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La otra certeza: Elogio de la Escuela Cubana de Boxeo

La otra certeza: Elogio de la Escuela Cubana de Boxeo

La otra certeza: Elogio de la Escuela Cubana de Boxeo
diciembre 29
21:48 2013

De siempre fueron los puños, las manos, nuestras mejores herramientas orgánicas para defendernos, y para atacar cuando fuera necesario. Así la historia del boxeo se ramifica a través de los tiempos y desde menciones en la Iliada hasta nuestros días, siempre fue el arte de dar y no recibir. Aunque si mal no comprendí, a los griegos no les molaba mucho aquello de caerse a leña delante de los demás. En cualquier caso hay boxeos para escoger, y del que trato, ya sea amateurs o rentado, tiene más parentesco con las tabernas y pub irlandeses, aunque no vamos a entrar en la historia de esta lucha, que es casi, como la del tabaco de extensa y bien documentada. Nuestro propósito es otro. Más discreto.

Para todos los boxeadores cubanos que emigran. Especialmente para los campeones Yuriorquis Gamboa, Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara.

No es cualquier deporte de lucha el boxeo, eso sí. Tiene solera, grandes referencias, ya sean ficcionadas o tan ciertas como la rosa misma. Quizá por sus escasos recursos para practicarlo, ha servido, sirve, como tabla de salvación o puerta de escape para muchos. Siempre recuerdo, lo hago como un reflejo, de manera instintiva, al gallego Lino Novás Calvo, tan cubano sin embargo a veces, tan discreto siempre. Se sabe no se le agotaron sus ganas de seguir buscando el filete en La Habana, hasta que le regalaron un ko que lo dejó redondo en el suelo. Más o menos como aquél otro, ya mayor y con menos fortuna todavía, Tom King, a quien Jack London dejó para siempre como una fiel leyenda de un tiempo no muy lejano, y gloria de este deporte.  Y para que muchos otros crearan míticos campeones con los que hemos podido compartir sus trayectorias, grandes logros y dramáticos fracasos. Cuentan que cuando Robert de Niro terminó Toro Salvaje, basada en la vida de Jack la Motta, estaba preparado para pelear, listo para subir al ring. O la primera parte de Rocky, donde Stallone nos encandiló con su personaje, que ya sabemos luego la vida que ha llevado, pero que fue sin duda una película estremecedora, bien lograda.

A nuestro país no se sabe exactamente cómo ni con quién llegó. Se asume que, como en el beisbol, el flujo y roce con los Estados Unidos, la cercanía, propició su arribo. Hay referencias de un emigrante chileno que funda una academia en los primeros años del siglo pasado.  Y ya desde la primera mitad del propio siglo XX se realizan y coordinan encuentros, peleas de boxeo profesional. Y lo que es más importante, se crean clubes y escuelas en provincias. Además de La Habana, siempre el plato fuerte, lugares como Matanzas, Sagua la Grande, Caibarién o Remedios tienen boxeadores de calidad. En el oriente del país es Palma Soriano y Santiago de Cuba las mejores plazas por estos años.

Únicamente interrumpido brevemente, prohibido, por un alcalde habanero en el 1918, luego de la muerte de un practicante, ningún otro deporte le ha dado tantas alegrías, medallas y campeones a Cuba.

Pero voy a reducir el ring, centrarme más en lo vivido, y en la memoria que comparto, buscando saber más siempre sobre este asunto, que reconozco me apasiona. Sí, pues hay una motivación, una fuerte corriente interior que me convoca a tratar de entender los últimos comentarios de algunas supuestas lumbreras sobre este deporte, y en especial, sobre determinados deportistas cubanos.

Kid Chocolate portada revistaNuestra más grande referencia del boxeo profesional siempre ha sido, Kid Chocolate. Y si alguien presumió además de elegancia, de llevar al extremo, sacarle el jugo a la máxima de dar y que no te den, fue él. Hay, por suerte, testimonios que podemos compartir sobre este extraordinario peleador cubano. Todos los elogios se emparientan luego con el estilo, la manera de hacer el boxeo en Cuba.

Triunfada la Revolución en 1959, ya para el temprano 1961, el último Campeón Mundial hasta aquél momento profesional, el matancero Ultiminio Ramos, que de ultiminio tenía nada más que el nombre, todo sea dicho, se había escapado para México y en la isla de Cuba se creaba, La Escuela Cubana de Boxeo, como una pertenencia, y coordinada por el nuevo INDER. Esto era buena analogía de lo que iba a seguir sucediendo durante todos estos años hasta ahora.

El boxeo pasó de ser una vía para buscarse la vida, a un deporte de Equipo Nacional Olímpico. En las escuelas se podía optar por el boxeo para librar la asignatura obligatoria de Educación Física. Puntuaba igual.

La propia idea de masificar los estudios y utilizar el deporte como una herramienta, punta de lanza para la confrontación ideológica, además de la creación de centros de preparación para atletas con actitudes, capacidades especiales, puso de manifiesto un tonelaje, don natural del cubano para el deporte, y para el boxeo particularmente.

Laboratorio de experiencias disímiles, ahí estaban los consejos inapreciables de los peleadores del boxeo rentado y los estudios para la preparación física de técnicos del este europeo. Todo ello batido por un tiempo y manera de hacer muy característico, peculiar. Sí, los cubanos desarrollaron una manera de hacer boxeo cubano. Un estilo que lleva el tempo, la elegancia y la contundencia de los clásicos. El boxeo cubano guarda sus propias fintas que tienen mucha relación con nuestras músicas, nuestras danzas. Tiene  movimientos de caderas y aguaje propio. Tiene elegante caballerosidad, contundencia y técnica, pues no hay boxeador cubano que sea limitado en la ejecución de sus ejercicios, se les critica lo contrario.

Los resultados saltan a la vista. Si antes la participación de la mayor de las Antillas en las olimpiadas se limitaba a las medallas del esgrimista Ramón Fonts en el 1900 y 1904, otra de Manuel Díaz en florete en el 1904 y una de vela, 1948. A partir del 1968 los púgiles criollos devinieron la gran amenaza, o por lo menos una de ellas.

Tengamos presente que en la siguiente cita olímpica la isla subió a 5 boxeadores al podio, y en las sucesivas llegaron a por medallas hasta 10 fajadores.

Todos logros obtenidos siempre con la misma manera de enseñar, practicar el boxeo. La evidencia se halla en que los campeones olímpicos que luego escaparon, o han llegado al boxeo rentado, triunfaron igualmente, salvo Solís que se lesionó, y que siempre faltó verlo de verdad frente al gigante ruso, Vitaly Klitschko.

Como antes Rolando Garvey y Joel Casamayor, los actuales campeones, Erislandy Lara, Yuriorquis Gamboa, Guillermo Rigondeux, o Pablo Hernández,han tenido, tienen en común además de la nacionalidad, el hecho de ser cubano, una manera propia de entender el arte del boxeo. Esa manera o estilo es tan respetable como cualquier otro, hasta que se demuestre su ineficacia. Los mismos que reniegan de estas virtudes son los que no pueden reconocer la existencia de una Escuela Cubana de Boxeo. Exigen más sangre en nombre de algo tan oblicuo como el PPV: los que pagan.

Es algo así como pedirle al equipo de Brasil que no juegue al tiqui taca.

Los cubanos desarrollaron una manera de hacer boxeo cubano. Un estilo que lleva el tempo, la elegancia y la contundencia de los clásicos. El boxeo cubano guarda sus propias fintas que tienen mucha relación con nuestras músicas, nuestras danzas. Tiene movimientos de caderas y aguaje propio. Tiene elegante caballerosidad, contundencia y técnica, pues no hay boxeador cubano que sea limitado en la ejecución de sus ejercicios.

Se critica a un boxeador porque sale del ring sin que el rival le tocara el rostro, aunque venciera. En vez de solicitar o encontrar mejores contrincantes. Sí, de eso sí que están faltos los gladiadores cubanos, de peleas con grandes bolsas, contrarios que vendan. Pero eso se debe casi seguro más a las manos y los interesados directos, los que manejan y se supone encaminen la carrera de estos atletas.

Vivimos muchos años con las comparaciones imposibles. Con la confrontación mental. Quién no recuerda las muchas batallas que gozamos entre Teofilo Stevenson y Mohamed Alí. Entre Tyson y Savón…

No queda otra que apañar, seguir suponiendo un vencedor. Los habrá además categóricos en sus convicciones. Pero por otra parte los que supimos de Ángel Herrera (57 Kg), Adolfo Horta (57 Kg), Andrés Aldama (67 Kg), Emilio Correa (67 Kg), Armando Martínez (71 Kg), José Gómez (75 Kg), Félix Savón (91 Kg) y Teófilo Stevenson… siempre tendremos la otra mitad de esa suposición. La otra certeza.

Boxeo es boxeo y piñazos son piñazos. Ya se dieran cuando te pagan –mucho mejor– o de manera aficionada. Pienso yo.

Tratar de deslegitimar o ningunear los resultados de los púgiles cubanos que han pasado al profesionalismo, sin otra razón que la del reclamo de la audiencia es pobre como argumento, aunque colabora con la idea ridícula de que el boxeo es lo mismo que una batalla sangrienta.

Los amateurs cubanos han vencido en ocasiones a más de uno que luego llegó al boxeo rentado y fue campeón. De hecho, se da el caso de boxeadores que no han dominado totalmente su peso en Cuba y luego se ha impuesto campeón en los Estados Unidos.

Sucede que ahora esos mismos ex-amateurs, algunos de ellos, manifiestan su superioridad, saltan el charco y triunfan. Tienen una técnica siempre mejorable, pero una manera propia de comprender el arte de boxear. Es el sello de La Finca, Centro Nacional de Entrenamiento y referencia mundial de este deporte.

Esto es para muchos frontalmente contrapuesto a la idea de que todo lo que se ha hecho en Cuba es peor. Es, como quien dice, asumir y contrastar un hecho del que no se ha manifestado toda la verdad. Resultado de la otra manipulación: la de afuera con lo de adentro. Prueba además de lo mucho que falta para derribar totalmente imposiciones que tienen que ver más con las libertades individuales, y borrar falsos relatos construidos bajo el desconocimiento.

Es una pena que Cuba demorara tanto, esté todavía con tibieza en relación al boxeo pagado. Es doblemente triste que estos mismos atletas luego de emigrar no sientan el cariño, el roce de los suyos, les eliminen de la prensa y todos los medios nacionales sus logros, intenten sustituirlos por otros como si ya no existieran, cuando sabemos que los cubanos (en Cuba y fuera de Cuba) se siguen buscando la vida para tener noticias de ellos, ver sus peleas, seguir sus trayectorias.

Como antes en el amateurs los boxeadores cubanos tienen mucho que decir. No basta para desacreditarlos una llamada histérica a la sangre. No se cambia lo que da resultados. Se mejora, eso sí: pero siempre de manera que no se perjudique la esencia, el corazón.

Sobre el autor

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L Santiago Méndez Alpízar (Las Villas, 1970) es escritor y editor cubano. Ha publicado los poemarios “Plaza de Armas” (Letras Cubanas), “Rockason con Virgilio Piñera” (Editorial Betania), “Bagazo (poemas íberos)” (Efory Atocha Ediciones) y “¿Entonces, qué?”, antología de tres libros escritos entre 1994 y 2006 (Editorial Verbum). Reside en Madrid desde 1996, ciudad donde dirige Efory Atocha Ediciones y edita el sitio homónimo (http://www.eforyatocha.com/).

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3 comentarios

  1. chorizo
    chorizo marzo 27, 21:13

    señor no existe una escuela cubana de boxeo, las escuelas son temporales, lo demás son estilos.

  2. chorizo
    chorizo marzo 27, 21:14

    entiendo que lo hayan engañado, pero debe corregir ciertos aspectos y recuperar la historia

  3. chorizo
    chorizo marzo 27, 21:17

    no sé si estás en cuba ni sé si eres castrista, pero, por favor, no escribas más estas basuras, dedicate a otra cosa, pero no toques el deporte y menos el boxeo.

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