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La muerte no existe

La muerte no existe
enero 25
02:14 2016

Sabemos tan poco acerca de la vida; ¿cómo      

podremos saber algo acerca de la muerte?

                                                    Confucio

  

Hablemos de la vida

Utilizamos el vocablo vida en sus diferentes acepciones (polisemia), para denominar el conjunto de propiedades características de los animales y los vegetales, transmisible a la descendencia y cuyo estudio es el objeto de la biología, también para denominar la fusión de la materia y la energía, sus funciones y comportamientos de toda índole, a lo que se suman acepciones de empalme sociocultural y que abarca sentidos figurados como la filosofía y la mística, todo ello vinculado a la naturaleza, al ser humano, a toda criatura del universo, visible y no visible a simple vista. Determinamos, delimitamos y reducimos a un concepto de “materialidad corrompible” el vocablo vida, porque la tradición nos lo brinda encasillando el período de tiempo entre el nacimiento y la muerte, concepto al que de igual manera denominamos existencia. La existencia, o la vida en lo individual, suele ser muy breve comparada con su concepto integral no ligado a la tradición.

Llamamos muerte al cumplimiento del plazo individual en el transcurso de la existencia, al fin de la vida, a la cesación definitiva de las funciones vitales de cada individuo o ser vivo. Sin embargo, la vida prevalece sempiternamente por encima del concepto de muerte. La muerte no es otra cosa que una de las etapas de la existencia, o sea, de la vida. En el hombre de hoy se conserva vivo el primer hombre. Ello demuestra el cumplimiento del ciclo anatómico e intelectual evolutivo y es clara manifestación de la eficacia del proceso natural de la temporalidad en base a la atemporalidad. El hombre ha permanecido como especie, mientras el individuo muere.

El ser humano es el único de los seres vivos que tiene conciencia de la vida y de la muerte y es por ello que manifiesta su gran necesidad de conocer su ministerio en la vida. ¿A qué hemos venido a vida? ¿En qué se supone que debemos utilizar la nuestra? Esa “breve vida” que nos permite abrir una ventana al ‘ser’. ¿Por qué morimos? Incluso, ¿por qué se presenta la muerte cuando ni siquiera hemos averiguado el propósito de nuestra vida? ¿Existe algo más allá de la muerte?

La muerte no es lo importante

Antes de sucumbir en ese mar de preguntas, debemos percatarnos de que la muerte no es lo importante, al menos asumamos que concederle una importancia errónea nos hace víctimas de un sufrimiento inútil. La muerte es un proceso en el que cesan nuestras funciones vitales y abandonamos el ser, entonces ya no tenemos conciencia de nada debido a que dentro de la muerte no hay un suceder, o un acontecer. Tomemos esto como indicador para conceder importancia a lo que realmente la tiene: la existencia, o sea la vida y todo lo que ésta entrama, incluyendo la muerte. La muerte es entonces parte de la existencia siendo, como lo es, el fin de la misma en lo individual, pero también su continuación en el proceso de renovación de dicha existencia y su perdurabilidad, o inmortalidad, si prefiere llamársele así. En la existencia sí hay un suceder en el que tenemos conciencia de dicho suceder y, quienes vivimos, tenemos conciencia de nuestra vida, del deceso de los que vivieron y de la venida de los que aún no nacieron, que vistos desde esa perspectiva también forman parte de los no existentes antes de nacer, pero con categoría de relevo.

Esa ración de historia, ese plazo que nos toca vivir en que tenemos conciencia del suceder, debe ser aprovechado obrando en reciprocidad con el momento histórico que nos corresponde legitimar por medio de nuestros actos. Nuestro cuerpo no es eterno, pero nuestra vida, que constantemente se renueva formando parte del proceso de existencia universal, incluso después de la muerte, es lo más importante que tenemos. Kafka nos dice que el poseer no existe y sólo existe el ser. Pienso que lo que en verdad poseemos es el don natural de ser.

Seguimos formando parte de ese proceso de vida aun después de la muerte, así como la muerte forma parte del proceso de renovación de la vida, ya que en su momento todos los que han muerto estuvieron entre los vivos. Quiere esto decir que si la muerte forma parte de la vida y de los procesos evolutivos de la misma, su importancia recae, dentro de lo natural-universal, como parte de ese proceso evolutivo, aunque desafortunadamente sintamos que algo se rompe o paraliza cuando nos afecta en el plano individual.

Conscientes de que la vida mantiene la esencia fundamental, que en mi concepción personal va más allá del concepto de materia, y que no muere o no debe morir a pesar de las transformaciones, esta esencia fundamental de la que hablo no posee características individuales de destrucción o exterminio, sino que cuenta con la energía inmortal constituida por el conjunto de todas las cosas y en armonía con lo que algunos llaman Creación y otros Naturaleza, y a la que opto por llamar ecosistema cósmico. Las características individuales de destrucción y exterminio de la vida están dadas por afanes distorsionados, aspiraciones que no están en concordancia con los cánones naturales de la existencia y factores como el deseo y la ambición por el poder, que constriñen el curso natural de la existencia.

La muerte no existe

Ah, y con respecto al otro mundo, / ay, ¿Qué se lleva uno al más allá? No el mirar, / aquí lentamente aprendido, y nada de lo que ocurrió. Nada

                                                                                         Rainer Ma. Rilke

Si estuviera seguro de que la muerte no existe, en otras palabras, que la vida individual no se acaba, ¿emplearía usted su vida de la misma manera en que lo ha hecho hasta hoy? Medite sobre este asunto y si su respuesta es afirmativa, probablemente usted sea una persona muy afortunada, una de las que no abundan, porque ha sabido manejar muy bien el rumbo de sus pasos, alguien que ha podido mantener la lámpara del cuerpo encendida. Si su respuesta es negativa, vaya pensando desde ahora muy seriamente en la mejor manera de darle brillo a su vida, de cambiarla favorablemente y decidirse a poner combustible en su lámpara, porque le aseguro que la muerte no existe. La vida es eterna. Le aseguro que porque su pellejo y sus huesos se hagan polvo un buen día, no dejará de haber futuro, y si categóricamente el hombre, que es el único de los seres vivos con capacidad para pensar y actuar razonablemente, pasa el transcurso de su breve vida (vida individual) pensando y actuando con miras al futuro, definitivamente puede hacer mucho más por ese futuro y al mismo tiempo por el período que dure su propia existencia. ¿Cómo? Adquiriendo conciencia del verdadero concepto de perpetuidad e inmortalidad, para poder alcanzar una percepción apropiada de la vida desde ese primer paso de la humanidad el día en que dio comienzo al viaje que no terminará con nuestra muerte.

Nada muere definitivamente y, si se ha previsto el fin del mundo en que se anuncia la desaparición de la vida, hasta hoy la manifestación de la existencia se revela a evidenciar tales aseveraciones. Esa esencia cósmica a la que he venido refiriéndome sin que en lo personal recale tendencia esotérica o religiosa alguna, es hasta el momento una suerte de propagación de un soplo que emana de lo natural y se conduce a lo perpetuo, un mecanismo consecuencial entre el ser y la existencia en su hábitat de tiempo-espacio, y tal como este mecanismo perdura integrando el fondo común en apariencia de materia (según la ciencia: espacios puntuados de electricidad que se “heredan” pasando de generación en generación en una suerte de genética), es además nuestra matrícula registrada a lo largo del tiempo en el espacio.

vida

La existencia es una mecánica de propiedades extendidas, la energía universal parece ser reciclada circulando en órbitas perpetuas y a la vez evolutivas, ámbito que igualmente corresponde a la esencia fundamental (el alma cósmica de fondo común) que constantemente se renueva de combinaciones, de reposiciones, de reaprovechamiento, que conducen la evolución constante de la vida. Por ello el objetivo de optimizarla y reparar errores en los que el hombre ha incurrido, para que dicha evolución se dé partiendo de mejores asientos, y también del mejor aprovechamiento de los recursos naturales, del ser y la existencia, sin que de ello se desprenda, como suele suceder en muchos casos, el perjudicar a la naturaleza (por ende al ser), sino todo lo contrario.

Conciencia e inconsciencia

Partiendo del concepto de vida individual o duración de la vida para el individuo, el diccionario nos da la siguiente acepción para la palabra conciencia: “Conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, de sus estados, de sus actos y de las cosas”. Incluso nos habla del consciente como un nivel de la estructura de la personalidad en que se tiene conciencia de los fenómenos síquicos. Si nos detenemos a consultar las acepciones para el vocablo inconsciente, encontraremos una larga lista de ellas entre las que cabe destacar la siguiente nota aclaratoria:

“Las teorías de Sigmund Freud dieron importancia a la noción de inconsciente e hicieron de ella algo distinto del contrario de consciente. Los sueños, actos fallidos y síntomas neuróticos demuestran su existencia. Freud distingue en el psiquismo tres sistemas: el inconsciente, noción inseparable de la represión, que no conoce el tiempo ni la realidad exterior; el pre-consciente y el consciente. Mientras que el inconsciente sólo obedece al principio del placer –a la satisfacción inmediata de una pulsión, cualquiera que sean las consecuencias posteriores–, el sistema preconsciente-consciente se caracteriza por el principio de realidad: es capaz de diferir la satisfacción de una pulsión o de adaptar su fin en función de la realidad exterior”.

La vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir.

                                                                          Milán Kundera

Para desempolvarlo un poco, extrayéndolo de esas espesuras que encierran al vocablo inconsciente y sobreponiendo su prestigio ante la tarea que asume como demostrativo de lo no causal, utilizaré el vocablo inconsciente con nueva y fresca imagen. Al hacer referencia a la esencia cósmica como un mecanismo del subconsciente común, de hecho lo estamos revelando con una propiedad vital, o con un valor conceptual, cuando fuera del concepto ‘mente’ lo trasladamos en nueva moción para usufructo común; criterio sanamente especulativo y sin ánimo de convencer a nadie que no pueda convencerse por sí mismo de su fundamento.

Según Sir Francis Bacon “sólo obedeciéndola, se doblega a la naturaleza”. Si puede hacer esto, también puede agregar un poquito de luz a las inquietudes de quienes se atrevan a poner en práctica una manera más de enriquecer nuestra vida diaria y honrar el alma de la que, insisto, no hablo colocándola en el espacio entendido a través del contacto del hombre con su tradición. Sin descuidar al cuerpo, proporcionándole rutinas de salud física y mental, porque del mismo nos valdremos para proceder a una mejor calidad del tiempo que nos toque ser parte del capítulo consciente de la vida, conceder un lugar muy especial al alma conociendo que el cuerpo es envoltura transitoria y relativamente efímera, sin embargo el alma, como ente universal, es parte del discurso de la inmortalidad y sus caracteres se heredan y transmiten naturalmente. ¿Por qué no puede esa parte del inconsciente, el alma, ser parte de la concienciación?

Hablemos en futuro

Criatura más allá del tiempo y de la muerte de mi propia eternidad vislumbro el centro.

                                                                                     Sri Aurobino

Los niños representan el futuro, de esa manera, la prolongación de la vida y la perpetuidad de la misma; sin ellos no puede concebirse una visión del porvenir. Estas criaturas siempre dispuestas a evolucionar en el tiempo, poseen una disposición natural para todas las cosas y en ello debemos poner especial atención. Ellos están dispuestos a compartir sus sentimientos; alegrías, temores, inquietudes… también lo están para que los adultos nos expresemos de igual forma con ellos; no sólo eso, si no lo hacemos porque creemos que ellos no son capaces de comprender ciertas ideas o hechos, los niños pueden percibir que no lo hacemos precisamente por eso. Es de esta forma que a veces comparten con otras personas lo que no pueden compartir con sus familiares y allegados, por no hallar en estos eco a sus inquietudes. Esto puede ser negativo si individuos inescrupulosos se aprovechan de la disposición natural de un niño para arrastrarlo en propósitos de índole nociva.

Muchos se inclinan a creer que a fuerza de golpe y porrazo aprende el hombre, conclusión a la que se ha llegado a causa de la tendencia fatalista que nos impide ver de otra manera. Debemos aspirar a todo lo contrario, a que el buen desenvolvimiento sea fruto de no repetir la experiencia negativa que hace de la vida un ambiente viciado. Es hora de levantar reglas caducas aunque el criterio yace generalizado y ante tal perspectiva el mundo, en abrumadora mayoría, adopta una actitud de cansancio y deja correr la oscuridad y la ignorancia. Es concluyente que si las viejas artes de enseñanza no han dado los mejores resultados, debe pensarse en una revolución educativa. Educarnos a nosotros mismos es un magnífico comienzo y una muy buena manera de educar a las nuevas generaciones. Lo esencial es reconocer que lo que hemos hecho hasta hoy, aunque se haya hecho mucho de bueno, no ha sido suficiente y que necesitamos, partiendo del concepto de que todos somos parte de la humanidad y que todos y cada uno de nosotros conformamos la esencia fundamental del universo, analizar nuevas guías y contar con renovados conceptos para enriquecernos, canalizar y levantar el futuro de la caída a la cual, sin proponérnoslo, posiblemente lo estamos propulsando. Con ayuda de la auténtica magia de la vida, poniendo proa a una mejor evaluación de nuestros recursos físicos naturales, a la amplia electiva del pensamiento, y valiéndonos de renovados e imperecederos conceptos, si es preciso crear estímulos que nos hagan reaccionar, sería posible acabar con la oscuridad y desenterrar el secreto propósito de nuestras vidas que, aunque hasta hoy nos parece que nunca será liberado de su hermetismo, puede ser sin embargo esperanzador y hasta penetrable si cambiamos la manera de enfocarlo, de ver cuando se mira y escuchar cuando se oye, para poder continuar el camino con mejores elementos de juicio. Añadiendo a ese primer paso a la eternidad que diera el primer hombre, dar el paso de cada día con la consciencia de estar ya formando parte de esa eternidad que nos atrae y preocupa, y que no es más que la prolongación ilimitada de la vida y la liberación de los conceptos que a su vez estarán al servicio de nuestro desarrollo como parte de la misma y que finalmente contribuirán a la emancipación de la fuerza colectiva, de la capacidad y actitud para experimentar lo mejor de cada experiencia humana en el lapso de tiempo que hemos dado en llamar vida.

Debemos tener pleno conocimiento de lo mucho que podemos hacer nosotros, los que estamos aquí y ahora, adquiriendo la completa responsabilidad de vivir en nuestro tiempo y devolverle a la vida las maravillas con que nos ha dotado, con plena facultad de derecho sobre nuestras decisiones y acciones, al evaluar la influencia que nuestros actos pueden tener de inicio en nosotros mismos así como también en el colectivo del cual formamos parte, de tal manera que nos sea dado el aportar mucho más a la vida y a la arcilla moldeable de la esencia fundamental que son los niños, para mantener y prolongar la pureza de su universo. Para esto necesitamos recordar primero nuestra niñez, regresar a ella y, si pensamos que no la tuvimos, rehacerla, restaurar la magia y compartirla con ellos, nuestros familiares y amigos, también con todos aquellos que por deseo propio están cerca nuestro, con aquellos otros que quieran o no nos rodean, y que a su vez estaremos dejando esa fórmula a los que vivirán mañana, a los que continuarán relevándonos en el camino. La fórmula de felicidad, como aquellas recetas de cocina que se han ido transmitiendo de generación en generación, es sencilla, pero como ya hemos dejado de ser niños, nos va a costar algo de esfuerzo y empeño. Dice Friedrich Nietzsche: “La madurez del hombre es haberse reencontrado, de grande, con la seriedad que de niño tenía al jugar”.

Una vez dispuestos, lo mejor puede esperarse, especialmente que la energía metamorfoseada por el subconsciente común sea cada vez más positiva. Para nuestra intención nos atañe de manera muy especial el vínculo con aquellos que han hecho posible que hoy seamos las personas que somos.

In Memoriam

Nadie más muerto que el olvidado

Dr. Gregorio Marañón

Nos persigue una estirpe que no podemos negar, aunque hay casos que debamos rechazar porque tristemente hay de todo en el mundo, por fortuna son mayores las evidencias de que disponemos para estar orgullosos de esa estirpe. Aun sin conocer nuestra remota ascendencia poseemos su heredad y la heredaremos nuevamente, es por eso que todavía podemos hacer mucho para que esa heredad florezca y dé mejores frutos. Los pobladores del mundo, desde los primeros días del hombre en la tierra, dieron lugar y origen a las nuevas generaciones de hombres, a los nuevos sistemas y al orden de nuestros días, y así, de manera sucesiva e ininterrumpidamente, nos hemos ido forjando hasta llegar a nuestros ancestros inmediatos, los que hemos conocido de manera directa por compartir la experiencia de la vida en común, también a los que no hemos conocido sino a través de estos eslabones contiguos que en la cadena familiar han constituido el elemento clave al referirnos historias de los no tan inmediatos, al hacernos sentir su presencia en un lunar, en una marca, en el timbre de la voz o en éste o aquel rasgo de la personalidad y tantas otras peculiaridades que perduran a través del tiempo para hacerse latentes en nosotros. A ellos: abuelos, padres, tíos… a los más cercanos de nuestros antecesores, a los que hemos amado desde lo profundo de nuestro ser a veces sin darnos cuenta, debemos el haber podido reconocer la presencia de los que no creíamos tan cerca porque no les conocimos físicamente, presencialmente, y que ahora nos sabemos depositarios de aquellos sus rasgos más significativos. A ellos que son el “vínculo”, el combustible capaz de mantener viva la luz del recuerdo porque a su paso por esa efímera envoltura dejaron grabados en nuestras conciencias caracteres y ejemplos realmente significativos, a ellos, les ha correspondido interpretar su papel en el paso por la vida, les ha tocado su turno de cosechar, su aporte para continuar el milagro de la existencia y transmitirnos de una u otra forma sus experiencias. Sabemos que han actuado bien cuando nosotros, los que estamos en el aquí y el ahora, aprendemos a desempeñar con justicia la etapa que nos corresponde para fundamentar ese precepto en los que nos van reemplazando en el camino para que ellos lo hagan también con quienes vienen a reemplazarlos (reemplazarnos) mañana y siempre.

Los hombres están hechos para entenderse / Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres / Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres /Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres / La de todos los tiempos
.

                                                                                               Paul Eluard

Mañana es futuro, el ‘siempre’ con el cual soñamos, lo que nos sigue dando la idea de la inmortalidad. Esos vínculos que tenemos con nuestros antepasados, con todos aquellos a quienes ya no podemos abrazar físicamente, no mueren nunca, únicamente cambian para perdurar a través del tiempo y convertirse en lazos más fuertes, si así lo determinamos. Indestructibles lazos que transmitimos aún a aquellos de nuestros descendientes que no les conocieron si mantenemos vivo el recuerdo y honramos su paso por la vida narrando sus historias, especialmente sus ejemplos a seguir, los rasgos que los hicieron perdurables en nosotros y que vendrán nuevamente a la vida con otros nacimientos en la familia. Si mantenemos la hoguera encendida, nunca morirá lo que más queremos. Nada ni nadie puede destruir el recuerdo, en nosotros está la opción. La muerte no existe. En nuestra mente está el poder de la inmortalidad. Nuestros cuerpos son una herramienta de la mente.

  • N.A. El presente ensayo forma parte del libro Escrivisiones, un trabajo conjunto, coherente, que consta de 21 ensayos entre los que figuran un prólogo y un epílogo y que además pueden leerse cada uno de forma independiente. Escrivisiones se terminó de escribir en el mes de agosto del año 2002. En el mes de septiembre del mismo año, su autora sufrió un terrible accidente que la mantuvo en una silla de ruedas por dos años. Los ensayos, bien fundamentados sin dejar de tener inflexión romántica y esperanzadora, abarcan un amplio campo investigativo y registros personales en lo que a inquietudes del ser humano se refiere. Fueron considerados “textos premonitorios” por su autora y posteriormente Luis Ángel Casas les otorgó categoría de textos humanistas.

    Bibliografía y consultas: Klarsfeld, Andrè. y Rèvah, Frèderic. (1999). Biologie de la mort. Paris: Editions Odile Jacob Morin, Edgar. (1974). El hombre y la muerte. Barcelona: Editorial Kairós Bueno, Mariano. (2002). La muerte, el nacimiento a una nueva vida. Madrid: EDAF/Nueva Era “British medical journal”. (1999). London: The Lancet. (vol. 353, pages 2149-2153) El Pequeño Larousse, diccionario enciclopédico. (1996) Massashusetts: Ran McNally

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Sobre el autor

María Eugenia Caseiro

María Eugenia Caseiro

María Eugenia Caseiro nació en La Habana. Narradora, poeta, es Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba-Exilio, Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía, y el comité editor de La Peregrina Magazín. Es Miembro de la Asociación Caribeña de de Estudios del Caribe, de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe y de la Unión Hispanoamericana de Escritores. Ha publicado “No soy yo” en edición bilingüe (español y rumano), 2005; “Nueve cuentos para recrear el café” en edición bilingüe (español y francés), 2010; “Escaparate, el caos ordenado del poeta”, en 2011, y “Arreciados por el éxodo” en 2013. Reside en Miami.

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