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La insoportable gravedad del no-ser

La insoportable gravedad del no-ser

La insoportable gravedad del no-ser
enero 30
23:34 2014

¡Se cayó Fidel! Cuando oí la noticia en lo primero que pensé fue en preparar las maletas para regresar y en la cantidad de cubanos que estarían haciendo lo mismo, ya que somos los parias del siglo y constituimos la mayor proporción de emigrantes por población. También imaginé la fiesta de los que están en la isla porque no tuvieron la suerte de huir. Mi decepción vino con la noticia completa: advertí que la caída fue literalmente contra el piso y no política, como esperábamos.

Ahí empecé a acompañar las consecuencias. Lo primero sería encontrar al culpable, cosa nada fácil para una persona con tantos enemigos. El primer sospechoso era el Che Guevara, al que desde su pedestal de bronce, observé, motivos no le faltaban: era argentino –todos sabemos lo que eso significa– y fue abandonado por su amigo Castro cuando más lo necesitaba en Bolivia, traición que dejó el mundo más pacífico y atrasó los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo sería la producción de plátano en la mayor república bananera del mundo. Alguien dejó caer una cáscara en el momento en que el Comediante en Jefe bajaba las escaleras de la historia buscando su verdadero lugar: El fondo de la misma.

El tercer y último motivo, podía ser otro extranjero. Cuando algo sale mal en una dictadura, culpable siempre es el de afuera, nunca el de adentro. Los que piensan diferente son fusilados –el deporte preferido de Castro: tiro al Blanco, y al Negro también–, desaparecidos o presos en cárceles comunes, ya que en una revolución comunista no hay presos de conciencia y sí traidores al Gran Padre de la Patria, el único dictador con un título de nobleza, Es-Conde Fidel Castro (Esconde el arroz, el fríjol, la libertad y todo lo que sea contrario a sus ideas).

Después de mucha investigación, la Seguridad del Estado llegó al culpable. Era Isaac Newton, que estaba haciendo turismo sexual en la isla con las putas mas instruidas del mundo, todas con doctorado y PHD, lo que permitía un verdadero intercambio de ideas en la cama.

Después de mucha investigación, la Seguridad del Estado llegó al culpable. Era Isaac Newton, que estaba haciendo turismo sexual en la isla con las putas mas instruidas del mundo, todas con doctorado y PHD, lo que permitía un verdadero intercambio de ideas en la cama. Fue preso en flagrante delito cuando disertaba sobre su teoría de la gravedad.

El juicio sería dirigido por el alto comando del PCC –Partido Comunista de Cuba– y no la organización Paulista que lleva la misma sigla y se inspira en su similar cubana, ya que los objetivos son los mismos: joder al pueblo, implantar el miedo y la desconfianza, etcétera.

La acusación se basaba en que, si Newton no hubiese descubierto la Ley de la Gravedad, El Señor de las Antillas no se hubiera caído. La estrategia de la defensa publica –porque en Cuba los dólares no existen e Isaac se negaba a usar los CUC, moneda equivalente a los dineros del enemigo– era simple. La ley se descubrió con una manzana, que es una fruta bíblica con varios significados, y ese fue el error que le costó la vida al defensor público –era chino y fue fusilado… otra modalidad: tiro al Chino. La acusación recordó que dicha fruta fue la causante del pecado capital, que se asocia al sexo y la diversión, cosa que un no-país comunista no puede admitir. Como dice la canción del barbero que se creía músico, Carlos Puebla, “se acabó la diversión, llegó el Com-andante y mando a matar”.

El Propio, el Innombrable, dirigió el juicio, formado en derecho aun siendo de extrema izquierda. No olvidemos, además, que muchos años antes se había defendido haciendo uso de una histriónica frase: “La historia me absolverá”. Sin defensa, el acusado fue condenado a muerte, pero, como la comunidad internacional pedía el fin de tanta sangre, el Gran Dictador, en un gesto de generosidad, decidió que sería mejor ahorcarlo para que gravitara sobre su propio invento. Triste fin para uno de los mayores genios de la humanidad. La ciencia no perdona.

Sobre el autor

Javier Iglesias

Javier Iglesias

Javier Iglesias (La Habana, 1963). Poeta, traductor, guionista. Ha publicado el poemario “Mapa de soledad” y en Brasil obtuvo el 1º Premio “Filma Brasilia” con el guión cinematográfico “O Comendador”, filmado en 2001. Coordina el blog Escombros Hablaneros, seleccionado entre los 100 mejores de Brasil. Es miembro de la Comisión Organizadora de la Bienal Internacional de Poesía de Brasilia y del Sindicato de Escritores de esa ciudad. Actualmente vive en Miami.

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