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La oscuridad y la embriaguez

La oscuridad y la embriaguez

julio 24
22:34 2011

1-guaracheroLa noche del Gran Godo resulta un relato magistral porque resume diáfanamente, aunque de modo simbólico, la desesperación y la falta de sentido que experimenta –o está abocado a experimentar– todo espectador y testigo frente al sentimiento de orfandad y desamparo que le asiste por naturaleza en cualquier sociedad sin apertura democrática. En el caso del Gran Godo, lo que se experimenta tras sentirse reducido, apabullado  y desposeído por arte de magia de las prebendas  que pretende dilucidar y recobrar en sólo una noche.

Una larga espera la del Gran Godo, espera que cobra sentido si puede aguantarse mediante una tremenda  embriaguez psicológica. O al menos si en una noche de ronda, de tragos, de bares, al trascender el bullicio de la ciudad –del régimen– se tenga la capacidad de comprender lo que Marja pudo intuir durante la edad de su inocencia: el sentido de la corrupción, la doble moral, lo que hay de cierto entre lo aparente y lo real, entre lo que pretende ser austero y la complacencia capitalista de los dirigentes del Estado en Cuba.

La embriaguez mental  –la forma de salirse de la euforia socialista– que sufre por una noche de ronda el Gran Godo, ha resultado útil al espectador ante el absurdo de la epifanía socialista, habida cuenta, visualiza un poeta – no puede ser mejor que  a través de una borrachera–, que nunca llegará. No sé hasta qué punto pudiera tener relación el Gran Godo con el Godot que Samuel Beckett ilustró para dejar constancia del absurdo en que vive la humanidad. El Gran Godo es un vagabundo inusual; se presenta también en diálogo con el “guarachero”, cuya función de desahuciado pretende arrojar luz subrepticiamente, en el sentido de que nada bueno cabe esperar del totalitarismo.

Si en Esperando a Godot no tiene sentido la espera, la espera del Gran Godo tampoco la tiene. Y este es el mensaje del relato: pese a que nuestros instintos estén condicionados por el pasado –en el Gran Godo por las prebendas que disfrutó del régimen totalitario, como clase dirigente–, no tiene sentido volver atrás.  ¡No tiene sentido encontrar el bastón! Y nunca el Gran Godo lo encontró. ¡Genial! Es preferible tantear a ciegas en la oscuridad que seguir encarrilado, mediante la luz de la falta de libertad, a los mismos arreglos de chantaje y extorsión.   

Con este libro, Manuel Gayol Mecías ha hecho una enorme contribución literaria para que todos nosotros fijemos, en una buena noche de copas, el punto de trascendencia en que la embriaguez se convierte definitivamente en lo que Kundera llama “la noche divina del maravilloso embriagador”.

La noche del Gran Godo será presentado el próximo viernes 29 de julio a las 7:30 p.m., en La Otra Esquina de las Palabras (300 Alhambra Circle, Coral Gables). El libro también puede ser adquirido en la Librería Universal, en Miami.

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