misma manera que Tokyo, New York, Buenos Aires o Madrid fueron sobresaliendo por sus altos niveles de ruido, vinculados con los avances de la civilización, en nuestra capital burbujea la bulla, en creciente alza, debido a una perenne recesión económica y cultural que la aleja, paradójicamente, de las más ruidosas.

Frente al dato mundialmente aceptado que identifica a las zonas céntricas como las más ruidosas de las ciudades más ruidosas, en La Habana los mayores índices de algazara, grosería y alboroto se localizan en la periferia. ¿Será que el régimen, de igual forma en que margina y oculta todo lo inconveniente, también trata ahora de ocultar nuestra condición de mayúsculos vociferantes?

Si es así, respondería a un nuevo plan, que debió ser incluido entre los Lineamientos que dice estar aplicando en los últimos tiempos. Porque hasta donde tengo noticias, el rebullicio y la cañona verbal (junto a la física), siguen formando parte de su estilo para imponer el dominio político, y continúa siendo exhibido a plena luz, sea en la Plaza de la Revolución o en la Quinta Avenida, entre otros lugares que bien conoce y que hoy mucho visita el turismo extranjero.

Pero de improviso se han dado a clavar vallas en algunos lugares públicos con la advertencia: “El ruido también ensucia”. Desde luego que los espacios escogidos para tales emplazamientos se cuentan entre los muy pocos limpios de la ciudad y son los menos ruidosos y los más céntricos, por donde con mayor frecuencia transitan los turistas. Después de todo, ya sabemos que en Cuba las vallas propagandísticas (lo mismo las de antes que las de ahora) jamás han perseguido otro fin que no sea decirle al visitante lo que éste espera que le digan.

Mientras, en la periferia, la mayoría de los habaneros yace hundida hasta el cuello entre la suciedad y el griterío. Y claro que allí no hay vallas. Lo primero que va a ocurrir si colocan una, es que desaparecería tan pronto llegue la noche para aparecer al día siguiente convertida en el techo de alguna choza destechada.

La Organización Mundial de la Salud ha definido al ruido como todo sonido desagradable que cause efectos nocivos en la salud de las personas. Ateniéndonos a tal definición, nuestro carácter de vociferantes puede ubicar sin duda a La Habana en ese top de las ciudades más ruidosas del mundo. Bastaría con que los expertos aguanten someterse durante un par de días a los ataques del reguetón con decibeles por las nubes, o al pregonar constante de todo lo que allí se vende en las calles, que es todo, a toda hora, y cuyo anuncio representa justamente la negación de nuestro pregón tradicional: aullidos ininteligibles, impositivos y soeces, chirriar de pitos que son como electrochoques que taladran a la gente, desde el oído hasta las suelas de los zapatos…

Debieran hacer la prueba los expertos a ver si son capaces de establecer cuándo estamos fajándonos y cuándo sostenemos una conversación amistosa, sentados en cualquier esquina, puesto que la gritería, el manoteo y las palabras gruesas alcanzan iguales resonancias en un caso y en el otro. Adoctrinados como fuimos desde niños en la creencia de que las ideas se defienden con gritos, con ofensas, con imposiciones, y no apelando al raciocinio, ahora ya estamos hechos a la medida para comportarnos ruidosos y broncos en todas las circunstancias, hasta cuando enamoramos. Debe ser ese el motivo por el que la policía jamás aparece cuando hay trifulcas de barrio. Total, para qué intervenir -tal vez se digan-, si sólo están discutiendo sobre fútbol.

Claro que ello sucede nada más que en la periferia. Pues en el centro, la policía sí demuestra estar consciente de que vociferar es hacer ruido y de que el ruido ensucia. En especial si se trata de voces que les meten “ruido en el sistema”.

Por suerte, éstas últimas también se empiezan a escuchar ahora, cada vez más altas y con mayor frecuencia. A ver si nos hacen ganar algún concurso, aun cuando continuemos excluidos injustamente del top de los más escandalosos.

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Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó como periodista para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Tiene 16 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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