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La matanza de los Jemeres Rojos en Kampuchea (II)

La matanza de los Jemeres Rojos en Kampuchea (II)

febrero 28
16:16 2013

kampucheaEl régimen organizado por el ideólogo marxista Pol Pot no se molestaba en ocultar las muertes que provocaba. Khieu Sampan, el nuevo jefe de Estado, en la cumbre de los Países No-Alineados de Colombo, Sri Lanka, en 1976, con total desparpajo reconoció que “había perecido un millón de criminales de guerra” desde que el “Khmer Rouge” asumiera el poder en Kampuchea (Camboya).  

Y no había manera de ignorar esta declaración. Los cadáveres descompuestos y con evidentes señales de mutilación y tortura no cesaban de  bajar, a veces en masa, por los caudalosos ríos de la Península Indochina, llegando hasta países vecinos. En junio de 1976 ya 4 millones de personas habían sido forzadas a marchar a campamentos improvisados, construidos sus precarios alojamientos a manos desnudas por ellos mismos. Pero no todos llegaban hasta allí. 400, 000 murieron en el forzoso éxodo de las ciudades y 20, 000 terminaron ultimados al intentar huir.

En esos campamentos sus captores practicaron el “proceso reeducativo” aderezado de torturas y asesinatos por cualquier razón, o sin siquiera una, una práctica que aún se sigue ejercitando en los poblados-prisiones de Corea del Norte. La fornicación y el adulterio eran condenas seguras de muerte, y constantemente se aplicaban  ejecuciones para castigarlos. El estado de gravidez era una pena de muerte segura. No se podía mantener conversaciones prolongadas, incluso entre matrimonios. Se consideraba que eso era “discutir” y no aceptar la doctrina general, por lo que se ejecutaba a la segunda vez que la persona fuera sorprendida.

Todo aquel sospechoso de tener algún conocimiento o cultura era ejecutado. Para los ignorantes muchachos guerrilleros, cualquiera con espejuelos era un enemigo ideológico. Toda persona que enfermara era abandonada a su suerte sin tratamiento alguno. Poco importaba si era niño o anciano. Al hambre y la desnutrición se sumaban los maltratos, torturas y ejecuciones constantes aplicados salvajemente por los ignorantes devenidos crueles custodios de la “Nueva Moral”.

Este régimen llegó a su fin con la invasión del ejército comunista de Vietnam en 1977. Encontraron 200, 000 prisioneros políticos aún con vida. Para entonces, los ideólogos marxistas habían terminado con la existencia de un quinto de la población del país, 1, 7 millones de ciudadanos.

El “Tribunal para el genocidio de Camboya” juzgó a Ieng Sarí, Nuon Shea, Khieu Samphan e Ieng Thirith como máximos responsables por los crímenes de Genocidio, Crímenes contra la Humanidad y algunos Crímenes de Guerra. Otros connotados criminales del infausto régimen ya habían sido ejecutados o murieron prisioneros de sus mismos camaradas, como fueron los casos de Pol Pot, Son Sen, Khieu Ponnary y Ta Mok.

En lo álgido de la matanza, los gobiernos vecinos y del resto del planeta no estaban ajenos  a que algo terrible ocurría en esa nación, pero se abstuvieron de denunciarlo enérgicamente o intervenir hasta que se convirtió en una enorme e imperdonable huella sangrienta en la memoria reciente de la Humanidad.

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