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La metaestética de Regino Boti: La conclusión del crítico

La metaestética de Regino Boti: La conclusión del crítico

noviembre 03
13:58 2011

1-abc_asi_habloEs muy extraño que Lezama Lima en Una fiesta innombrable: las mejores poesías hasta 1960 no haya incluido en el acápite de Regino E. Boti una síntesis de su pensamiento estético. Sospecho que fue debido a que no gustaba de la iconoclasia de Friedrich Nietzsche, quien influyó tremendamente sobre el pensamiento del poeta guantanamero.

Casi todo en torno a la estética de Boti se puede encontrar en la obra de Nietzsche.

Y Lezama, que también fue un asiduo lector del filósofo alemán, no podía sustraer su sistema poético a una crítica nietzscheneana. No podía poner en juego la metafísica poética de la imagen. De hacerlo, de comprometerse a que las palabras de Zaratustra invadieran el espacio de la imagen, estaría dando a Boti el poder de la indulgencia de convertirse en su más fustigador crítico.

Es un problema de concebir la tradición como un espanto, al estilo de Herman Hesse en “EL lobo estepario”. Sólo un poco de locura se necesitaba  para entender que toda  tradición encierra un peligro a la estética en el arte. De mirar Lezama hacia atrás, de vacilar en la bondad de la experiencia con la peculiar visión que lo caracterizaba, estaría viendo en Boti su más cercano critico. Veía en él a un lobo resuelto a desbaratar el ocultamiento prodigioso de la hipocresía espiritual del paraíso. Boti, a pesar de ser un creyente religioso, en Dios, estaría dispuesto a cercenar de un plumazo la irreductibilidad de la metafísica personal en el mismo origen de un individualismo elitista cultural cubano. De ahí que Boti fuese un poeta ontogenista y al mismo tiempo un amante de lo popular y folklórico.

De ahí que Lezama le concediera el mayor respeto.

Ahora bien, mirando las cosas desde un punto de vista estético, el núcleo esencial en el que se basa la crítica de Boti parte de un hecho percibido como metaestética: una conclusión lógica sobre la belleza formal. Debido a que Boti se fija en la forma en que Nietzsche se apoya para deshacerse de lo arbitrario dentro del conocimiento metafísico,  asume del poderío voluntario la conclusión lógica de que lo dual  establece un fino instrumento critico a sus pensamientos. Intenta civilizarse. Se convierte en un erudito porque todo en cuanto al conocimiento formal exige de la erudición. Es ahí donde reside el convencionalismo del modernismo: intenta civilizar lo incivilizado. Intenta matar con  conocimiento textual  lo que es salvaje y natural en la conciencia humana. El verso, la revelación,  deben ser trabajados hasta lograr la perfección. Nada más falso. Esta es la misma idea de que estamos presididos por un destino; de que hay alguien fuera de nosotros que cuida y protege. La misma idea de que en algún lugar fuera de nosotros está la salvación.

Ya de hecho el impulso del verso es perfecto. Nada tiene que agregársele. Por eso lo formal, lo que constituye la forma acabada en el objeto poético, tiene por principio primar sobre el bruto y natural del hecho: el poema en bruto habrá de morir, porque en su forma expresiva será de un formato  libre. En este sentido, la imposición de la dualidad –lo natural y lo formal– impone un ritmo que acaba por conceder a la poesía una súbita separación entre el creador y lo creado. En el crepúsculo de esta separación es donde puede hallarse escondido el impulso del crítico. De modo que toda la critica botiana reserva un espacio privilegiado a la voluntad. Porque en el poeta hay una intención estrictamente racional para darse a entender. Existe, entonces,  una acción desbordante por hacer aparecer en su crítica la inconsistencia del romance y la entrega del poeta a la poesía. Pero esta es una aptitud estúpida que se trata de camuflar con un cierto malabarismo mental.

La crítica de Boti es metaestética en el sentido que propone un cierto encuentro referencial, y no experimental, con la dualidad. Boti está haciendo énfasis constantemente en que el creador persista sobre su creación. Que el creador muera en el acto de concebir la forma creada. Y Boti interrumpe el proceso que él mismo va creando para cederlo a la forma creada del poema. Se separa y entonces su observación penetra en la forma y crea un tipo de conocimiento crítico. A tal punto que ese conocimiento lo ayuda a protegerse del vacío creativo dejado por el romanticismo en la escala critica de la creación artística. La metaestética de Boti consiste, en  efecto, en una crítica por la crítica. Es una propuesta intelectual.

Con “Arabescos mentales” se propone una “estética innovadora”, resistente  a su época, porque la estela de la cultura cubana no había principiado en una metafísica de la estética. Era tan profunda la sociología de la patria que el pueblo y sus intelectuales sólo comían patriotismo y nacionalismo. ¿Y la belleza? Boti en este sentido es un precursor de vanguardia literaria cubana.

Cosa que Lezama asumió con delirio para protegernos  de la historia y el nihilismo existencial  cubano, para hacernos creer que el paraíso era el más afortunado destino. Así fue como la estela de Boti alcanzó a Lezama y de ahí a nosotros. Esperando que la vida sea resuelta en algún lugar del futuro. De ahí que todavía percibamos la separación y la inmersión entre “el mar y la montaña” como una ciudadela arbitraria. Y este es el simbolismo natural en la conclusión lógica del crítico que  fue Boti. Un crítico que se expande sobre un fallo metafísico: cree que el ente, el Yo, es la voluntad que puede recrear la forma poética trascendental.

http://angelcallejas.wordpress.com/

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