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La música en la historia: Matemática, arte y ocultismo

La música en la historia: Matemática, arte y ocultismo

La música en la historia: Matemática, arte y ocultismo
enero 31
18:13 2014

Los antiguos griegos creían que la música modelaba la personalidad de los individuos. En los templos egipcios esta formaba parte esencial de sus ritos mágicos para alterar el curso de la naturaleza o tratar enfermedades. Y hoy se sabe que, en efecto, el sonido es capaz de modificar la materia. Las claves secretas de la música radican en la armonía y la matemática, y de ello han sido conscientes muchos de los grandes músicos e iniciados de todos los tiempos.

Los antiguos griegos comprendieron la importancia que la música tenía en el desarrollo equilibrado del individuo. Platón, por ejemplo, consideraba que era imprescindible que el estado vigilase el tipo de música que se interpretaba en teatros y escuelas ya que, a su juicio, existía una gran afinidad entre la música escuchada y la personalidad de los individuos.

Nunca dijo que la música modelara piedras, pero sí que forjaba caracteres. Asimismo, afirmaba que la influencia de determinados ritmos y melodías provocaba un beneficioso estado mental, difícilmente asequible por otros medios. Aristóteles, por otra parte, afirmó que “es imposible negar el poderío ético de la música y, por consiguiente, la necesidad de que esta forme parte de la instrucción de la infancia”.

En el Renacimiento, la relación entre música y ocultismo se estrecha, ya que tanto la alquimia como la magia eran actividades que las mentes más brillantes de la época practicaban regularmente. Los documentos que nos han llegado no ofrecen duda alguna acerca del conocimiento oculto que sobre la música y su poder tenían algunos alquimistas.

Pero los griegos no se contentaron con exponer sus teorías, sino que establecieron una correspondencia entre las escalas musicales y los diferentes humores de las personas. De esta manera, determinaron que el llamado modo lidio tenía carácter solemne y debía interpretarse en las ceremonias de duelo; el frigio equilibraba las facultades anímicas; el jónico era festivo y acompañaba las celebraciones.

En el Renacimiento, la relación entre música y ocultismo se estrecha, ya que tanto la alquimia como la magia eran actividades que las mentes más brillantes de la época practicaban regularmente. Los documentos que nos han llegado no ofrecen duda alguna acerca del conocimiento oculto que sobre la música y su poder tenían algunos alquimistas. Por otro lado, la irrupción del rosacrucismo y la masonería constituyó un hecho capital en el desarrollo del estudio de las propiedades mágicas del sonido, pues “reinyectó” las ideas pitagóricas.

La influencia de las teorías de Pitágoras fue determinante por lo menos en cuatro parcelas de conocimiento: la filosofía, las matemáticas, la física y el ocultismo. Para los pitagóricos, toda la materia contenida en el espacio podía ser cuantificable matemáticamente, y como el principio mismo de las matemáticas residía en los números, establecieron que estos eran la esencia misma del Universo. Y ésta, aplicada al terreno de la acústica, equivalía a la relación simpática entre los distintos intervalos sonoros.

La ambiciosa visión de Pitágoras no se detuvo, sin embargo, en la entonación de melodías. Enseñó a sus discípulos a curar enfermedades por medio de sonidos, y les mostró la relación que existía entre la belleza de las formas geométricas, los astros, los colores y las notas musicales.

Según Luciano, el pentagrama era la contraseña secreta de los pitagóricos. A pesar de que sus detractores los tacharon de locos sectarios, lo cierto es que la “sección áurea” en la que se basaba triunfó entre escultores como Policleto o genios como Da Vinci, que hicieron de la “sección áurea” la base de su “canon”, logrando seducir a autores posteriores como René Descartes, Shakespeare o Johannes Keppler. Así pues, tanto el intervalo musical de quinta, que es un elemento imprescindible del actual sistema tonal, como la “sección áurea”, que en la estructura ternaria de algunas formas musicales aparece frecuentemente, denotan el imperecedero influjo de los pitagóricos en la música occidental.

En algunos lugares como el Tíbet, se cuentan leyendas de iniciados en la “ciencia sagrada” de los mantras, que al parecer podían utilizarse para transportar enormes masas rocosas al entonar ciertos sonidos. No faltan incluso quienes han teorizado que las ciclópeas construcciones megalíticas europeas, las pirámides de Egipto o las estatuas de la Isla de Pascua, fueros trasladadas gracias al auxilio de cantos mágicos, palabras de poder o danzas que tenían la facultad de aligerar la materia sólida.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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