Neo Club Press Miami FL

La Habana, maravilla de qué

La Habana, maravilla de qué

La Habana, maravilla de qué
diciembre 08
08:58 2014

¿Será que La Habana sigue siendo La Habana, aunque ya no sea exactamente lo que se dice La Habana o lo que se decía La Habana? O sea, eso que en el mundo entero suspiraban como el colmo del placer o el súmmum del vacilón: a night in Havana hasta que salga el sol y vuelva a caer la noche.

Ay, San Cristóbal bendito, ¿maravilla de qué te declaran? ¿Una Habana virtual maravillosa, deslumbrante, espectacular, beautiful, wonderful, mientras la ciudad real está apuntalada y se desmorona, y se cae a pedazos y se derrumba, y huele mal, y te escupen y te mean, y si te descuidas te tiran a la cabeza las inmundicias desde el balcón de un tercer piso? Eso si no te cae encima un desprendimiento de la baranda, una lasca del techo, un ladrillo, un pedrusco, un bilongo, una salación, un maraño…

Y te matan y no te pagan en la villa que ahora declaran maravilla, como el Hanabanilla que no tiene salto ni cascada ni brilla. Hanábana-baná, como el coro del guaguancó. O Anabah, que es Habana al revés, palíndromo del Palo Kawao, baba babilónica de un sedicente historiador que habla de carretilla, truco del almendruco o troque del almendrón, pero siempre indiferente al soplo de la brisa que va desde el Malecón hasta la Rampa zarazona.

¡Oh La Habana! Los Van-van, salación y chusmería. Sombra apenas de lo que un día fue. Que no te vengan con cuentos, que cuando La Habana era La Habana los perros satos habaneros andaban por la calle sueltos y sin vacunar, no importa que los amarraran con longanizas o chorizos El Miño. Y el vacilón se cantaba y se bailaba, se bebía straight, on the rocks o en jaibol, sentado, de pie o arrollando a paso de conga, sin esa bruma de miedo a orillas del Almendares, donde en tiempos de mi abuelo dos bolas eran tres pares.

A La Habana solo le queda el casco histórico y la mala idea de una ciudad que perdió el encanto pero conserva la época, con un malecón que le traquetea, que se extiende de la Punta a la Chorrera, expuesto a los elementos ambientales y a la historia moliente y maloliente. Y le quedan las mañas de una urbe marinera que sigue siendo habanera y puñetera aunque de otra manera. Una manera bisnera y jinetera, a oscuras y medio encuera, ocultando a la vez que mostrando la pelleja esa vieja ramera que reza y espera que del cielo le llueva su arroz a la chorrera. Y que Dios pronto lo quiera.

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

Artículos relacionados

Radio Viva 24

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Carlos Alberto Montaner

La vida íntima y disfuncional de la familia Marx

Carlos Alberto Montaner

El 5 de mayo, el sábado pasado, se cumplieron 200 años del nacimiento de Carlos Marx en Tréveris, Alemania. No voy a hablar sólo del marxismo. La realidad y el

Leer más
  José Gabriel Barrenechea

Cháchara de muertos

José Gabriel Barrenechea

Es sábado en la noche. Mi esposa me ha arrastrado aquí, de visita a casa de una amiga suya. Ellas dos, que ya se acercan o han llegado a los

Leer más
  Otilio Carvajal

El discurso tanático de Félix Anesio

Otilio Carvajal

  Hoy bebo una taza de café amargo en un lugar ajeno que se llama exilio[1] El uso manifiesto de lo tanático es muy frecuente en la poesía cubana desde

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami