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La isla en peso de Alexis Pantoja

La isla en peso de Alexis Pantoja

agosto 15
04:15 2012

Uno de los más destacados pintores cubanos de su generación, Alexis Pantoja, está de paso en Miami. Nacido en Manzanillo, en la zona oriental de Cuba, Pantoja ha impartido talleres y conferencias en varias escuelas de arte, y ha sido jurado en concursos de diferentes provincias de Cuba. Consultor y tutor, su obra se ha expuesto en países como Estados Unidos, Italia, Puerto Rico, México, Portugal, Noruega y España.

A propósito de su estancia en la llamada “capital del exilio cubano”  –el próximo viernes Pantoja ejecutará un performance durante la presentación del libro 69 poemas indiscretos y un grito en la noche, de Arelys Marylyn Cubero (en Delio Photo Studio)–, el pintor tuvo la gentileza de concedernos esta entrevista.

Denis Fortún. ¿Quién es Alexis Pantoja?

Alexis Pantoja. Un tipo de artista que pertenece a la estirpe que hace de la pintura un noble o amargo ejercicio. Un acto por el cual explaya todos sus saberes, y que comparte, a través de imágenes pictóricas, su visión sobre la vida y el mundo. No sé si mi pintura es arte o no, pero de lo que estoy seguro es que a través de ella me redimo de las vicisitudes de la vida como un acto de prolongación de mi propia experiencia destilada en imágenes, construyendo historias cual ejercicio intelectual del mundo que me ha tocado vivir.

DF. ¿Eres graduado de alguna academia cubana de pintura o simplemente la pasión se impone y el oficio se gana a través del tiempo?

AP. Soy graduado de la Academia de Artes Plásticas El Alba, de la ciudad de Holguín. Mis primeros balbuceos dentro de la pintura comenzaron en la niñez. Apenas tuve algo de conciencia, me asomé al mundo de los colores como cualquier infante. Sin embargo, con el tiempo se me reveló como un destino. Toda mi vida ha sido articulada desde y hacia la pintura. El oficio del que dispongo hasta hoy ha sido consecuencia de haber pasado por talleres de aficionados de “casas de cultura” y de escuela primaria. Después continué en la entonces existente Academia Elemental de Artes Plásticas Carlos Enríquez, de la ciudad  de Manzanillo, en mis años de adolescencia. Más tarde ingresé en el nivel medio–profesional de Holguín. Pero mi verdadera especialización como “pintor dibujante” vino de mi relación como alumno, y en lo personal, con el maestro Cosme Proenza, cuando él era un recién egresado de la Academia de Arte de Kiev, en Ucrania. Cosme fue alguien del cual bebí todo el acervo y mi especialización sobre el ejercicio de la pintura. Eso, más la madurez que uno va alcanzando con el tiempo, y la disciplina, me han hecho el pintor que soy.

DF. Háblame de las motivaciones que te llevan a entregarte a un lienzo…

AP. Mi obra es un ejercicio de reflexión sobre mi propio mundo afectivo, permeada por el dilema propio de un artista que ha de sufrir la realidad de vivir en una provincia, pero que hace coexistir ideas devenidas de diversos sustratos, tanto artísticos como extra-artísticos. Parto de ese material corrosivo del entorno, mediante un recurso pictórico antimodernista, conectado entre la historia del arte –sobre todo el barroco– y la realidad actual (en época de crisis y contraste), cuyo resultado se expresa en cómo la banalidad y el espectáculo constituyen una teatralidad humana. Eso me hace lucir, a veces, excéntrico; desde luego, en medio de un arcaísmo tenebrista, sobre todo cuando llevo a cabo los contrastes en las composiciones de tipo “high kicht”, a ratos culterano. Pero poseo una solución técnica a esa fascinación personal mencionada antes mediante un trasiego de remolinos de soluciones y escenas, cuando trato de maquillar metafóricamente la realidad que me ha tocado vivir. Esto obedece a un modo personal sobre cómo escudriñar en nuestra cultura, tanto la artística como la social, partiendo de un tipo de gesto frente a las concepciones estéticas que me resultan de actualidad.

DF. En un ensayo que publicara Ángel Velázquez Callejas en Neo Club Press sobre tu faena, se refiere a la “maldecida circunstancia”. ¿Lo insular, lo adverso de un contexto, la “exaltada” y, para algunos, “maldecida casualidad geográfica”, marca la intención de tu obra?  ¿Te sientes libre de esas “influencias” al instante de crear?

AP. Mi obra desde hace un buen tiempo se ha nutrido de la lectura casi obsesiva del poema La isla en peso, de Virgilio Piñera. Ese verso en que dice “la maldita circunstancia del agua por todas partes…” es una manera de entender la geografía, el paisaje cultural y social que me ha tocado vivir. La insularidad es un tema muy recurrente en la plástica cubana, dado que vivimos en un escenario donde ya no es posible la inocencia. Nada nos es ajeno.

DF. Remitiéndome de nuevo al trabajo de Callejas, éste se pregunta: “¿Por qué en casi todas sus piezas pictóricas Pantoja representa a los personajes en forma de sueño?”.  Y digo yo, ¿no consideras que igual esté presente en tu pintura la voluptuosidad, el sexo, lo que definitivamente distingue a ese mundo onírico? ¿Cuál es la verdadera intención?

AP. El Arte se presenta para ser analizado, no entendido, según McEvelly. Las intenciones parten de cuanto dato me puede servir para una idea o un tema dado. Uno se asoma a ciertos artistas, obras, escuelas o estilos, aunque se viva en esta era llamada “post” y solo se apele a ciertos referentes, etc. En lo relativo a lo onírico, no creo tener al surrealismo como trasfondo, más bien creo que son intenciones “surrealiantes” como consecuencia de mi poética. Me identifico más con la estética magrittiana, como consecuencia de unir imágenes de diversos orígenes, dando una nueva lectura y, por demás, sugerente y profunda. En todo caso me he acercado a eso que han denominado neobarroco como una manera de entender la praxis cultural actual. El hecho de que mis personajes (que no son guajiros, que no tienen otra definición que la de imágenes figurativas válidas por sí mismas, personajes en suma con los cuales dialogo y construyo mis historias) por lo general los represente en formas o aptitudes de sueños, únicamente es un recurso de extrañamiento ante un mecanismo para provocar sugerencias en las historias que sustentan mis narraciones visuales, cargadas a mitad de camino entre lo absurdo y lo hiperbólico. Esencias, para mí, con las cuales asistimos al entendimiento de la realidad; elementos que constituyen ciertos valores y actitudes  sociales, incluyendo asimismo recursos de imágenes y de un sistema de signos que portan valores no solo estéticos, sino de contenido.

DF. Para una mayoría, las artes plásticas –y el cine en buena medida– han sido las formas más “irreverentes y contestatarias” dentro de la cultura criolla actual. ¿Ves a la pintura como el instrumento adecuado para la querella? ¿Consideras que cuenta con ventajas sobre otras expresiones artísticas, incluso la literatura, al momento de establecer un compromiso opuesto a lo que espera la oficialidad?

AP. A estas alturas el gran debate sobre cuál género o sistema de creación es el más válido a la hora de enfrentar determinados temas o ideas, es espinoso y discutible. Tanto se admira una propuesta objetual, conceptual o de performance, como un discurso visual anclado en las metodologías tradicionales para construir una obra de pintura, dibujo, etc. Lo importante es la madurez y la inteligencia con la cual el artista expresa un criterio o punto de vista en cuanto a un tema específico. Vivimos en la era post, tiempo en que la muerte de eso que se llamó vanguardia ha permitido una especie de democratización de los lenguajes artísticos, una suerte de coexistencia a veces no tan pacífica, pues igual se mantienen credos extremos que dan sentido a la hora de evaluar resultados y practicas concretas. Con un Jef Kons, un Claudio Bravo, un nuevo arte figurativo chino, una transvanguardia Italiana, un Pattern paintig, un pintor como Dino Valls, o el equipo Crónica, etc., asistimos a una apertura de lenguajes plásticos donde lo importante es la idea que sustenta el discurso artístico y visual.  La plástica cubana no deja de estar en esta cuerda y actualidad. Desde sus más variados temas y métodos, en Cuba se asiste al cuestionamiento de la realidad como ejercicio natural. Cosa que viene caracterizando a la plástica más contemporánea, como también prevalece en el teatro, la literatura,  etc.

En otro orden de cosas, no tengo elementos para decirte si la oficialidad crea límites a la creación plástica a partir de un tipo de política cultural,  pues  tanto en la forma como en el contenido los proyectos artísticos son muy incisivos y polemizan con los límites. Existe la experiencia de proyectos experimentales en los tormentosos años finales de los 80, y gran parte de los 90, donde hubo enfrentamientos entre los artistas y las instituciones a causa de sus discursos agresivos en lo que respecta a la actualidad del arte cubano. Las artes plásticas, desde mi punto de vista, gozan de una apertura de lenguajes y de un discurso donde el ejercicio crítico es consustancial a su esencia, más de vanguardia, no importa el género o lenguaje.

El arte cubano ha sido por naturaleza un ejercicio contestatario en la medida que mira y ejerce la creación hacia diversas zonas de la cultura. Creo que cualquier cosa en ese sentido pasa por el filtro de definir si se trata, antes que todo, de arte, no de panfletos con visos de éste.

DF. En tu opinión, ¿un artista debe someterse a un establishment para triunfar, o ha de ser consecuente con su obra?

AP. Debe ser consecuente con su obra y su discurso, y no solo durante el proceso creativo. También defender su obra es un gran reto y unos pocos lo logran. El proceso creativo termina a veces en el acto también creativo de saber dónde puedes introducirla  y defenderla. Se dice rápido, pero ese es el pollo del arroz con pollo de los artistas.  Este es otro punto del carajo y muy demoledor… la dicotomía entre lo comercial y el arte comerciable. Si le llamas establishment a acatar los mecanismos institucionales con determinadas políticas de promoción y venta del producto artístico, entonces solo se trata de definir dónde es que puedes introducir las obras. Recuerdo una enciclopedia antigua que rezaba: “…para alcanzar el Everest se necesita voluntad, destreza, habilidad, perseverancia, determinación… y suerte”.

Creo, más o menos, que el sistema promocional del arte se comporta así, con sus diferencias según los países y los conceptos de que se trate.  Amén de los diversos significados de la palabra “suerte”, la veo como una unión entre la posibilidad y capacidad. El primer requisito del arte es el valor del productor de la obra como esencia primordial; o sea, el artista como principio y fin de la operatividad artística y cultural. Desde Cuba, donde no hay mercado, y menos mercado de arte, lo que existe es un sistema de compraventa por el cual casi siempre los que compran son los extranjeros, y no siempre para promocionar. Es difícil a veces hacer esas definiciones.

Creo que el arte es un acto sacerdotal muy parecido a un sacrificio, que a veces no todos los artistas, por razones de sobrevivencia o particulares maneras de la vida, pueden mantener. No todos entran por la puerta ancha del sistema de promoción-circulación-consumo de la obra de arte. No todas las instituciones y galerías constituyen mecanismos para refrendar un sentido cultural y artístico en primer término, debido a los objetos existenciales de tales espacios.

DF. ¿Cómo llegas a Miami? ¿Es definitiva tu estadía aquí o se avecina un regreso inmediato?

AP. Llegué en avión y con una vista bellísima desde el aire. Fue en una tarde memorable. Yo vivo regresando a todos los lugares que voy, y voy regresando a todos los lugares en que vivo. Hallo que es como si nunca me hubiera ido. No tengo por qué negarlo, y como dice Bayly, uno es de donde se ha sentido particularmente feliz. El planeta tierra es especial en eso y existen ciertas ciudades donde uno se siente en familia. Mi periplo fue a Puerto Rico, donde tengo relaciones de trabajo con el Sr. Conde y donde también se organizó una muestra de arte cubano del proyecto del Sr. Gary Golberg. Allí aproveché todo el caudal de posibilidades, y de paso mi tránsito en esta ciudad está enfocado en conocer e insertar mi obra en determinados circuitos. Pude conocer al Sr. Cernuda, quien me dio valoraciones muy positivas de mi obra con arreglo a futuros proyectos. O sea, que tengo trabajo por delante.

DF. Desde la perspectiva de un artista, ¿consideras a Miami –parafraseando a Carlos Garaicoa–  “un buen sitio para vivir”?

AP. Miami la defino como una quietud dinámica para el arte. Y de acuerdo con el colega Garaicoa, un sitio bellísimo para vivir.

DF. ¿Qué pasa en Cuba con la obra de Alexis Pantoja?

AP. Mi obra actual integra mecanismos promocionales en varios puntos de la geografía mundial. Desde Bayamo, ciudad al oriente de Cuba, he lanzado mi obra al mundo. He expuesto en Santiago de Cuba en variadas ocasiones, y sobre todo en Ciudad Habana. He gozado del respeto de mis colegas y del público, que me sigue en cada oportunidad a la hora de permitirme una exposición, y hasta de seguidores en el sentido más abierto. De igual forma, con las galerías e instituciones de la plástica, sostengo relaciones de trabajo.

DF. Proyectos, aquí o allá…

AP. Gracias a Dios, proyectos tengo entre charcos. No solo entre la Florida y Cuba, sino entre Cuba y el Atlántico, hacia el más allá, en la lejana rivera europea.

http://denisfortun.blogspot.com/

Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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