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La Matrix explica el disparate

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La Matrix explica el disparate

La Matrix explica el disparate
julio 08
03:45 2018
Me preguntan con frecuencia en qué consiste la Matrix que tanto menciono. Intentaré explicarlo lo más abarcadoramente posible:
 
Primero, la Matrix no sería un país ni un planeta ni el universo “conocido”, sino la “realidad”, la vida que vivimos como representación o ilusión o condicionamiento sociocultural, colectivista, especie de segundo plano donde somos proyectados o nos proyectamos –digital u holográficamente– sin estar conscientes de ello, como en una película o videojuego (idea que parte de una cultura Zen modernizada o reinterpretada –occidentalizada– en el filme “Matrix”, de 1999, protagonizado por Keanu Reeves y que ha generado múltiples secuelas y derivaciones, tanto filosóficas como recreativas, sobre todo en el mundo anglosajón).
 
Establecido esto, desde mi interpretación la Matrix es sobre todo irresponsabilidad. La irresponsabilidad de la inconsciencia que nos mantiene “cómodamente” secuestrados por una ilusión o segundo plano apuntalado, a su vez, por el pensamiento colectivo condicionado, la tradición, etc. Estar en la Matrix, en la “realidad”, es abandonarse a lo colectivo condicionado. Es condicionamiento en todos los sentidos. Solo cuando hacemos un verdadero esfuerzo interior para liberarnos de lo condicionado, de la sociocultura predominante que nos han inyectado desde nuestra infancia más temprana, podemos estar en condiciones de comenzar a descubrir señales reveladoras –pruebas tangibles– de la falsedad de la Matrix, de su carácter ilusorio u onírico (doble cuántico). Es entonces que toma sentido el disparate que vivimos día a día –la Sociedad del Disparate–, y descubrimos que habitamos una especie de película o teatro del absurdo tal vez minuciosamente digitalizado.
 
En este sentido toda creencia, ideología o sistema conceptual forman parte de la Matrix. Por ejemplo, el socialismo es Matrix. Y el populismo y el nacionalismo. La ciencia, la religión, etc., en tanto sistemas cerrados, son Matrix. La idea de que la pobreza es injusta o humillante también es Matrix. La pobreza, lo mismo que la riqueza, no es justa ni injusta sino consecuencia de una actitud ante la “realidad”, de una determinada perspectiva. Yo puedo ser visto como pobre por el colectivo condicionado y sin embargo considerarme rico, y serlo efectivamente, si he despertado o comenzado a despertar. Lo que me convertiría en pobre sería el condicionamiento sociocultural y no mis escasas posesiones materiales –las chucherías de que habla Jake Horsley en ‘The Matrix Warrior: Being the One’, la pacotilla que conocemos los “cubanos”–, y lo que me convertiría en rico no sería lo material sino el hecho de bastarme a mí mismo para alcanzar la plenitud de la fluidez. Basta observar que tanto ricos como pobres –como se les identifica tradicionalmente– sufren, pelean y hasta se suicidan en todo el mundo no por la cantidad de posesiones que acumulan o echan en falta, sino porque son humillados por su inconsciencia (la ceguera irresponsable de lo condicionado), por su trabazón interior (el ego). Por supuesto, llevado al plano de Cuba –un calabozo o compartimiento estanco dentro de la gran granja que constituye la Matrix– cabe apuntar que allí la extrema escasez y la extrema censura –la ausencia casi absoluta de libertad práctica– dificultan tremendamente el despertar en la fluidez que persigue el guerrero de la Matrix. A la larga, un potencial guerrero de la Matrix se ahogaría en Cuba, pues a mayor grado de libertad práctica mayores posibilidades de escapar de la Matrix (de descubrirla o imaginarla, lo cual ya resulta de por sí extraordinariamente excepcional), y allí esa libertad brilla por su ausencia. Solo escapando del calabozo se puede, luego, concebir la posibilidad de escapar de la granja.
 
Dicho todo esto, toca responder a la pregunta del millón: ¿Qué sentido tendría la Matrix, cuál sería el objetivo de mantenernos o automantenernos en la inconsciencia? Pero esa ya es otra historia, muchísimo más difícil de explicar, imaginar o descifrar.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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