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‘La muerte del gato y otros cuentos’, este domingo

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‘La muerte del gato y otros cuentos’, este domingo

‘La muerte del gato y otros cuentos’, este domingo
marzo 07
12:46 2017

 

El volumen La muerte del gato y otros cuentos (cuya primera edición apareció en la Colombia de 2007, bajo el título Un cubano cuenta…; la segunda, homónima, en la Santo Domingo de 2008 y esta tercera entrega, corregida y aumentada con varios cuentos, a fines de 2017 por Neo Club Ediciones) resulta otra muestra del plurivalente talento del también cineasta, guionista, dramaturgo y director escénico cubano Lilo Vilaplana (Nuevitas, 1965).

Por su amplia trayectoria en Cuba, Colombia y Miami, resuelta en su arte comprometido con la libertad y corroborada por su asiduo activismo contra los Castro, Lilo ha devenido un constante “artivista”, de acuerdo con el certero neologismo de Ana Olema, productora del gustado espacio “El espejo”, a cargo del periodista y narrador Juan Manuel Cao.

De tal suerte y, sobre todo, conocido, en particular, por tres laureadas cintas, Agrypnia (Premio Mejor Cortometraje Latino, FICABC, España), La muerte del gato y La casa vacίa (última incursión cinematográfica del gran actor Reinaldo Miravalles), también merecedora del India Carolina, en Colombia, es autor, además, de exitosas series (“El Capo”, “Perseguidos”, “La mariposa”, “Dueños del Paraíso” y “Sin retorno”, como “Leyendas del exilio”, de próximo estreno por el Canal América TV, de Miami), como igualmente sería nominado —por el capítulo “El infierno de Montoya” de su serie de docudramas “Arrepentidos”, realizados para Natgeo, por Fox Telecolombia, sobre diferentes episodios reales y dolorosos— al Premio Emmy como Mejor Programa de habla no inglesa en prime time de EE.UU.

Este importante libro de relatos, escritos en Colombia, está dedicado a su esposa y colaboradora, la actriz Irasema Otero y sus hijos: Camilo y Camila; sus padres, sus maestros (ya fallecidos): Eduardo Macías, Roberto Villar y Raúl Guerra; sus amigos y colaboradores: los actores Gilberto Reyes, Alberto Pujol y Ángel Bernal; mas, también “a los cubanos que tienen la hombradía de estar en las cárceles por el solo hecho de pensar en la libertad de su patria, como a Dios y mis santos”.

Lilo Vilaplana

Apenas el lector hojea y ojea las primeras páginas, constata las osadías y odiseas de los nacidos en la Isla del Diablo castrista, contadas con la veracidad convincente del narrador de raza Lilo Vilaplana, cualidad, entre otras, expresada en todos los géneros que crea con admirable soltura y praxis, no obstante ser esta su primera incursion en la cuentística.

Justamente, por su inquieto carácter, su interconexión genérica y su concepción dinámica, sus cuentos están dotados del vertiginoso ritmo que les permite ser llevados al cine por este “narrador impecable”, tal como con acierto lo define, en la nota de contracubierta del volumen, su editor y asimismo novelista Armando Añel, o, por decirlo con su prologuista, el internacionalmente laureado narrador y bloguero independiente Ángel Santiesteban-Prats, quien destaca “su talento de contar historias a través de la escritura y la actuación”, siempre con “su carácter divergente, cuestionador y crítico” (añade el valiente narrador, merecedor de los mayores lauros, tales el Premio “Franz Kafka. Novelas de Gaveta” (2013) en la República Checa, por El verano en que Dios dormía; el “Casa de las Américas” (2006) por Dichosos los que lloran, y el Alejo Carpentier (2001), por los cuentos de Los hijos que nadie quiso, entre otros).

Desde años atras, cuando iniciara su feliz vocación cuentera, Lilo se ha dedicado a narrar-filmar “La memoria histórica de Cuba”, tal afirmara el pasado 29 de enero el propio realizador a Alejandro Ríos, quien, a su vez, la definiría aún mejor: “La memoria del horror”, según le precisara el comentarista del programa “La mirada indiscreta” que, en América TV, presenta los domingos a las 8 de la noche.

Personajes creíbles, por comprobables, aparecen y desaparecen en estos hiperrealistas relatos, dejando las dolorosas huellas del ígneo recuerdo en quienes padecimos durante décadas “la memoria histórica” de la Cuba bajo el maldito castrismo: esa punzante “memoria del horror” que, por conocerla in situ este comentarista, como tantos que partimos del maldito Gulag, bien sabe de las duras penas padecidas a diario en las que sobreviven los paupérrimos cubanos de la otra orilla, quienes padecen la férrea dictadura de corte fascista que pisotea los más elementales derechos humanos.

En consecuencia, ya en el primer cuento “La muerte del gato”, los lectores vemos cargar sus carencias y sufrimientos a seres que vagan fantasmagóricos, como Camilo, Raúl, Armando Ventolera y sus hijos: Yanara, la jinetera, y el pequeño Adrián, con Síndrome de Down; Cristino, todos, vigilados por Delfina Lengua Brava, la canalla presidenta del comité, la chivata (símbolo de tantos desgraciados ¿seres humanos?) a quien, por su diario malvivir dañando a sus vecinos, en venganza por su maldad, le matan su adorado gato Musi para comérselo. Lo que al final no pueden hacer porque su entrañable colega Armando Ventolera “se ha despedido para siempre ahorcándose de una de las vigas del techo”, mientras “en el horno, de escaso gas, el felino se va quemando poco a poco”.

“La casa vacía” es el escenario, no menos creíble, donde el joven Lemis es atenazado y amenazado por su abuela, que ansía sea bailarín su nieto, quien, huyendo de la insistencia de la anciana, y buscando un refugio cálido, conoce en La Habana Vieja, a Yordanka, con la que logrará acostarse apenas en una ocasión, que le basta a Lemis para enamorarse de la hermosa chica. Mas, el final es trágico, como es a diario la vida de agobio y sufrir en la Isla: Yordanka ha partido y “Lemis sigue como una estatua en el balcón, y no sabe si altar hacia el mar o quedarse parado para siempre en esa baranda del deseo”.

“Nereida, La Santera” es el tercer cuento y en él la protagonista Nereida Pim Pam y Tam, quien también vive en La Habana Vieja, recorre los bares, recibiendo tragos de los borrachos habituales. Al coprotagonista, Gaito, le profetiza la santera muchas cosas que luego le acontecerán al joven.

En la céntrica esquina de O’Reilly y Aguacate, la Nganga canta y baila ante la gente que la rodea, aplaude y corea, mientras “los negros descamisados y las jineteras que la miraban sonreían y seguían de largo, porque de no sobrevivir como prostitutas el otro camino en la Isla es emborracharse para olvidarlo todo, o meterse a santero para atender y cobrarle algunos dólares a los extranjeros”. En fin, sobrevivir.

Tras un improvisado bembé en un solar —donde el Gaito baila con Nereida— se consulta con ella, quien le advierte al joven: “Ten cuidado, que por andar detras del culo de Cristina puedes parar en el tanque.” Y así acontecería, pues el Gaito, en una reyerta con el sobrino de Nereida, Marcial, a causa de Cristina —“la hembra más hermosa del barrio y sus tetas, un sueño inalcanzable que yo había hecho realidad en varias ocasiones”—, el Gaito lo golpea y lo mata, por lo que este es condenado a ocho años tras las rejas, pero, tras pasar cuatro, por su buena conducta, le bajan la condena y sale de prisión.

Desesperado y hambriento, por no hallar trabajo y rechazado como exconvicto, “no pude más, fui a la plaza de la revolución, me arrodillé frente a Martí y pedí con él, pedí trabajo, libertad. Salí corriendo por toda la plaza gritando como un loco”. El final es tambien comprobable por la absurda irrealidad de tantos presos politicos en el Gulag castrista: “Ahora estoy preso de nuevo. Al menos tengo techo y algo a lo que le dicen comida. Ya no por cuatro años, como condenan a un asesino. Ahora son veinte largos años, sin rebaja de pena, por cagarme en la madre de Fidel Castro.”

En “Las cartas de Belkis”, Lilo parte de una anécdota muy común en la Cuba “internacionalista” de los ‘80s: Robertico, el cubano de a pie que, obligado por el gobierno a partir a una “misión” a Angola, sufre a su regreso el cruel desengaño de que —durante su ausencia en un extraño y distante país al que lo han enviado a la fuerza, so pena de perder el trabajo— su esposa Belkis (la directora de la librería municipal, la caderona, la piernona, la culona, la tetona que, pocos meses atrás, llegara al pueblo casada con Robertico, convirtiéndose de inmediato en la sex simbol de Nuevitas), desde su salida a Angola, era amante de nadie menos que el Secretario del Partido, Félix Juan, representante de su (des)organización, antro de perdición en la irreal Cuba, porque no organiza ni resuelve nada, solo, al contrario, proporciona la buena vida a quienes la integran, sin las obligaciones y carencias del pueblo.

Se hizo tan necesaria su presencia en el hogar del ausente Robertico, que ante cualquier petición de la hermosa Belkis, enseguida se aparecía el “amable” Félix Juan, proporcionándole lo solicitado, ganándose los favores, en fin, cumpliendo “todos los sueños de la apetecida” hembra, quien suponía que tales entregas eran parte del contrato firmado por su esposo para irse a pelear.

Finalmente, ya pasados dos años de su obligatoria y absurda misión, cuando arriba a su casa, toca la puerta, en espera de su amada Belkis (a quien el tanto extrañara durante su ausencia) y, al abrirle ella, ni siquiera lo abraza. Él, atónito por la inesperada visión, y destruido por lo que ve, la barriga de su esposa, queda de una pieza, mientras ella, apenada y con los ojos encharcados en lágrimas, solo atina a decirle: “Mi hijo crecerá sin su padre.”

Hasta aquí esta suerte de adelanto a los ciberlectores sobre los estupendos relatos que podrán disfrutar el próximo domingo 12 de marzo, a las 3:00 p.m., en la segunda presentación de La muerte del gato y otros cuentos, donde podrán adquirir los ejemplares firmados por Lilo Vilaplana, quien hablará a los presentes de este magnífico volumen como asimismo comentará el próximo estreno, en América TV, de su esperada serie de docudramas en trece capítulos “Leyendas del exilio”. Sugiero a los lectores no perderse este magnífico encuentro con Lilo Vilaplana, sus cuentos y planes futuros.

La cita es en: Gigis Academy, 3800 W, 12 Ave., Suite # 3, Hialeah, Fl. 33012.

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Sobre el autor

Waldo González López

Waldo González López

Poeta, ensayista, crítico teatral y literario, periodista cultural, es graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, diversas antologías de poesía, décima y teatro, desde su arribo a Miami (2011) ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor del 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012, colabora con las webs teatroenmiami.com (Miami), Encuentro de la Cultura Cubana (España), Palabra Abierta (California), el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), el blog Gaspar El Lugareño, la revista bimestral y digital Otro Lunes y la digital y en formato de papel Baquiana, por cuyas Ediciones Baquiana publicó en 2015, y en su Colección Poesía, su antología “Trazo estos signos en la arena”.

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