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La miserable Miami de Forbes

La miserable Miami de Forbes

febrero 06
17:37 2012

Qué bochorno para Miami. Forbes la ubica como la ciudad más miserable de Estados Unidos. Se basa en picos estadísticos denigrantes: criminalidad, desempleo, corrupción, Armagedón hipotecario. Son además máculas inocultables, a pesar del glamour, de las celebridades, de Miami Beach y los rascacielos de Brickell. Han abierto la caja de Pandora: la brecha entre ricos y pobres, un 99% a la deriva.

Pues sí, es una agonía vivirla, le leyenda urbana es tan miserable como la realidad cotidiana.  Tal vez Forbes se quedó corta, también en algunos aspectos nos quiso quitar cierto lustre.

No hablemos de lo bueno que tiene Miami: el sol, los hispanos, la expresión multicultural, las potencialidades, los Heat, los Marlins, lo verde, la inmigración libre; tiene bien ganado lo de Puerta de las Américas. Forbes se refiere a lo que tapa el maquillaje. Los males actuales existían antes que estallara la burbuja inmobiliaria del 2008, y ahora constituyen un drama. Hay fenómenos tercermundistas arrimados a una sociedad que puja por ser  singular y moderna: la persistencia politiquera, el mal gobierno y la pobreza. Hay cuestiones urbanas, demográficas, la cultura de la pobreza, la educación aún por potenciar, que no acaban de encarrilarse como proyecto trascendente y sostenible.

Entre montones de basura y vagabundos lunáticos desandan los turistas el guetto de la Pequeña Habana, última moda, que recuerda los tour por la apuntalada Habana Vieja, sin que haya el mínimo deseo municipal de adecentar aquello como es debido. ¿Qué ven allí los turistas? Pues sin duda la pobreza sub-cultural, lo feo de Miami. El mal vivir está por doquier. La Pequeña Habana, las parcelas bordeando el río Miami, el Northwest hasta la 27 avenida, el Downtown, Overtown, Little Haití, Liberty City, las espaldas de Biscayne Bulevard, el bolsón negro apuntando al sur, hacia Homestead, envuelven con sus edificios destartalados, indigencia, trasiego de drogas y calles inseguras los paraísos residenciales de la clase media, algunos ya con signos de decadencia.

Es inocultable lo caro y agónico que es vivir en Miami, o lo mal que sobreviven lo que tienen retiros, a los que ya se les esfumó el ahorro, los trabajadores comunes. No solo en los guettos y los barrios marginales, sino en todo el llamado Gran Miami, una gran porción de población sobrevive a costa de los sellos alimentarios, seguros de desempleo, negocitos informales y por la izquierda, o con el cheque del día. A los ancianos, con sus pensiones paupérrimas, se les ve languidecer en sus rentas baratas, viven del café con leche y esperando por buses que pasan cada hora, el calamitoso transporte urbano que siempre es una pifia. Los afortunados que consiguen empleos, aun siendo profesionales, reciben sueldos de los más bajos del país. De ahí que tengamos un creciente éxodo de profesionales hacia otros estados. Esta es Miami, poblada mayormente por trabajadores inmigrantes y jóvenes recién graduados que no ven muy claro el futuro. Y este escenario, de miserias acumuladas y sueños americanos evaporados, no tiene una respuesta política consistente.

La politiquería en Miami es un bluf, un carnaval de promesas incumplidas, un establishment inoperante, decadente: municipios disfuncionales, administraciones incapaces, comisionados vitalicios formados en esquemas de retórica, dispendio y fracasos, interesados solamente en largos términos, grandes salarios y el ego. Los políticos de chambelona viven del “figurao”, no aportan soluciones. Dicen algunos analistas que no todos son malos, y es cierto, pero todos responden a una tradición ineficaz, deplorable, deberían irse. Y como si fuera poco, los malos gobiernos se repiten, atiborrados de funcionarios ineptos, con salarios superiores a los del gobierno federal. Sus jubilaciones han colocado a las ciudades al filo de la quiebra.

En la médula de los problemas está la corrupción, la influencia nefasta de los intereses especiales, el cabildeo, el factor mafia, el negativismo de los sindicatos, la ausencia de una ética firme, las alcaldías chapadas a la antigua. El drama real es que Miami tiene siempre pospuesta una bancarrota y una explosión social. Forbes no puso el dedo en todas las llagas. A la vista se multiplican las desdichas, los pasos en falso. Pero Forbes tampoco habló de la luz al final del túnel, la revolución generacional del nuevo Miami, esos jóvenes modernos y competitivos  que nos salvarán de los vicios de la aldea tercermundista.

Nota: El autor es miembro de Miami-Dade Community Action/ “Change Miami” y activista de la candidatura del Sr. Saturnino Polón a la alcaldía del condado 2012

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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