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La libertad como simulación obscena

La libertad como simulación obscena

La libertad como simulación obscena
marzo 21
14:32 2014

La democracia real se define en primer lugar y ante todo por la participación masiva de los ciudadanos en la gestión de los asuntos ciudadanos. Es directa, participativa, y encuentra su expresión más auténtica en la asamblea popular y el diálogo permanente sobre la organización de la vida (en) común. La forma representativa y parlamentaria que usurpa el nombre de democracia limita el poder de los ciudadanos al simple derecho de votar (en Cuba ni siquiera eso); es decir, a nada. Escoger entre gris claro y gris oscuro, o entre lo soso y lo atroz, no es una elección verdadera. Las sillas parlamentarias son ocupadas en su inmensa mayoría por la clase económicamente dominante, ya sea de derecha o de la pretendida ¿izquierda? socialdemócrata.

No hay que conquistar el poder, hay que destruirlo. Es tiránico por naturaleza, sea ejercido por un rey, un dictador o un presidente electo. La única diferencia en el caso de la “democracia” parlamentaria es que los esclavos tienen la ilusión de elegir ellos mismos al amo que deberán servir. El voto los ha hecho cómplices de la tiranía que los oprime. Ellos no son esclavos porque existen amos, sino que los amos existen porque ellos han elegido mantenerse esclavos. Todo esto no se parece en nada, ni de lejos, a una democracia. El mercado tira de los hilos, define el mundo en que vivimos, vaciando de contenidos y de sentido la realidad, los signos y los contextos. Los ciudadanos no eligen nada. El relegado papel del consumidor no decide nada, más que a través de su necesidad de supervivencia, que “comprando” expresa su voluntad cómplice de financiar colateralmente el siniestro paradigma que escoge, dentro del abanico que se brinda como posible validado en cada objeto, alimento, instrumentalidad, clase o sistema de vida (esto que parece una nimiedad resulta muchísimo) y marca una sustancial diferencia.

Este texto constituye solo un fragmento del ensayo homónimo “La libertad como simulación obscena”, del propio autor.

No es lo mismo apostar por una alimentación vegana que carnívora, no es lo mismo hablar de ganadería extensiva, orgánica e incorporar el “derecho animal”, que intensiva de factoría taylorista e inescrupulosa, como no es lo mismo financiar la investigación eólica y de energía libre a la toxicidad de los combustibles fósiles, o una investigación instrumental (tecnología, instrumentalidad, ordenadores y demás) que cofinancie la industria armamentística, que una empresa que se mantenga al margen de esto. El voto y la democracia parlamentaria son ilusiones. “Votar es abdicar”. (Elysée Reclus).

Del mismo modo: No hay ninguna “solución” que no sea y no haya sido un problema. Toda forma de consenso está basada en actos de homologación y exclusión. Ninguna acepción o forma de abordarlo es “completamente general” ni “completamente particular”, todas son relativas, relacionales y dependen del vínculo, las circunstancias, las perspectivas, los modos y los disímiles puntos de vista de cada cuestión en cada caso. Urge velar por la construcción de una voluntad colectiva (como verdad común aceptada en consenso verosímil) que no requiera competitividad, definición, ni el sucesivo invento de un adversario instituido. Tal adversario no puede ser definido en términos generales y rústicos como “Imperio” o “Capitalismo” (que funcionan solo amparados en la desinformación y el control del discurso inside Cuba) sino en términos de puntos nodales de/sobre (el) poder real (corporatocrático), concebido como valor moral (ethos) en el interior del individuo, que precisa ser transformado (en consciencia), con el fin de crear condiciones no de/para una nueva hegemonía sustitutoria o continuismo, sino romper, en cambio, su estructura formal de “sociedad moderna”, repleta de estamentos viciados, e instituciones decadentes e inoperativas, que cubren formalmente todo el panorama, como una escenografía de eufemística “eficacia”, tan tramposa como falsa, tras la cuestionable restitución del “estado de ¿derecho?” tradicional y la economía política liberal, como una celada que nos ha arrastrado a la crisis global actual, contra la que protestan hasta el propio alumnado y especialistas en la materia de Harvard.

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Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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