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La negritud, un tema olvidado (IV)

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La negritud, un tema olvidado (IV)

La negritud, un tema olvidado (IV)
enero 10
12:51 2016

 

El español fue la mejor arma cultural para cercenar al afro-diaspórico de su continente matriz. Esta clase elitista, constituida por políticos, intelectuales y miembros del ejército, perpetuó efectivamente la dominación ideológica, política, religiosa, económica, lingüística y cultural.

Debido a que la educación colonial privilegió la cultura y la lengua castellana, el afro-cubano no se enfrentó a las ambigüedades lingüísticas del africano o de las comunidades afro-descendientes en ciertas partes del continente americano, que llegaron a “creolizar” la lengua del colonizador.

No por ello ha estado en una mejor situación para ser “aceptado”, pues la cultura única a la que se ha visto obligado contiene toda la carga de la ideología colonial y el complejo de superioridad por el color de la piel.

Su “voz” daría nacimiento a una historiografía que sólo tiene sentido para una minoría, dentro de una realidad escindida en dos porciones, una con el derecho de la palabra y otra silenciosa. De ahí, el caudillo “populista”, representante acabado de un grupo social americano que se considera elegido para derivar el progreso y la civilización, la del blanco “homo socio-histórico” hacedor de la historia cubana, y la del afro-descendiente condenado a ser “homo etno-antropológico”, excluido de tal historia.

La negritud, un tema olvidado (III)

Lo importante es quién monopoliza los discursos, el lenguaje y el juego de la auto-descripción. Las élites intelectuales, defensoras de un injusto proyecto nacional que siempre exige un ciego acatamiento a la política de turno, reproducen ¿inconscientemente? la lógica de la dominación estructural: yo, el sujeto (blanco), y los demás el objeto (negros y mulatos).

El mismo discurso identitario ha sido adaptado a distintas tramas de intereses; ha tenido una envoltura de carácter liberal, conservador, anarquista, marxista, social-cristiano, dictatorial o revolucionario, etcétera, acorde con la época y con las coyunturas históricas, pero tales enunciados no le definen al negro una opción diferente, pues lo que han dado en llamar “ideología” no son más que “programas políticos”: su verdadera ideología resulta la supremacía blanca, y por eso a fin de cuentas no traicionan su raíz histórica.

Es lo que José Vasconcelos califica de “timidez y mimetismo de especie inferior” que lleva a nuestros europeizantes y sajonizantes a concebirse bovarísticamente distintos de lo que son.

Será la constante del humanismo hispanoamericano, instado por los teóricos españoles, con la inserción del derecho de gentes dentro del natural, pero sin diluirlo en un horizonte de universalidad. Pero este “derecho patrio” no reivindica al afro-descendiente y al ameríndio, sino que justifica las revoluciones, el uso de la violencia para propiciar el avance de la civilización sobre la barbarie del salvaje y anti-civilizado, el cual debe desaparecer.

La literatura es una respuesta a las preguntas sobre sí misma que se hace la sociedad, por eso Cuba, una sociedad que nunca se interroga su paradigma racial, vive con una luz prestada de Europa.

Una intelectualidad atrapada en el euro-centrismo, eco fiel de la sabiduría del dominador, incapaz de producir conocimiento propio, que se niega a sí misma como sujeto y se asume sólo como objeto, sin evaluar lo injusto de su “modelo ideal”.

El caso es que las nuevas formas de representación, la producción de la identidad nueva, requieren desenterrar lo que la experiencia colonial enterró y la república y la revolución soslayaron, para traer a la luz las continuidades ocultas del oprimido.

Las imágenes de los productos culturales afrocubanos se clasificarían de subalternas, de asimetrías de los espacios e identidades perdidos. Quien se adentrase en sus vericuetos sólo hallaría una idea fuertemente simplificada y gestada en un contexto colonialista-paternalista de dominación, en el que no interesaba reconocer en los negros demasiados méritos culturales.

El escritor y lingüista martiniqués Jean Bernabé, en su Éloge de la Créolité, describe este “bovarismo colectivo” de adquisiciones de identidades ajenas: “Nuestros poetas se enajenaron en una deriva bucólica, encantados con musas griegas, afinando las lágrimas de tinta de un amor no correspondido por Venus olímpicas”.

Aún el afrocubano no conoce todo el trauma que sobre su auto-ser implicó la experiencia colonial, puesto que la posición que ha ocupado como sujeto luego del cese de la esclavitud no le ha permitido ejercer una crítica al poder cultural, a las categorías que del conocimiento le ha proveído Occidente, que ha tenido el poder de hacerlos y experimentarlos como los “otros”.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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