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La hora de Pablo Milanés

La hora de Pablo Milanés

La hora de Pablo Milanés
septiembre 02
15:47 2011

Retomando el tema de Pablo Milanés más que el de su archipromocionado concierto en el American Airlines Arena de Miami, creo que vale la pena hacer una pequeña precisión. Hemos hablado de lo positivas que resultan ciertas declaraciones del cantautor a propósito de la represión, o la ausencia de libertades, en Cuba. Eso de que ya no es “fidelista” suena muy mediático. No obstante, el alcance limitado de todo esto, de cara a la población cubana interior, debe también subrayarse.

Es preciso.  Porque como le decía a un amigo en la conversación ya mencionada en Más Montaner, menos Milanés –conversación que diera origen a esta serie de dos artículos–, el fenómeno de criticar al castrismo fuera del país, por parte de músicos y artistas residentes en la Isla, se viene dando ya desde por lo menos quince años atrás. Se viene dando sin que se haya traducido en espacios de libertad o cambios efectivos dentro de Cuba.  Ni siquiera los artistas que lo han protagonizado –el fenómeno de las críticas— han sufrido represalias de consideración al regresar a la mayor de las Antillas.

Alardea en vano Pablo Milanés cuando le espeta a García, en la carta abierta que ya hemos comentado, que él, el cantautor, ha criticado al régimen en territorio cubano sin que ningún periodista oficialista se haya atrevido a recoger el guante de sus declaraciones. Digo en vano, porque el artista dispone de mecanismos propios para hacerse oír dentro, y porque el castrismo ha llegado a un punto de descomposición simbólica en el que ya no está en condiciones de represaliar las herejías exteriores. Es decir, el régimen ya no está en capacidad de castigar a quienes disienten o se oponen en el exterior –como han sido los casos, coyunturalmente, del propio Milanés o Carlos Varela, por poner sólo dos ejemplos–. Ya no está en capacidad de castigarlos y, adicionalmente, considera que estas disensiones exteriores no afectan en lo más mínimo su capacidad de controlar el escenario interior.

Porque, y atención, no sólo se trata de que la población cubana se entere limitadamente de esas herejías exteriores. Se trata, además –y esto tal vez resulta todavía más importante–, de que dichas herejías envían un mensaje disuasorio a los potenciales disidentes cubanos, aunque parezca paradójico: El mensaje de que se puede disentir, cómo no, pero siempre que sea afuera. De que se juega con la cadena, pero no con el mono. Un mensaje que indirectamente justifica y promueve la doble moral, el miedo y el oportunismo reinantes en Cuba.

Si realmente Pablo Milanés quiere demostrar que es libre, o que puede hacer algo efectivo para abrir espacios de libertad dentro de Cuba, debe tomar al toro por los cuernos. No puede escudarse en los amaestrados periodistas del castrismo para justificar su silencio público dentro de la Isla. Lo que no puede hacer un opositor en la Isla –porque no se lo permitirían o porque su ascendencia o repercusión interior es limitada–, sí está en capacidad de instrumentarlo un Pablo Milanés.  Puede acumular camarógrafos, citar a numerosas agencias internacionales y de periodistas independientes, organizar un concierto público en una plaza importante, clamar libertad en una “tribuna antiimperialista” –como no hizo en fecha tan cercana como 2008, cuando ya criticaba al régimen fuera de Cuba—, o simplemente aparecer en la foto con las Damas de Blanco, pasearse con ellas Neptuno arriba, hacia el centro de El Vedado. Seguro que muchas agencias de prensa lo siguen en el trayecto. ¿Se atreverían las Brigadas de Respuesta Rápida, esto es, la policía política, a golpear a un Pablo Milanés, referente simbólico de la llamada “revolución cubana”? Para mí que no.

No estamos pidiéndole a Milanés que se inmole, por supuesto. Nos limitamos a proyectar el guante que él mismo ha arrojado. Es hora de refrendar con pólvora los disparos de su carta abierta al inefable Edmundo García.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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2 comentarios

  1. Orlando J. Chils
    Orlando J. Chils septiembre 01, 10:50

    Si usted piensa que Pablo va a ser respetado por las brigadas de repuesta rapida, se equivoca… La revolucion destruye (y ha destruido) todo lo que se ponga en su paso, hasta sus propios hijos, nunca a mostrado tener piedad; y quien es Pablo Milanes para la revolucion cubana? Otro negrito vendiendo rumbita fidelista, solo que ahora hace pucheros desde Espana, donde reside con su esposa espanola y cobra su derecho de autor por sus canciones como todo un empresario libre que se lava las manos con agua Perrier.

  2. Armando Añel
    Armando Añel septiembre 01, 12:08

    Puede ser que me equivoque. De hecho, me equivoco todos los días. Pero sería interesante con la prensa alrededor, y Pablito caminando pacíficamente, ver cómo resuelve el tema “el equipo de orientación revolucionaria”.

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