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La mujer frente a la muerte

La mujer frente a la muerte

julio 08
15:11 2012

1-0_aaaa_venues_neoLa pregunta de si la sociedad prehistórica matriarcal, la era de las diosas, constituyó una estructuración humana ausente de violencia, aparece en un libro que leo por estos días con particular interés. “Al lado de las famosas figurinas femeninas se han hallado extensas muestras de canibalismo y de posibles rituales de sacrificios humanos (se refiere al período neolítico); asimismo, en muchas de las mitologías sobre las diosas madres, se rememora una etapa donde era común el sacrificio de animales y de humanos”, apunta el historiador y ensayista Juan F. Benemelis.

Sospecho, un tanto a manera de respuesta, que la convivencia entre la sensibilidad femenina y la “violencia” fue posible porque entonces, gracias a la mujer, la muerte era asumida con naturalidad y sabiduría.

Culturalmente hablando, el temor a la muerte irrumpe con el temor a morir sin ser reconocido “en vida”, esto es, irrumpe con la sociedad patriarcal. El afán de reconocimiento es sobre todo una necesidad masculina, alimentada desde la manada con la coartada de la preponderancia reproductiva, y me explico mejor: El macho, para poseer a las hembras, debía preponderar sobre el resto de los otros machos –y, consecuentemente,  de todas las hembras–: Debía ser reconocido como el más fuerte, o el más capaz, o el más apto.

Esta tendencia animal es detenida en el tiempo, hacia el período paleolítico, por una sensibilidad femenina que relega el miedo a la muerte desde la entrega a la vida. La mujer, más que dedicarse a preponderar, o a pretender preponderar, se dedica a vivir. De ahí lo de su sexto sentido. La belleza y la fecundidad no necesitan ser reconocidas: se imponen por sí mismas, Son en sí mismas.

Lo demás, con el viraje hacia la cultura patriarcal (más que viraje, regreso), y el surgimiento de las grandes religiones monoteístas –también patriarcales–, es otra historia, y ya todos la conocemos. Con el tiempo, hasta el propio género inteligente –el femenino– fue contaminado (la inteligencia es existencial o no es, o es otra cosa: un eufemismo). Aun así, la mujer sigue siendo la única esperanza.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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