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La ley de la insensatez

La ley de la insensatez

La ley de la insensatez
mayo 03
03:13 2015

Hace más de cuatro meses, el pasado día de San Lázaro, el presidente estadounidense invocó un cliché del cual se ha abusado por años, al que se ha dado en llamar “ley de la insensatez” (insanity law), atribuido erradamente –según Google– a Einstein: “No podemos hacer lo mismo año tras año y esperar resultados diferentes”.

La ley de la insensatez se ha repetido constantemente, una y otra vez, sin provocar ninguna percepción diferente sobre ella en personas inteligentes. Ni es ley ni es sensata.

Mi abuelo campesino hubiera comentado mientras frotaba la hoja de su machete una y otra vez contra la piedra abrasiva: “ese dicho no siempre funciona”. Muchas veces el resultado deseado se obtiene por acumulación, después de la repetición incesante de lo mismo y lo mismo. Por mi parte, traté de vender mi viejo Chrevolet por $3,000 una y otra vez con el mismo resultado nulo. Hasta que lo vendí por $3,000. Según mi experiencia de veinte años en Estados Unidos –ahora mi país–, se le pudiera llamar “la ley del sueño americano”, esforzarse año tras año, con los mismos resultados, hasta al cabo triunfar a través de la persistencia, del no dejarse vencer. Usted, señor presidente, ha hecho lo contrario, se ha dado por vencido, y lo ha hecho ante la inminencia del colapso de un régimen enemigo de su país. Ha vendido esperanzas falsas a millones de personas a través de un dicho atractivo que no es más que un sofisma (argumentación falsa con apariencia verdadera).

Estados Unidos no es el único país que ha influido en la Isla durante los últimos cincuenta y seis años. Canadá, España, los países nórdicos, México, Argentina, Italia, Rusia, Venezuela…, han hecho lo mismo y lo mismo (ayudar a Cuba, darle créditos que no pagan) con los mismos resultados (el régimen de Cuba no cambió y no pagó). ¿Por qué señor, presidente, no le dijo a esos países que dejaran de ayudar a Cuba porque eso no ha funcionado?

Si el embargo no ha funcionado para eliminar el régimen —aunque nuca se lo propuso— es que porque el resto de los países no se sumó a él. Eso sí hubiera funcionado, como funcionó con el régimen de apartheid de Sudáfrica. ¿Por qué, señor presidente, no aplicó usted la ley de la insensatez para criticar a esos países por premiar una y otra vez al régimen, sin obtener resultados distintos?

Señor presidente, si el embargo no ha funcionado, menos ha funcionado el régimen de Cuba en hacer de la Isla una nación libre y próspera haciendo lo mismo año tras año. ¿Por qué no exigió de Cuba que dejara de hacer lo mismo?

La ecuación del destino de Cuba no tiene como única variable los Estados Unidos. La más importante es Cuba misma, como lo demuestra la historia. Quien espere que ese factor cambie, omite la naturaleza maquiavélica de los Castro. Quien lo conozca bien, verá el truco detrás de la falta proverbial de transparencia. Los Castro se vieron acorralados económicamente ante un eventual cambio en Venezuela, y probablemente idearon y ayudaron a diseñar la política del día de San Lázaro, entronizándola mediante lobbys, influencias académicas y mediáticas a través de agentes de opinión. ¿Por qué diecisiete meses de reuniones secretas?

Lo único que quiere ese régimen es obtener créditos de Estados Unidos –que tampoco pagará–, abusando de la ingenuidad y nobleza del pueblo norteamericano, quien decodificará el truco dentro de varias décadas, después de haber hecho engordar al castrismo año tras año a la vez que esperaba resultados diferentes.

¿Que no se quiere que Cuba colapse por un problema de seguridad nacional? Ninguno de los países comunistas que colapsaron significó un problema insoluble para sus vecinos. Menos lo sería la pequeña isla para el coloso del Norte. Pero si así fuera, señor presidente, hay otra ley, esta sí de Benjamín Franklin: “Aquellos que sacrifican libertad por seguridad, no obtendrán ni la una ni la otra”.

Sobre el autor

Kiko Arocha

Kiko Arocha

Modesto Arocha (Kiko). Nació en La Habana en 1937. Ingeniero en Electrónica y doctor en Ciencias Técnicas. Llegó a Estados Unidos en 1995 y decidió reinventarse como traductor y editor de sitios web y de libros, para lo cual fundó la editorial Alexandria Library (www.alexlib.com) en Miami. Es autor del bestseller "Chistes de Cuba", una antología de chistes populares contra el castrismo que recopiló en la Isla.

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1 comentario

  1. Viera
    Viera mayo 06, 23:32

    Muy bueno, hay que pensar en lo dicho en este artículo

    Reply to this comment

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