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La Parca merodea

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La Parca merodea

La Parca merodea
septiembre 16
20:48 2016

 

A la abuela se le ha hecho costumbre mantener la vigilia en las madrugadas. Espera impaciente en la oscuridad porque de todas maneras quedó ciega por la diabetes, y desde entonces aprendió a guiarse por los sonidos. Últimamente se sienta en el sillón de la sala a esperar la llegada de su nieto. Por lo general, ya cumple un mes de regresar pasado de copas, y eso es lo que más le preocupa, pues podría caerse y recibir un golpe que lo deje inconsciente o lo asalten; y se ha puesto así de alcohólico a partir que le avisaran del Comité Militar que como reservista ha sido seleccionado para irse a la guerra en África.

A la abuela, que conoce sus pisadas lentas e inseguras una vez que hace entrada al solar, se le acelera el corazón y comienza su agradecimiento a su amada Virgen del Cobre que jamás abandona sus ruegos ni a los suyos.

Aniceto abre la puerta y se le acerca para besarla, por lo que le deja ese aliento etílico que le recuerda a su difunto esposo, “el mulato Labastida”, según lo conocían en el barrio, y se persigna. La anciana aguarda a que llegue al cuarto, se quite los zapatos y los deje caer, por lo que golpean con fuerza el piso y le provocan vergüenza por la molestia a los vecinos. A esa hora retumban igual que martillazos contra la losa; pero sería inútil regañarlo, solo quiere que todo pase rápido y se duerma. La abuela agazapada en el sillón espera que se acomode, concilie el sueño y se le empareje la respiración. Entonces ya queda más tranquila y se dispone a dormir también.

De improviso varios pares de botas entran al solar. Reconoce las pisadas con prisa y firmes. Un susto le crece en el pecho. Por el sonido logra identificar que van en dirección a su casa. Hasta que tocan a la puerta. Y como un bólido se levanta y va hacia la entrada.

–¿Quién llama? –indaga la anciana casi en un susurro.

–¿Aniceto Labastida Fumero vive aquí? –dice enérgico.

Y vuelve el silencio.

–¿Y quién lo busca? –se decide la abuela.

–¡La Patria!, señora.

–Pues dígale a Patria que estas no son horas para que una mujer decente busque a un hombre –dice resuelta–. No moleste y vuelva con la luz del día.

Y pasa por la cama del nieto y, después de besarlo en la frente, lo cubre con la sábana para que no se le resfríe.

Del libro El regreso de Mambrú, ganador del concurso de narrativa ‘Reinaldo Arenas’ (2016), del proyecto Vista-Puente de Letras

Sobre el autor

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban (La Habana, 1966), escritor y bloguero, es autor de “Dichosos los que lloran”, “Los hijos que nadie quiso” y "El regreso de Mambrú" (Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas'), entre otros libros. Su obra ha sido acreedora de galardones como el Casa de las Américas y el Premio Nacional de Literatura Independiente 'Gastón Baquero' (2016), entre otros. Su novela “El verano en que Dios dormía” obtuvo el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta en 2013.

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