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La negritud, un tema olvidado (V y final)

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La negritud, un tema olvidado (V y final)

La negritud, un tema olvidado (V y final)
febrero 01
10:06 2016

 

La expropiación de la identidad cultural, al totalizarla en la “refinación euro-ibérica”, la imposición del silencio cultural sobre el origen geográfico y la imposibilidad de variar los efectos matriales y simbólicos del discurso histórico, inclinado al lado euro-blanco, producen individuos sin anclas, horizontes, raíces.

El realismo mágico en el novelista euro-cubano Alejo Carpentier, la poesía de Fernández Retamar y Cintio Vitier, revelan una lógica colonizada, la pretensión de convertir la literatura en el texto de la historia. Cabe mencionar la novela de Manuel Granados, Adire y el tiempo roto como una obra que sustituye el aspecto religioso por lo mítico y lo sincrético, y desde un espacio marginal asume una posición de enfrentamiento a una cultura hegemónica, que se identifica con las instancias de poder.

El realismo mágico de Carpentier, al igual que el de Gabriel García Márquez, revela una lógica colonizada que ve todo resultado cultural del “no sujeto” como alegóricos que categorizan a la complejidad que se ha dado en llamar “Hispanoamérica”, “Tercer Mundo”, etcétera; como un solo ángulo homogéneo sin considerar que todo ese producto cultural de mundo no euroamericano, otrora marginado, responde a una cultura poscolonial que cuestiona las tradicionales definiciones y construcciones geo-históricas del “otro supremo”.

En el caso de Carpentier, su obra coincide cuando se consolida en Cuba el proyecto hegemónico blanco-criollo de construcción de la nación, de las fundaciones elaboradas desde posiciones centrales del conocimiento, de la conciencia eurocentrista.

En Cuba, la pauta cultural blanco-europea bloqueaba la búsqueda o el desafío de una especificidad negra, por eso el movimiento de la negritud se formuló a través de la “mulatez”. En Guillén no existe toda la originalidad de la negritud, sus símbolos e iconografías tienen valores y connotaciones occidentales, como la culebra maligna de Sensemayá, que no es africana sino que él la construye a partir de la descripción euro-bíblica.

En Guillén se palpa la interiorización de la cultura ibero-criolla y su pugna inconsciente con la herencia africana. Los ritmos y símbolos de la negritud suenan como artificios literarios. No así en el poemario Eshú, de Rogelio Martínez Furé, acaso el volumen poético más descollante que se ha escrito en nuestra Isla desde Julián del Casal.

La presencia y el impacto de los africanos en las subsecuentes generaciones de afro-descendientes se hicieron evidentes en la producción literaria a partir del siglo XVII, desde Sor Juana Inés de la Cruz, Silvestre de Balboa, en los cuentos cortos de Lydia Cabrera y el Zab de la Avellaneda, en la Cecilia Valdés de Villaverde, en la Sofía de Morúa Delgado, en el Ecué Yamba O de Carpentier, en los ensayos de Fernando Ortiz y de Martínez Furé.

La negritud, un tema olvidado (IV)

La recepción acrítica de la cultura europea y de las ideologías europeístas no sólo ejercen una función de encubrimiento de nuestra cultura nacional, que al suceder y extenderse en su etapa colonial republicana y revolucionaria provocó y provoca un oscurecimiento de los colonizados afro-descendientes en cuanto sujetos históricos, como de las formas autóctonas ajenas a la supuesta “cultura espiritual” de los colonizadores, con sus controles territoriales, comerciales y culturales; y en ello se inscribe el hispanismo para Cuba, con su revaloración de la lengua castellana, utilizada por nuestros intelectuales de manera tal que la cultura “cubana” ha sido tratada de manera implícita, como “una provincia de la cultura española”.

Los políticos republicanos, por su parte, nunca entendieron que su Cuba excluía a los negros y mulatos; y nuestros historiadores narrarían una lucha independentista fragmentaria. Asimismo, Fidel Castro y su corte ibero-cubana han querido construir un destino utópico eurasiático en un país multirracial caribeño.

África es la matriz de todas las diferentes civilizaciones afro-descendientes en la diáspora; y en el caso nuestro es el nombre de un término que falta al lado de España, y necesita ubicarse en el epicentro de la identidad cultural, pues posee también la capacidad para una imaginaria reunificación, para una coherencia de las dispersas experiencias y fragmentaciones que la historia impuso a las diásporas.

No podemos conceptualizar una experiencia y una identidad sin reconocer las rupturas y las discontinuidades tanto con España como con África, que formalizan la esencia particular caribeña y nuestra cubana puesto que las identidades culturales tienen historia y sufren transformaciones. Pero esta identidad, de todo lo que ha implicado ser descendientes de esclavos, este profundo descubrimiento cultural, aún no ha sucedido en Cuba. Este viaje espiritual, que ha sido diferido por todo un siglo, sólo es posible en un proceso de descolonización, de una nueva concepción de identidad nacional.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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