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La ‘negritud’, un tema olvidado (III)

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La ‘negritud’, un tema olvidado (III)

La ‘negritud’, un tema olvidado (III)
enero 02
10:26 2016

 

La idea de América fue “inventada” por Europa, en un vórtice de dominación, sobre horizontes de comprensión no “americanos” y que satisfacían objetivos de los sucesivos imperios mundiales, aristocracias y burguesías comerciales.

Este “americanismo” con su discurso paternalista opresor, lucía un humanismo dudoso acompañado del caudillismo, base del contradictorio populismo racista latinoamericano, y encubridor de la conciencia liberal y la violencia, como lo retrataría Alberdi.

En el momento que cesó la potencia ibérica y comenzaron las influencias de los países europeos en los que se produjo la Revolución Industrial, la cultura hispánica que constituía el modo como habíamos entrado en la “civilización”, fue declarada “barbarie”. Ante lo yanqui, lo hispánico (Ariel) se convertía en una autodefensa, y ello se presencia en el elitismo y la posición aristocratizante de la literatura martiana, legado del fundador, que no propicia afirmarse en el “nosotros” y de lo “nuestro”.

Nuestro grupo criollo, como heredero de las relaciones de dominación sobre otros estamentos sociales, habrá de invocar el nombre de “americano”, o “hispanoamericano”, que concluyó diluido por el “panamericanismo” de 1920, y que se consolidó en “latinoamericano”.

La expresión “nosotros latinoamericanos”, o “nosotros los europeos latinos de América”, no deja de tener un sabor aristocrático de origen español. Es indiscutible que el “latinismo”, como el “hispanismo”, fueron resquemores galo-ibéricos ante la evolución de Estados Unidos, y en nuestro caso culturalmente resultaron herramientas opresivas y de regresión al pasado hispánico, aderezado en la década del fascio italiano y el falangismo español.

La expresión conceptual Latino-América significa un constructo geo-histórico que la designa como una región-mundo que comprende no sólo los estados-nación al sur del Río Grande que surgieron de la colonización y las posteriores caídas de los imperios portugués y español, sino que incluye también las diásporas latinoamericanas en los Estados Unidos.

El Atlántico negro y Afro-América son una composición de diásporas entrelazadas en la que los afro-latinos han jugado importantes roles.

Afro-latinidad es una categoría étnico-racial que se refiere a las historias, memorias, lugares sociales, culturas expresivas, movimientos, organización política y experiencias vividas por las personas de origen africano en Latino-América, en contraste con los discursos sobre identidad basados en nociones hegemónicas de nacionalidad y raza única en Latino-América.

No es difícil explicarse el por qué las afro-latinidades tienden a ser marginadas (e incluso borradas) de la mayoría de los mapeos de la diáspora africana. Para eso, en Cuba existe Santiago de Cuba, para “mostrarla” al Caribe.

Por eso lo cubano dentro de lo latinoamericano, si bien posee una continuidad histórica, no siempre se ha identificado de igual manera, no siempre respondió al problema de la diversidad aunque ha sido un ente histórico-cultural sometido a diversificación-unificación, puesto que ha enfrentado un proceso de “historización” definido como una constante incorporación al “proceso civilizatorio” europeo, desde el cual se ha entendido la europeidad y que por tanto implica una variación en la interpretación de la unidad nacional y de América Latina.

La herencia cultural mono-hispana, nuestra “cultura espiritual” euro-céntrica, resulta las raíces nutricias a las que ha de concedérseles un peso axiológico tal que no podemos menos que apoyarnos en ella. El afro-cubano, fundamental constructor de la nación y del Estado, de su cultura y su vida social, no es quien establece los cánones del discurso nacional. De este modo, el “legado” de Occidente y anti-africano se transforma en una suerte de imperativo cultural insoslayable e indiscutible.

La ‘negritud’, un tema olvidado (II)

La deshistorización de nuestro homo afro-descendiente y de su cultura “folclorizada”, al transitar por un estado de alienación, lo lleva a establecer entonces el rechazo total de la llamada “cultura burguesa”, la cual descalificará irracionalmente en bloque, sin adoptar una valoración de su papel en el desarrollo del proceso civilizatorio.

La dicotomía de lo blanco y lo negro permite que algunos de nuestros intelectuales abanderen la refinación de la cultura clásica a lo Lezama (lo blanco) como el camino más viable para definirnos dentro de la civilización, aunque otros viesen en la mulatez la vía para crear lo más parecido al concepto de nación al que se hacía alusión en la ilustración.

El mestizaje ha sido un fenómeno de endogenación generalizado en toda América. Esta idea romántica de la América mestiza en José Martí, Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz, Pablo Neruda en su Canto General, en los muralistas Pedro Nel Ospina, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera. La mulatez y o el mestizaje no es un fenómeno exclusivamente racial sino un hecho cultural; es la pérdida de lo “castizo”.

Pero la mulatez supuestamente no llega a superar las limitaciones de lo negro y, mucho más que el mestizo de blanco e indio, se le presenta como el “monstruo apocalíptico” que amenaza a las “sociedades modernas” de América, centradas principalmente en las ciudades.

Por eso, la promoción de la mulatez se desvanece ante las oleadas migratorias ibéricas del siglo XX, conllevando una nueva cconciencia histórica que lleva a revalorar el pasado cubano e hispánico con el llamado “idealismo del 900”, que habrá de generar un nuevo americanismo visceralmente violento.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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1 comentario

  1. maria-i. faguaga-i.
    maria-i. faguaga-i. enero 07, 22:59

    magnífico ensayo este del historiador Juan F. Benemelis. Polémico y polemista, tal cual nos tiene acostumbrados. Me inspira a escribir otro, en el que nuevamente dialoguemos. Sus ideas sobre lo americano, lo afroamericano, lo afrolatino, lo iberoamericano, el mestizaje y la mulatez, entre tanto más, son verdaderas incitaciones.
    algo nos queda claro, ya, de cuanto expone. Es que en esta parte del mundo, como “pueblos nuevos” y naciones aún en formación, seguimos con nuestros procesos de pensarnos y repensarnos. Y por ahí pasa el reto de situarnos y de también pensar nuestros roles a la amplia y variada población afrodescendiente dentro de ese Atlántico Negro que, por fuerza colonialista, nos impusieran. Como nos queda la urgente tarea y responsabilidad de dar continuidad a nuestros frustrados procesos de liberación, a nuestra real participación política más allá de lo pintoresco.

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