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La izquierda bistec habanera, el kitsch y la trampa

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La izquierda bistec habanera, el kitsch y la trampa

Mariela Castro

La izquierda bistec habanera, el kitsch y la trampa
octubre 26
17:30 2016

 

Resumiendo las muchas definiciones que existen sobre lo kitsch, Milán Kundera puntualiza que es la necesidad que sienten algunos de mirarse en el espejo del engaño embellecedor y reconocerse en él con emocionada satisfacción.

El concepto es cabal, pero quizá no abarque todos los casos. Por ejemplo, no estoy seguro de que eso sea lo que mueve a la izquierda bistec o nueva oligarquía intelectual y artística de La Habana, por lo menos no a todos sus miembros.

Como impostura al fin y al cabo, la actual tendencia al kitsch y a la grotesca cursilería de esta patética claque, más que responder a egos vanidosos, parece ser proyectada desde la mezquindad, desde la burda astucia de los pícaros ante el imperativo de sobrevivir con la barriga llena y el corazón contento.

No abundan espectáculos tan kitsch (a lo bestia) como el que nos brinda Mariela Castro al querer monopolizar los sentimientos y las aspiraciones de los homosexuales cubanos, tan maltratados y humillados por el machismo-fidelismo del régimen, con el único fin de maquillar la historia de su casta tiránica.

Kitsch o demodé o cursis son también, y a lo grande, la hojarasca y el ringorrango que se gasta Eusebio Leal en sus mayestáticos discursos; o la pretendida preocupación de Alicia Alonso por la suerte de los perros callejeros de La Habana, aunque no por la vida de perros que enfrenta la gente de a pie; o los finales de la Mesa Redonda con las notas de Imagine, único contexto donde se ha conseguido que esta bella canción de Lennon suene desfasada y ridícula.

Ya quedó advertido que los regímenes totalitarios son, además de lo demás, exponentes brutales del kitsch o lo demodé o lo cursi. ¿Existe acaso algo más espurio y fuera de onda que un tirano con ínfulas de salvador de la patria o del continente? Pero son así esencialmente, sin que tengan que esforzarse para serlo.

La impostura y, en consecuencia, tal vez lo nuevo es este subproducto del kitsch totalitario que se exhibe hoy en ciertos medios intelectuales y artísticos de La Habana, y que puede ser sintetizado como el esfuerzo por dar patente oficial a un humanismo y a un progresismo político que mientras contradice en su fondo el comportamiento de la dictadura, superficialmente edulcora su real naturaleza.

Las floridas muelas con acento ecologista y pacifista que deben sufrir hoy los televidentes en Cuba, luego de asistir a una inclemente agresión de varias décadas contra el suelo y la flora y la fauna nacionales, o luego de perder tanta sangre familiar y tanta oportunidad de desarrollo económico en aventuras guerreristas a lo largo de medio mundo, pueden parecer una burla a nuestra sensibilidad e inteligencia. Y es lo que son, ni más ni menos: kitsch de bajo presupuesto.

La presunta identificación con su raíz popular y humilde sobre la que suelen alardear ciertos actores con éxito en el cine, o ciertos escritores que son subliminales productos de exportación del fidelismo, o ciertos músicos o pintores… no es sino mera artimaña publicitaria. Pero no sólo eso. Aunque no lo parezca de pronto (o aunque ellos piensen que no lo parece), cuando dicen que no podrían crear alejados de su patria, además de mentir taimadamente, están haciendo cursilería de rancia factura, en tanto subproducto del kitsch totalitario.

Otro muy conocido teorizador de lo kitsch, Theodor Adorno, afirma, más o menos, que ante esta chapuza con disfraz ético y estético, se torna imposible trazar una línea entre lo que es verdadero y lo que es simple basura sentimental.

Y de nuevo una definición tan atinada parece quedar corta para identificar el fenómeno tal y como hoy tiene lugar en La Habana. Porque al margen del arte (aunque ligado a éste en amplia y triste medida), lo kitsch, lo demodé, lo cursi que practica la claque habanera en cuestión, aunque no es verídico sino todo novelería, y no obstante ser basura sentimental, en realidad va más allá, como cuatro pueblos. Es trampa. Más tramposa y más kitsch cuanto más auténtica finge ser.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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