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La noche tiene testigos, una poesía más simple

La noche tiene testigos, una poesía más simple

La noche tiene testigos, una poesía más simple
junio 06
12:44 2014

Cada vez los libros de poesía me traen nuevas esperanzas. Luego de un tiempo de leer una poesía que me sabe a poco, hay poetas que se aparecen con aires para soplar sobre el ángel del pensamiento y los trillos para conocer los misterios de la poética universal.

Janisset Rivero ha escrito un libro sobre la delgada línea del verso castellano, ese que han intentado borrar a fuerza de experimentaciones malsanas y atropellos de la lengua española. La versificación sencilla, sin alardes ni artificios literarios innecesarios, es quizás la mejor decisión, la expresión de talento y la fuerza de una poesía macerada con ojos que ven por encima de la realidad más cruda.

“Las sombras se elevan/ desde el mismo camino/ donde una vez nació/ aquella flor insólita; / y el viento rompe cortante/ la voz de alguna historia”.

Hay un sabor a Machado, un hilo conductor que nos lleva a Paul Eluard, pero La Avellaneda y Gabriela Mistral sazonan el envoltorio de palabras con que Testigos de la noche presenta a Janisset (JR), a la vez que la editorial Ultramar da un paso de madurez en su camino de promoción literaria. Estamos ante un libro que resalta por la humildad y la economía de recursos; ambos logros son una buena noticia para el gremio poético, y otra pléyade en extinción: la de los lectores de poesía, esos que entrado el siglo XXI somos tomados por ‘bichos raros’.

Un poema viejo es un poema nuevo

Que nada humano nos fuera ajeno. Parece un canto, una voz salida de las cavilaciones de alguien que se nos adelantó con su sabiduría. Nada humano me es ajeno, parece responder ese sujeto poético que JR utiliza para atravesar este prado extenso que es Testigos…

La expresión del amor, la desesperanza y el temor a la muerte nos circundan desde que somos mundo. Retomados por el impulso que JR le da a sus versos, el logro de estos temas parece revivido: “El grito de la noche/ embiste la palabra/ y luego calla…”, dice una de sus composiciones acaso más acabadas. Pero, ¿es la muerte? ¿Es la vida? ¿Es el florecimiento de los miedos de todos los tiempos? No lo sabemos. JR no deja nada por sentado, y estamos ante otro ejemplo de que la insinuación es tal vez el disparo más certero.

Palabras durante el lanzamiento del libro “Testigos de la noche”, de Janisset Rivero (Ediciones Ultramar), en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami (jueves, 5 de junio de 2014).

Contemporáneos como somos, estamos ya ante el dilema de que todo lo que toquemos los poetas ha sido tocado por otros, pero el intimismo que se retoma aquí se hace vicio, para hacerse placer. Volver a leer poemas de amor, tocantes al odio, al miedo de todos los hombres, que por serlo han tenido miedo, es un recurso de los más logrados.

Nadie se cansa de leer cartas, mensajes, gritos. Nadie –humano que sea– pasa de largo ante el llanto o la risa-lluvia de una mujer. Y henos aquí, lectores-oyentes, atentos a esa voz que ha salido de JR para insertarse como si de toda la vida fuera en la piel del sujeto poético que ella ha utilizado para narrar el viejo canto de su libro.

Este, ¿es un libro nuevo o viejo? Nosotros, ¿somos nuevos o viejos lectores de poesía? Creo que dos palabras, dos conceptos nos han convocado aquí esta noche de fiesta: la amistad y el amor. De ambas, JR tira con la misma fuerza, Testigos… así lo demuestra.

Poesía sin compromiso

No creo en los compromisos literarios, alguien decía que los escritores somos sepultureros por nacimiento. Matamos a un escritor para encaramarnos en su gloria,  enterramos a un autor porque queremos deshacernos de su poderosa influencia. Por ello, las menciones que JR hace aquí de sus compatriotas, de sus hermanos adelantados a la muerte y a la gloria de sus heroísmos son un agradecimiento natural y no el arquetípico “compromiso”. Por lo menos así lo he leído, la he leído a ella, y eso me convence más que cualquier consigna o cualificación epidérmica… o apresurada.

¿Por qué no iban a aparecerse por aquí, las sombras o las luces de P.L. Boitel u OZT? “Redimido, al final, / en la batalla. / Ellos temen todavía… / y tú brillas Pedro”. Y yo agregaría a OZT, Antonio Maceo, Virgilio Campanería, Martí, Eusebio Peñalver, Zoila Aguila (La niña –linda, diría yo–) de Placetas. Los versos en Testigos… no son denuncia, son campanazos para recordar, antídotos de la apatía y salutaciones de un tiempo nuevo que es hoy y no es mañana. Esta manera de pasar saludando sin llorar, de recordar sin el aplauso frígido u obligatorio, renuevan una poesía que niega las elegías. Los versos de JR son una flor-palabra-viento, un anuncio y eso la poesía siempre lo agradece.

JR escogió el difícil camino de tocar a sus muertos sin poner una pancarta en la puerta de la casa. Eso la salva, porque la hace íntima y plural; nos hace partícipes de todo lo que va tocando, de todo a lo que nos invita, en esta noche y mañana.

Sobre el autor

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas (San Germán, 1971). Escritor, periodista y realizador audiovisual. Gestor de contenidos multimedia y fotógrafo free lancer. Edita el blog Cruzar las Alambradas desde el año 2009. Ha publicado los poemarios “Secretos del monje Louis” (2001), “Cantos del malvivir” (2004), “Anverso de la bestia amada” (2005) y, con Neo Club Ediciones, “Para dar de comer al perro de pelea” (2013). Actualmente reside en Miami.

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