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La Navidad de 1958 en Cuba

La Navidad de 1958 en Cuba

La Navidad de 1958 en Cuba
diciembre 25
20:59 2014

El jueves 25 de diciembre de 1958, desde muy temprano, empezaron las visitas de los rebeldes que eran amigos o parientes de mi familia. Acabaron con el vino y el café de casa celebrando la ventura del reencuentro. Ni me imaginaba entonces que tuviera varios primos que se habían alzado en armas contra Batista en las montañas cercanas. Desde mi pueblo era muy fácil alzarse. Bastaba con salir caminando hacia las afueras y en un par de horas, o menos, se llegaba a las estribaciones del Escambray.

Quien más me llamó la atención de todos ellos, por su estampa de cowboy al duro, no tenía ni barba ni bigote. Era Ofelia la guerrillera, una prima de mi papá embutida en su uniforme verde olivo, muy delgada ella y con un pistolón al cinto para infundir respeto y marcar masculinamente las distancias. Todos menos Ofelia, que luego se declaró comunista, muy pronto se reviraron contra el régimen, cumplieron años de prisión y partieron al exilio o al destierro en los pueblos cautivos de Pinar del Río. Pero de momento ninguno de ellos sospechaba que su alegría victoriosa iba a durar muy poco tiempo.

Al caer la tarde fui con mi papá a dar una vuelta por el centro del pueblo. En todas las victrolas de los bares de la Calle Real retumbaba la ranchera de moda ‘Sonaron cuatro balazos’, cantada por Miguel Aceves Mejía. Más que el himno del 26, que se oía a todas horas por las emisoras en cadena, esa era la canción favorita de los alzados victoriosos del II Frente Escambray, supongo que por estos dos versos en clave heroica: “Yo tuve que irme pal monte / y allí me volví rebelde”, amén de otras bravuconadas por el estilo.

Finalmente, nos sentamos en un banco del Prado y desde allí contemplaba el ir y venir de los barbudos y sus numerosos admiradores y admiradoras. Le pregunté al viejo si no le daba miedo. “Miedo ¿a qué?”, me respondió riéndose, pero a mí no me engañaba. No se le veía nada contento con lo que estaba sucediendo. Aquello era el mundo al revés y mi papá tenía una visión muy clara de la situación. Días después le oí decirle a mi abuelo como en un susurro: “No sabemos bien lo que se nos viene encima y a mí esto no me da buena espina”. Qué guajiro tan inteligente.

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Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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